Hoy son frecuentes los ejemplos de marcas de lujo en manos de capital chino, indio o árabe. ¿Voltearán pronto a ver a Latinoamérica?

 

 

 

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Shanghai Tang, una de las marcas de Richmont desde 1998, nació en Hong Kong en el año 1994 de la mano de Sir David Tang. El emprendedor chino anticipó que a raíz de la transferencia de la soberanía de Hong Kong de Gran Bretaña a China en 1997, muchos ciudadanos de la ex colonia querrían recrearse en su pasado. Tang se inspiró en la festiva Shanghái años 20 para desarrollar una marca conocida por su colorista tienda en la calle Pedder y las numerosas y atractivas reinterpretaciones del “quipao”, el vestido tradicional chino. Fue la primera marca global de lujo de capital asiático.

Hoy son frecuentes los ejemplos de marcas de lujo en manos de capital chino, indio o árabe. Otra familia de Hong Kong, los Fang, compraron en el año 2000 la centenaria Pringles of Scotland, conocida por su “twinsets” de cashmere y la colección de jerséis de rombos que llevaron con entusiasmo los mejores golfistas británicos en los años 80 y 90.

Unos años después, la inversora taiwanesa Wang Shaw compró la marca parisina casi caída en el olvido Lanvin en el 2001. Una historia de éxito. La combinación de Alber Elbaz y Paul Deneve como Director Creativo y CEO respectivamente, consiguieron despertar esta marca dormida y ponerla en el centro de la atención de medios y clientes, además de hacer despegar ventas y beneficios.

Christina Ong de Singapur adquiría la británica Mulberry en 2003. Esta marca, que pasó a ser la favorita de las “celebrities” en Reino Unido, está ahora reinventando su liderazgo con la ambición de jugar no sólo en primera división, sino también de poder ganar la copa de los líderes internacionales del sector.

De origen indio, la familia Mittal, con una fortuna hecha en la industria siderúrgica, adquirió Escada en 2009, después de que la compañía alemana de PAP se declarara en quiebra en el 2008.

No sólo inversionistas individuales y familias. El fondo de inversión IDG Capital Partners de capital chino establece una estructura en Europa en el 2009, con el objetivo de invertir en marcas europeas con potencial de crecimiento en China.

El Grupo Fung, también de Hong Kong, unió fuerzas con un ex ejecutivo de LVMH para crear First Heritage Brands en 2011. Entre sus adquisiciones están las francesa Robert Clergerie  y la belga Delvaux, además de Sonia Riquiel.

Más recientemente, la compra de la marca Georg Jensen por parte de Investcorp en 2012 sucede a las inversiones que el grupo de Bahrein había hecho en Tiffany y Gucci. En este caso, Investcorp se alía con el empresario chino David Yu, fundador de Nautica, quien se incorpora como Presidente y Director Creativo. La centenaria empresa danesa conocida por algunos productos emblemáticos, como el reloj Vivianna, tiene como prioridad fortalecer la marca en Asia y desarrollar allí el negocio.

En 2013, el brazo inversor de Qatar “QIA”, anunció que incrementaba su participación en el capital de Tiffany del 8.7% al 11.3%. Se especula, además, sobre la compra incipiente de los grandes almacenes parisinos Printemps.

Todos estos ejemplos muestran que ya no son casos puntuales. Inversionistas chinos, indios o de oriente medio compiten ahora por participar en la industria del lujo, sobre todo, considerando que gran parte del crecimiento vendrá de su lado del mundo.

La relación comercial entre Asa y Latinoamérica ha estado marcada hasta ahora por un patrón de materias primas por productos manufacturados. Sin embargo, el incipiente desarrollo de marcas premium y lujo en Latinoamérica puede convertirse también en objeto de deseo de inversionistas asiáticos si ven potencial de crecimiento en sus mercados locales.

 

 

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