El Estado Islámico es la organización terrorista más peligrosa y sofisticada de la que se tenga memoria. Un hecho los distingue de otras organizaciones: Cuentan (o contaban) con territorios.

Llegaron a controlar una población de unos 10 millones de personas entre Irak y Siria. Esto es, gobernaron bajo el terror y una moral rígida y oscurantista, en un sistema totalitario.

Lo lograron por la implosión del Estado iraquí y por las debilidades institucionales presentes a lo largo de toda Siria. Las guerras contra el propio terrorismo tuvieron que ver, paradójicamente, en ello, ya que también se alimentaron de la experiencia de las viejas fuerzas de seguridad desplazadas después de la caída de Sadam Hussein.

Con la idea de establecer un califato, en una especie de programa político y religioso, avanzaron, de modo destacado desde 2014, e irrumpieron en la escena internacional con propagandas escalofriantes, entre las que destacaban las ejecuciones de rehenes occidentales.

Es un resurgimiento del movimiento de ideas medievales que ponen en el centro al fanatismo religioso, aunque sustituyendo los viejos sables por los AK-47.

Hace unos días, fueron expulsados de su último reducto en Baquz, en Siria.

Viene ahora una etapa igual de larga, en la que se tendrán que desactivar las células que trabajan fuera de Siria y sobre todo las que anidan en las periferias de las grandes ciudades europeas.

Hay que tener presente que estos grupos han dejado las acciones de comandos, para buscar el impacto sorpresivo y letal de los lobos solitarios y en donde su capacidad de reclutamiento es bastante eficaz.

Supieron construir, con tesón y paciencia, redes de colaboración y de protección que pueden ser utilizadas y cuya capacidad criminal es bastante alta.

Olivier Hanne y Thomas Flichy de la Neuville escribieron en “L’ État islamique. Anatomie de nouvel califat”, que “El Estado Islámico nació de una minoría preparada doctrinalmente que aprovechó el derrumbe de los estados sirio e iraquí para crear una oportunidad histórica única. El advenimiento del EI es un accidente del islam y del medio oriente, pero un accidente mortal”.

Siempre hay que ser prudentes para plantear cualquier escenario en el futuro, porque la historia reciente demuestra que este tipo de organizaciones cuentan con la facilidad de mutar y de adaptarse a las circunstancias más adversas.

Después de todo, los problemas, la violencia y las contradicciones de las sociedades de las que surgieron siguen presentes y ellos a la espera de la siguiente oportunidad.

La región es explosiva y cargada de símbolos, en los que la arrogancia occidental sigue siendo vista como un desafío y en la que nada ayuda la política impulsada por el presidente Donald Trump y por algunos de sus aliados.

El terrorismo también se combate promoviendo las libertades y abriendo las posibilidades de dialogo para evitar radicalismos en ambientes propensos a la guerra en cada una de sus escalas.

 

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