Andy Palmer, CEO de Aston Martin, puede respirar con alivio. Durante el primer trimestre del año, el único fabricante de autos británico independiente reportó sus primeras ganancias en una década.

Las utilidades antes de impuestos durante el periodo alcanzaron los 5.9 millones de libras (7.6 millones de dólares), sobre ingresos de más de 188 millones de libras (243 millones de dólares), especialmente gracias a la gran recepción que ha tenido el DB11, su nuevo deportivo de lujo que forma parte de la nueva plataforma con la que la firma pretende tener más flexibilidad para la creación de futuros modelos.

La compañía espera que para final de año las ventas hayan tenido un repunte de 30% desde los 3,687 autos vendidos durante 2016.

Palmer, quien llegó a la compañía en octubre de 2014 luego de una larga estadía en Nissan, ha buscado devolver el brillo a la marca legendaria —que se ha declarado en quiebra en siete ocasiones y fue propiedad de Ford entre 1991 y 2007— con un plan denominado Second Century, que pretende duplicar la producción anual de vehículos e incursionar en nuevos segmentos de mercado, como las SUVs.

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