Andrés Manuel López Obrador se convirtió en el primer presidente en dos siglos en no contar con la protección del Estado Mayor Presidencial (EMP) y también decidió no viajar en el avión presidencial, eso es un dolor de cabeza para unos y un placer para otros.

“Es horrible que venga en mi vuelo. La gente no hace caso de las indicaciones, se para de sus asientos, incluso en turbulencias, y la prensa no entiende que sus cámaras se pueden convertir en proyectiles en caso de que el avión sufra un imprevisto. Espero que nunca viaje con mi familia”, comentó la azafata Alejandra Martínez.

El presidente de México viaja en clase turista, se fotografía con todo el mundo, deja que lo besen, abracen o lo tomen por la cintura, y sólo cinco personas desarmadas y sus amuletos lo cuidan, según la agencia AFP.

Pero quienes disfrutan de su presencia sienten lo contrario, que la misma gente lo cuida.

“Nunca me lo hubiera esperado. Yo en una ocasión pensé que esto (de viajar en el mismo vuelo) iba a ser inseguro para todos los pasajeros pero (…) al contrario porque vigilan más el vuelo”, comentó Carmen Díaz, un ama de casa de 52 años que viajaba a Sinaloa para una fiesta.

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