Los electores mexicanos, ejercieron su derecho al voto, otra vez de manera ejemplar. Las voces que presagiaban tensión, disputas y hasta violencia fueron calladas por la participación ciudadana ordenada, cívica y pacífica.

La sociedad expresó su inconformidad, rechazo y estado emotivo. Se pronunció por un cambio radical, por la claridad y convicción de un hasta aquí, ¡ya basta!

La actual administración fue la clave de una derrota en las urnas donde se expresaron las deudas acumuladas, la imperturbabilidad, soberbia e insensibilidad de un gobierno decadente. En la memoria de los electores se quedaron impresas la Casa Blanca, los socavones, los gasolinazos, complicidades, escándalos, estafas maestras y la corrupción imperante.

El Ejecutivo se convirtió en una suerte de Dorian Gray electoral, contempló la realidad que se negó a reconocer y enfrentó las consecuencias de una percepción negativa, la incompetencia y la falta de oficio político. Arrastró a un candidato que tampoco tenía ningún capital electoral y se llevó de paso a todo su partido y cualquier cosa que tuviera el sello oficialista.

Como en el relato de terror, el protagonista de esta novela dejó atrás el retrato que pintaron las revistas del corazón, esa banalidad exhibida y quebrada de la que se ufanaron, ¿Dónde están ahora las portadas, el salvador de México y el personaje que reinstaló al priismo en la silla presidencial?

La estrategia de comunicación presidencial fue por sí misma un factor de hundimiento; pasó de lo ridículo a la “mala copa”. Los reclamos por qué no le aplauden, el acoso de las redes sociales, el pesimismo y -según el Ejecutivo- el que la gente se niega a ver lo grandioso de su legado; se inscribirán como hito de lo que peor se ha hecho en materia de imagen.

La sociedad cansada y agobiada por la inseguridad, la marginación y sobre todo la corrupción prefirió un vuelco, un giro de timón, ya no había manera de argumentar en favor de la razón cuando la emotividad está a flor de piel.

El proceso es ejemplar en términos de la actuación de los medios de comunicación, de los balances, equidad y pluralidad. El activismo en redes sociales cambia todo el panorama de las formas y medios para hacer campañas. Los electores han dado pasos firmes en favor de una mayor participación, madurez y fiscalización sobre los actores políticos.

En esta ocasión no hubo la tensión de una larga noche, el resultado aplastante, claro no admitió discusión alguna. Aquí si hay que reconocer lo hecho por los candidatos derrotados al admitir su derrota en tiempo y forma, además de desear éxito al nuevo gobierno. Se acabaron los ataques y descalificaciones, es el tiempo ahora de forjar acuerdos, consensos y atender los reclamos sociales para todas las fuerzas políticas hay mucho que hacer.

Un palo de vuelta entera con bases llenas que agrega triunfos locales, en el Congreso y el Senado en favor del presidente electo (todavía no oficial) y que también llama a una profunda reflexión y reestructuración a fondo en los partidos tradicionales.

Desconcierto, enojo, frustración en miles de candidatos, grupos y operadores políticos, todo esto va a mover el mapa electoral y los equilibrios de poder. Es de esperarse también una migración descomunal hacia las filas del nuevo gobierno para buscar acomodo en la sombra y el cobijo de la nómina pública.

El primer mensaje del candidato ganador da certeza y muestra mesura, una convocatoria para una transición, ordenada, pacífica y transparente, lo que es muy positivo. La respuesta internacional también consolida y da mayor margen de maniobra en lo económico y lo político.

Resta a los actores nacionales sumarse al llamado en favor de un México más competitivo y menos corrupto, no hay porque fallarle a la nación especulando, amedrentando con las inversiones ni dando pie a rumores y rompimientos.

Hoy más que nunca, ahora si hay que tomar esa actitud reflexiva a la que llamaron los empresarios, es necesario no tomar decisiones con la víscera, en la democracia el mandato popular es la expresión de la sociedad y lo que haya resultado debe respetarse.

El país sigue, no habrá cambios radicales y la invitación es a sumar, los inversionistas saben que la estabilidad no puede romperse, que hay mucho que seguir construyendo y se necesita el empuje y la determinación de todos para cumplir con las expectativas.

Se pone en la mesa una ambición, ser un buen presidente; no fallarle a la gente. Es la hora de que todos asuman esa idea desde la trinchera que les toca. Al frente están la inseguridad, la equidad, la discriminación, la corrupción, el maltrato y todas las formas de violencia; el problema ecológico, el desarrollo económico y el bienestar social como los grandes retos que hay que vencer en la unidad y con la fuerza emotiva de un viraje, una sinergia positiva en que la no podemos volver a ese pasado vergonzoso.

Una última, que no se vaya nadie sin pagar lo que debe. No es revancha, solo lo que la justicia y la ley exigen.

 

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