DW.- “Desde mi ventana veo la segunda vía de circunvalación de Wuhan, uno de los ejes principales del tráfico de la ciudad. Normalmente a esta hora (entrada la tarde) está llena de autos, es como un fluir continuo de luces. Ahora solo pasan un par de vehículos, bastantes más que en los últimos días, pero, en general, está muy vacía. Enfrente están los edificios bellamente iluminados, la vista es bonita, pero, al mismo tiempo, poco auténtica, surrealista”, relata Li Yunzhong, que regenta una agencia artística y desde hace días está encerrado en su vivienda junto con su esposa, una cantante de ópera.

Tras varios días sombríos, el tiempo ha mejorado. “Por eso la gente vuelve a salir de casa, sencillamente para tomar algo de aire, hacer compras o sentir los rayos de sol”. Pero, de momento, no se celebran eventos culturales.

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La vida pública y cultural está prácticamente muerta. Los eventos de masas están prohibidos y las instituciones culturales cerradas. Desde el pasado 22 de enero, la ciudad de Wuhan, situada en el centro de China, se encuentra aislada del resto del mundo. El comunicado oficial llegó hacia las 2 de la madrugada: la gente podría abandonar la ciudad hasta las 10 de la mañana. A partir de ese momento, Wuhan quedaba en cuarentena.

Muchas personas que alcanzaron a ver el comunicado de noche lograron abandonar el lugar en ocho horas. Li Yunzhong decidió quedarse: “Como vivo directamente junto a la segunda circunvalación, hubiera necesitado solo 30 minutos para salir a la autovía, pero decidí quedarme. Mis hermanas están aquí en Wuhan y queríamos estar junto a la familia durante el Año Nuevo chino, con mis padres y con mis suegros. Ese es el sentido de esas fiestas, así que no me planteé marcharme”, dice.

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Aparte de eso hay que tener en cuenta el aspecto financiero: los precios de los hoteles son mucho más elevados durante la celebración del Año Nuevo chino. Solo unas pocas personas pueden costearlos y la mayoría se vio obligada a permanecer en la ciudad en cuarentena.

El aburrimiento hace acto de presencia

Las bulliciosas calles de Wuhan están ahora como muertas. Además del miedo a contraer el virus, el aburrimiento se apodera de muchos ciudadanos, tal y como describen los usuarios en las redes sociales. Por otro lado, todos tratan de darse ánimos mutuamente, se juran unidad y cuelgan en Twitter videos donde cantan himnos chinos.

“El hombre es un animal social. Alguien que vive en una gran ciudad como Wuhan y está acostumbrado a salir a la calle, encontrarse con gente, no se adapta al encierro. Ese es un estado anormal. Automáticamente surge la necesidad de ocuparse con algo. La gente se citó por redes sociales para cantar y muchas personas se sumaron a la convocatoria”, relata Li Yunzhong. Cantar sí, pero desde casa con las ventanas cerradas, dice los expertos, que ya han advertido de una aceleración de los contagios.

Según diversos medios, las cadenas de comida rápida y las cafeterías han cerrado la mayoría de sus locales. Sólo Starbucks ha suspendido el funcionamiento más de 4,300 locales en toda China. Las vacaciones por el Año Nuevo chino se han prolongado de forma oficial hasta el 2 de febrero.

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