Por Luis Eduardo Velázquez

Esta historia fue publicada en la edición impresa de junio de 2018 de Forbes México. Suscríbete.

A casi un mes de la elección del 1 de julio, el sector empresarial en México se encuentra en una encrucijada muy compleja. La razón es que Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia, se mantiene como puntero en todas las encuestas.

Históricamente, los empresarios han avalado las candidaturas presidenciales emanadas del PRI y PAN por tener coincidencias con ellos en el manejo de la política económica del país, indican analistas políticos consultados por Forbes México.

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Esta vez es distinto.

La elección de 2018 se ha vuelto un paradigma y el proceso electoral se ha enturbiado y dejado al descubierto un forcejeo con López Obrador, quien plantea un cambio en el modelo económico.

“Lo he escuchado en todos los niveles; hay pequeños y medianos empresarios que están aterrados con la idea de que llegue [a la presidencia] López Obrador, porque, así como el poder político está fragmentado, el poder empresarial también está fragmentado. Entre las muchas lecciones que deja esta elección destaca la fragmentación del poder económico y político”, dice Sergio Aguayo, analista político de El Colegio de México.

A diferencia de las elecciones presidenciales de 2006 y 2012, en las que López Obrador fue el abanderado presidencial del PRD, en esta ocasión el tabasqueño arrancó su campaña aliado de empresarios como Alfonso Romo, y ha evitado tener un choque frontal con el empresariado que, en 2006, lo tildó como “un peligro para México”.

El empresariado está “unido”, pero avizora un escenario complejo, porque la sociedad mexicana vive una democracia que ellos (los empresarios) han impulsado, expresa el presidente de la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (Concamin), Francisco Cervantes Díaz.

Luego de que, en aquel 2006, la clase empresarial chocara con López Obrador y el político los llamara “la mafia del poder”, los empresarios encontraron en el priista Enrique Peña Nieto, entonces gobernador del Estado de México, una figura sólida con la cual fueron tomando acuerdos.

Gracias a ello, en 2012 no se vivió la tensión que hay en estos días. Al inicio de su gobierno, Peña firmó el Pacto por México, que incluyó la aprobación de las reformas estructurales, como la hacendaria y la energética. “Fue una definición diferente, porque Peña Nieto fue un fenómeno: desde el primer día de gobernador ya decía que iba a ser presidente; traía un encanto desde seis años antes. Esta elección ha sido diferente, porque, un año antes, no teníamos candidatos. Ahora ha sido distinto”, agrega Cervantes.

Los resultados de la empresa Oraculus, que hace un compendio con todas las encuestas publicadas, muestran que, al 17 de mayo, según el último corte previo al cierre de esta edición, López Obrador iba al frente, con una intención de voto de entre 41 y 47%; le seguía Ricardo Anaya, de la coalición Por México al Frente, con una intención de 27 a 31%; y, en tercero, José Antonio Meade, bajo las siglas del PRI y otros partidos, con 18 a 22% de la intención del voto.

Los empresarios han tenido un papel activo para incentivar el voto en esta campaña electoral, y han cuidado el no pronunciarse abiertamente por ningún proyecto político. Periódicamente realizan foros y cuestionan a los candidatos presidenciales sobre su visión en materia económica.

No anticiparse más a la democracia

“No damos por hecho ningún resultado. El mundo ha demostrado en muchas ocasiones que, un día o dos días antes, pueden cambiar los resultados y, evidentemente, como organización empresarial, no podemos anticiparnos a la democracia; es un valor esencial que así sea. Los tiempos en que, en México, sabíamos días antes quién iba a ser presidente, ya terminaron; y, en ese sentido, somos muy respetuosos de la decisión que tomen los mexicanos”, dice a Forbes México Gustavo de Hoyos Walther, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex).

Pero eso no impide a los empresarios ser proactivos. “Estamos ante una decisión de la construcción del modelo de país del siglo XXI. Por eso es que los empresarios hemos sido muy activos en la propuesta de qué queremos en los próximos 10, 20 o 30 años para México”, dice, a su vez, Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

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Foto: Carlos Tischler/Getty Images.

Para Castañón, la sociedad mexicana está ante la reflexión para escoger si regresa a la época del proteccionismo, o continúa y profundiza un modelo de apertura que solucione los problemas de pobreza a través del trabajo.

Pero la elección de este año es relevante no sólo por la probable alternancia en el poder, sino porque está en juego la estabilidad económica del país. Analistas consultados por Forbes México coinciden en que hay incertidumbre por el proyecto económico planteado por López Obrador, pero también temor de perder inversiones multimillonarias que favorecen a intereses particulares, que no representan necesariamente riqueza para México.

“Los principales riesgos para los empresarios se encuentran en una visión autárquica, cerrada y endogámica de la economía. Esta concepción también considera una presencia e intervención con fuerte centralidad del Estado, lo que inhibe al mercado”, afirma Isidro Cisneros, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia, Italia.

Comenta que las pasadas experiencias de México basadas en una visión “estadocéntrica”, sobre todo en las décadas de 1970 y 1980, “generaron graves conflictos con el sector empresarial y produjeron un cambio radical de la economía mexicana, al pasar de una situación de privilegios para pocos, a otra muy diferente y radical de escasez para todos”.

Descendientes del porfiriato

Lo que vuelve inaceptable para los grandes empresarios la posibilidad de que López Obrador encabece el gobierno federal es que su relación con el poder político es añeja. “Los empresarios históricamente han jugado un papel fundamental en la ecuación del poder en México; no es reciente: en realidad, desde el Porfiriato, que es cuando despega el capitalismo formalmente en el país, es que se tienen que establecer alianzas específicas con los empresarios para que, de alguna manera, pueda darse cierta estabilidad política con crecimiento económico”, explica el doctor José Galindo, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Veracruzana.

Recuerda que, a partir de 1912, entraron los obreros a la relación con los empresarios, y el Estado quedó como árbitro. “La ecuación se ha mantenido, pero lo que pasa es que, posteriormente, a pesar de la Revolución Mexicana, los empresarios que vienen desde el Porfiriato se mantienen en posiciones claras. Ni siquiera la Revolución movió el esquema. Incluso con la reforma agraria se afecta a algunos terratenientes, pero los industriales mexicanos siguen siendo, para mediados de la década de 1970, descendientes del Porfiriato”.

El gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) generó un cambio drástico, desnacionalizando la banca, agrega Galindo, porque este mandatario vio la oportunidad de privatizar áreas completas y ponerlas en manos de “amigos”. “La nacionalización de la banca [1982] elimina las principales cabezas del empresariado, como Legorreta [Agustín, banquero] y Espinosa Yglesias [Manuel, banquero]. Es una noticia terrible. Y viene el periodo de privatizaciones… que aprovecha Salinas para beneficiar a sus cuates, como Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego, Germán Larrea”, sostiene el también doctor en Historia de la UNAM.

La llegada a la Presidencia del panista Vicente Fox, en 2000, significó la esperada alternancia, pero “no se puede hacer una gran distinción entre lo que fueron los gobiernos del PAN y del PRI, porque Fox, igual que Salinas de Gortari, benefició a sus cuates; [Felipe] Calderón, igual; y [Enrique] Peña Nieto, igual. Cada uno ha buscado a sus grupos cercanos con los cuales hacer sus negocios”, señala Galindo.

¿Tendría que ceder López obrador al llegar a la presidencia?

“Es muy ‘colmilludo’. Por tercera vez busca la Presidencia de la República, y ha entendido algunas cosas, como que con los empresarios, es mejor hacer alianzas”.

Pero no todos los empresarios están dispuestos a hacer alianzas con López Obrador.

“Muchos, que ven posibilidades de que gane, muy inteligentemente se acercan para que no se perjudiquen sus negocios, mientras que otros se han esperado hasta el último momento. Los empresarios son muy pragmáticos; lo que buscan siempre es seguir ganando y tener más utilidades. Entonces, en la medida en que lo logren, les dará exactamente lo mismo quién esté gobernando”.

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Foto: Mauricio Palos/Bloomberg via Getty Images.

Con relación a Alfonso Romo (coordinador del equipo que elaboró el Proyecto de Nación 2018- 2024), Galindo observa que es un empresario que ha capitalizado la posibilidad de estar cerca de López Obrador y toma su camino con él; pero, en este tiempo, veremos a más empresarios seguir sus pasos, porque: “En el mundo no hay una ideología; se ha ido perdiendo”.

Para el académico de la Universidad Veracruzana, hay tres escenarios para el empresariado en el caso de que López Obrador asuma el gobierno: los empresarios ceden, abren mesas de negociación o se hacen a un lado. “Sólo se apartarían quienes crean que López Obrador los rechazaría; por ejemplo, los empresarios cercanos a Vicente Fox o los Hank González, y las empresas señaladas de corrupción, como OHL u Oderbretch. Éstas van a sacar su inversión de México”, vaticina Galindo.

El líder de Morena ya no es tan radical como hace 12 años, opina el académico. “Entendió que debe negociar y creo que lo haría hasta con Vicente Fox, si éste dejara de pegarle”. La visión de López Obrador en materia de política económica es otro punto de desencuentro. Para Cisneros, el candidato puntero parte de una politización de las variables económicas que ignora los requerimientos sociales de un México cada vez más desigual y poblado de pobres urbanos y rurales.

“La riqueza sólo se justifica si reduce la pobreza. La riqueza no es producto del talento empresarial de un individuo, es producto del esfuerzo conjunto de toda la sociedad y esto no se debe perder de vista. Aunque el modelo vigente de política económica ha producido la desigualdad más grande de la historia de nuestro país, tampoco se debe olvidar que las recurrentes crisis financieras y la creciente inflación enseñan mucho sobre los errores del intervencionismo”.

Por su historial y propuesta, López Obrador no es un líder revolucionario que quiera estatizar la economía ni abolir la propiedad privada, indica Aguayo. “Lo que ha dicho, y que para México modificaría las reglas del juego, es que quiere alterar la relación que se establece entre el Estado y los grandes grupos empresariales. Ésa es, en esencia, la parte más conflictiva, y ha ido más allá: ha despertado la preocupación de algunos empresarios y ha logrado que un grupo de personas del poderoso y opaco Consejo Mexicano de Negocios, que han establecido una relación muy cercana con el poder público, busquen torpedearlo”.

De ganar López Obrador, añade Aguayo, “no se espera la llegada de los bolcheviques, pero sí un cambio en las reglas del juego”.

Hay que tener cuidado con la peligrosa tendencia hacia la estatización, advierte Cisneros, porque conlleva la pérdida de libertades. “El Estado social consiste en ofrecer algún tipo de protección a quienes, sin su ayuda, no serían capaces de tener una vida mínimamente aceptable, según los criterios de la sociedad democrática. En el México de hoy, la única revolución posible tiene un carácter democrático. La revolución de los derechos que requerimos implica abrir una nueva época, caracterizada por el reconocimiento de la autonomía de cada individuo y la expansión de sus libertades, de su responsabilidad personal y de la afirmación de iguales oportunidades para todos”.

El forcejeo

A finales de abril, circuló en redes sociales un video en el que el escritor Paco Ignacio Taibo II, cercano a López Obrador, sugiere al tabasqueño que, al llegar al poder, “expropie” a las empresas que no quieran cooperar o lo chantajeen.

La declaración causó polémica y encendió una alerta en el sector empresarial. En lugar de rectificar los dichos del escritor, López Obrador enfiló sus baterías contra miembros del Consejo Mexicano de Negocios y los volvió a llamar “la mafia del poder” y los señaló como una “minoría rapaz”.

En su participación en la 59 Semana Nacional de la Radio y la Televisión, López Obrador volvió a la cargada: “Son tan ingratos, que cuando les convenía, apoyaron a [Enrique] Peña [Nieto], y ahora son los que más lo han ninguneado. Son tan siniestros que lo convirtieron en el payaso de las cachetadas”.

La posición del candidato provocó la cohesión del sector empresarial. “El Consejo Mexicano de Negocios rechaza categóricamente las expresiones injuriosas y calumniosas con las que el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, agravió a varios de nuestros miembros el 1 de mayo en Zongolica, Veracruz”, expusieron los empresarios en un desplegado denominado “Así No”, que se publicó en distintos medios el 3 de mayo pasado.

Para Aguayo, esto es muestra del forcejeo con el sector que, por ideología, considera a López Obrador un peligro para México. “Ésa es la parte más conflictiva, y sube y baja el nivel de enfrentamiento, porque López Obrador tiene una estrategia, y enviados que se encargan de explicar su proyecto y programa a los empresarios. Ignoro si va a cumplir lo que dice, pero ha generado ese tipo de enfrentamientos”.

 

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