El intenso cabildeo en Estados Unidos por parte de empresas de manufactura y de consumo no bastó para que la administración que encabeza Donald Trump cumpliera con sus amenazas de imponer aranceles a la importación de acero y aluminio, incluyendo a la producción de países considerados amigos y socios comerciales de ese país.

Como se sabe, en marzo gobierno de Estados Unidos, anunció una investigación a la Ley de Expansión Comercial de 1962 a fin de determinar si la importación de automóviles y autopartes constituye una amenaza a la “seguridad nacional” de EU como se define en la Sección 232.

En específico, al secretario de Comercio de EU, Wilbur Ross, fundador de IAC Group, un boyante negocio de autopartes con fuerte presencia en México, le preocupa que en las dos últimas décadas la participación de vehículos de pasajeros importados en la venta total en su país haya crecido de 32% a 48%, generando en ese tiempo una caída de 22% de los empleos de estadounidenses en el sector.

Al final, el acero y aluminio que EU importe de Canadá, México y la Unión Europea, recibirán un arancel de 25% y 10%, respectivamente, bajo la Sección 232.

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De poco sirvió entonces el activismo de cabilderos y grupos de presión tanto en México como en Estados Unidos, quienes habían respirado tranquilos cuando en marzo EU había dicho que sus socios en América del Norte quedarían excluidos, temporalmente, de la Sección 232.

En México, la Canacero se precipitó el 9 de marzo, cuando en un comunicado el grupo de interés agradeció al presidente Enrique Peña Nieto y al titular de Economía, Ildefonso Guajardo, su “firme y decidida defensa” de la industria siderúrgica nacional, la cual “derivó en la exclusión de México de la Sección 232”.

Y es que el día previo, en uno de sus múltiples bandazos Trump había anunciado la exclusión de México de dicha sección.­ Sin embargo, ante la postura del gobierno mexicano tras la decisión de EU de incluir a sus socios comerciales en América del Norte en los aranceles bajo la sección 232, el gobierno de Peña le da respuesta a un comunicado previo de la Canacero en el que expresaba “su preocupación” y exigía acciones “recíprocas inmediatas” del gobierno.

En esa oportunidad, la Canacero esperaba que México fuera excluido de la Sección 232 “a fin de evitar una guerra comercial” que afecte las cadenas productivas de ambos países.

 

¿Qué sigue?

Aunque las tarifas se implementarán a partir del primer minuto de junio 1, es decir, este viernes, el Departamento de Comercio de EU tiene abierto un canal para escuchar posturas en torno a la investigación de la Sección 232, el cual caduca el 22 de junio.

La dependencia que encabeza Ross sostendrá una audiencia pública el 22 de julio para informar sus conclusiones en torno su investigación. La tesis que maneja el gobierno de Trump es que “el declive de la producción de vehículos y autopartes en EU amenaza con debilitar la economía interna, además de, potencialmente, reducir la investigación y el desarrollo, así como disminuir empleos para trabajadores especializados”.

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