Esta historia fue publicada en la edición impresa de julio de 2018 de Forbes México. Suscríbete.

 

Ricardo Anaya es el primer candidato en la historia que es digno de representar a este país, “no la bola de imbéciles que hemos tenido, incluidos los panistas [Vicente] Fox y [Felipe] Calderón”, dijo en los primeros días de junio Pedro Luis Martín Bringas, consejero de Soriana, a través de un video de YouTube. Horas más tarde, la segunda cadena de autoservicios del país comunicó que se trataba de una declaración a título personal.

Y hay razones para pensar que otros integrantes de la élite empresarial mexicana comparten su enojo. Esta elección fue, para ellos, muy distinta a todas las anteriores; así que, en el momento en que el candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, tomó una altura inusual en las encuestas, se prendieron las alertas.

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Así, integrantes del sector empresarial que generaron una simbiosis con el gobierno desde los tiempos del presidente Carlos Salinas de Gortari se enfrentan ahora a la inminente ruptura de ese vínculo, dice José Galindo, investigador de la Universidad Veracruzana. De ahí que, añade, durante la campaña lo quisieron evitar hasta donde más pudieron, por ejemplo, pidiendo a sus em¬pleados que no votaran por el “populismo”.

La alianza de los empresarios con el PRI estuvo determinada por un intercambio de favores. En lo esencial, el PRI pedía que se aceptara un régimen de manipulación del voto o fraude institucionalizado y los empresarios pedían, a cambio, el control del movimiento obrero para asegurar que los salarios fueran bajos dice Carlos Marichal Salinas, profesor investigador de Historia Económica de AL y del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México.

 

Vuelta a la página

Con López Obrador en la silla presidencial, la duda estriba en la forma que tomará la nueva relación con el poder empresarial. “López Obrador los necesita [a los empresarios], porque, si se confronta con ellos demasiado fuerte, podría derivar en debilidades estructurales en algunos sectores, y López Obrador no está como para meter al país en una crisis económica”, opina Galindo, autor del estudio “Capitalismo de cuates en perspectiva global”.

Durante la campaña, el pasado 5 de junio López Obrador se reunió en la Ciudad de México con el Consejo Mexicano de Negocios (CMN), después de varios intercambios de descalificaciones entre algunos de sus miembros y el candidato puntero. La versión de una y otra parte, a la salida de la reunión, fue que trabajarían en una agenda económica conjunta.

El 4 de julio, es decir, al tercer día de la elección en la que Morena apabulló a las demás fuerzas políticas, hubo una segunda reunión, en la cual quedaron olvidados los ataques verbales emitidos semanas y meses antes, según testimonio, dado al salir de la reunión, de Claudio X. González Laporte. “Hoy no hubo nada de eso”, fue su respuesta a las preguntas de la prensa sobre si habían quedado atrás los calificativos de “minoría rapaz”, usualmente empleado por López Obrador para referirse a algunos de los más grandes empresarios del país, y el de que el político era “un peligro para México”, usado a menudo por los empresarios.

“Básicamente, se habló sobre lo que hemos escuchado últimamente del virtual presidente electo: que él va a respetar las instituciones y la autonomía del Banco de México; que tendrá un gobierno incluyente con toda la sociedad civil y con el sector privado”, dijo, a su vez, Alejandro Ramírez, CEO de Cinépolis y presidente del CMN. “Fue un diálogo muy constructivo, que generó confianza en el sector privado”.

Ese mismo día, Grupo México publicó en la prensa un desplegado en el que su presidente, Germán Larrea, felicitaba a López Obrador por su triunfo y decía coincidir con la convocatoria que hacía el virtual presidente electo a la reconciliación y a trabajar en unidad.

En un tono similar se expresaron otros asistentes al encuentro. “Yo creo que [entre IP y gobierno] va a haber una relación muy positiva y propositiva, y de mucho involucramiento en los programas, no sólo de desarrollo económico, sino también [de carácter] social”, dijo Carlos Slim Domit, presidente del Consejo de Administración de América Móvil, e hijo de Carlos Slim Helú.

No faltó a la reunión Claudio X. González. “Sí”, respondió a la pregunta de si le daba un voto de confianza a López Obrador. “Salimos muy entusiasmados, con energía para hacer lo que tenemos que hacer”, había dicho poco antes. “Yo creo que va a haber cercanía y confianza [con el nuevo gobierno]”.

El diálogo con el virtual candidato electo genera certidumbre sobre el marco regulatorio y las políticas públicas que están por venir, añadió Alejandro Ramírez.

Una vez expresadas las cortesías, lo que está en juego son atractivos negocios: licitaciones, contrataciones y compras públicas.

Para que el cambio sea real, esos procesos tendrán que ser limpios, explica Galindo. “Lo ideal es que, en todas las licitaciones públicas y de servicios, bienes y obra pública, con las que los políticos generalmente favorecen a sus amigos, [ahora] no se beneficie al compadre o al amigo, sino al que tiene la posibilidad de proveer los mejores servicios al mejor precio y en las mejores condiciones, y se apoye a nuevos empresarios”, dice el especialista.

Aunque también existe la posibilidad de que López Obrador, advierte Galindo, empiece a beneficiar a empresarios más próximos a él. “Hay gente cercana a López Obrador que ni siquiera son personajes públicos, pero que han estado inmersos en procesos de corrupción. Algunos fueron operadores en el gobierno de Marcelo Ebrard: ganaron muchas licitaciones y favorecieron a sus propios amigos”, agrega el investigador.

Es posible que los grandes empresarios pierdan algunos privilegios, advierte, y cita precisamente el caso de Germán Larrea, accionista mayoritario de Grupo México, con negocios en minería, ferrocarriles, y petróleo.

“Quizás ahora sí tenga [Larrea] que competir en algunas cosas, y no será tan favorecido… Larrea debe estar casi infartado [tras la elección]: él es el típico caso del capitalismo de amigos en México, tan fuerte como el de Carlos Slim. Nadie se mete con él, maneja sus mineras tranquilamente, renovando sus concesiones año con año. Ya las tiene renovadas por no sé cuántos años”, señala.

Algunos empresarios hubiesen preferido que el ganador de la Presidencia fuera el candidato del PRI, José Antonio Meade. En entrevista con Forbes, sostenida antes de las elecciones, Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), habló de cómo veía la relación con el gobierno en los distintos escenarios. Meade es ampliamente conocido en el medio, indicó, así que su triunfo significaría una mayor facilidad del empresariado para avanzar en el diálogo con el gobierno. Con Ricardo Anaya, de la coalición encabezada por el PAN, el CCE había tenido múltiples reuniones, comentó Castañón, y aunque discrepaban en algunos puntos con este candidato, la mesa siempre estuvo dispuesta para establecer el diálogo.

En caso de que ganara López Obrador, dijo Castañón en ese momento, la relación entre la IP y el gobierno sería puesta a prueba aun antes de que él asumiera el cargo. “Tendremos que discutir con el jefe del equipo de transición en materia de educación, ver cuáles son sus planes en energía, y ver la revisión que hacen de los contratos [petroleros] y la suspensión de las licitaciones y la apertura [energética], a lo cual nosotros nos opondríamos”, adelantó Castañón. “Hemos tenido dos o tres reuniones de forma económica. Hay diferencias claras en la visión sobre educación”, añadió.

El pliego se extiende a temas como el Sistema Nacional Anticorrupción y las normas de gobierno eficiente y transparente, la construcción de un México sustentable y la Agenda 2030. “Queremos saber qué visión tiene, porque no se trata sólo de gastar menos”, señaló Castañón.

 

Se necesitan cerca

La IP tiene claro lo que pesa y lo que pide. El empleo que genera es más de 90% del total, y lo que invierte equivale a 19% del PIB, contra 1.7% de inversión pública, según el dirigente del CCE. La inversión pública con Peña Nieto es la más baja en 70 años, indicó, así que, en este momento, la relación entre inversión de la IP y del gobierno es de 9 a 1.

Más allá de temas específicos, la IP espera que López Obrador genere confianza para la inversión; y para ello, a su juicio, tiene que mejorar la seguridad en el país, aplicarse una política pública anticorrupción y tener un respeto irrestricto por la propiedad pública, social y privada.

También espera que cumpla con su promesa de combatir la corrupción y que negocie bien con Estados Unidos. Es necesario lograr un buen TLCAN, y estar atentos a una posible desaceleración económica global a mediados de 2019, dijo Claudio X. González tras la reunión del 4 de julio, sobre la cual también hubo cautela. “Apenas vamos empezando”, dijo Valentín Díez Morado, consejero empresarial e inversionista en la industria cervecera, acerca de cómo será la relación entre la IP y el nuevo gobierno de ahora en adelante.

Pese a necesitarse mutuamente, esa pregunta sigue abierta. “López Obrador no quiere romper con los empresarios fuertes de México; no le convendría”, concluye Galindo.

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