Por Gonzalo Alonso*

La banca electrónica no es nueva. Desde hace 10 años o más, los bancos ya habían realizado una inversión considerable en infraestructura para establecer sus primeros pasos en el mundo digital.

Aún no existía la Nube como la conocemos hoy, ni el poder de cómputo al que tenemos acceso en este momento. Sin embargo, con los avances de la tecnología, la rápida adopción y adaptación de los usuarios a ésta, para los bancos (como para casi cualquier empresa del planeta) pronto se volvió evidente que no podrían mantenerse a la par de los nuevos modelos, paradigmas y necesidades de los usuarios sin hacer de nuevo inversiones gigantes.

En medio del camino surgieron las Fintech.

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El Big Bang 4.0 creó las oportunidades necesarias con las que las empresas que utilizaban la tecnología se especializaron en la entrega de algunos de los servicios tradicionalmente ligados a los bancos, sólo unos pocos, para dar una experiencia más placentera a los usuarios.

Con menos servicios, pero especializados y basados en el aprovechamiento tecnológico de la Nube, con mayor transparencia hacia el usuario; por medio de las ventajas y principios de la Transformación digital, las Fintech se hicieron de una leal base de usuarios muy pronto y captaron la atención del mundo de los inversionistas y fondos de capital.

Así inició un nuevo maridaje, con una explosión de las Fintech y el esfuerzo de los bancos tradicionales por alcanzarlas, y en varios casos, cada vez más frecuentes, de su adquisición o sociedad con ellas, obteniendo como resultado un pequeño vistazo a la banca del futuro.

La llegada de la banca configurable, alojada en la nube, al “unboxing” de sus productos financieros

Como CEO y cofundador de una Fintech, estoy convencido que esta fusión es producto de una narrativa más sana, en la que los bancos tradicionales entienden qué es lo que necesitan de las Fintech, en lugar de la narrativa antigua, en donde simplemente se enfrentan.

En la segunda narrativa, ni bancos ni Fintech se pueden ver beneficiados. En la primera, hay victorias para ambos lados.

Los bancos pueden evolucionar sus modelos monolíticos, de operaciones rígidas, al incorporar la operatividad agile de las Fintech; mientras que éstas ganan maduración y crecimiento de negocio a velocidades que no lograrían si fueran por sí solas.

Nos encontramos en medio de un cambio de paradigma que traerá repercusiones legales, profesionales y hasta morales, de cómo entendemos la relación entre las instituciones financieras y los usuarios.

Los bancos entenderán (algunos ya, otros más tarde) que el modelo de la API para la interconexión ya no es suficiente, y, al contrario, nos está trayendo a un punto en el que se vuelve caótico e inoperante.

Estamos en los primeros pasos de una banca configurable y alojada en la Nube, que permita mayor flexibilidad a los usuarios, sin importar si son individuos o empresas.

Y por medio del involucramiento con las Fintech, los bancos reducen los riesgos de un cambio de este calibre a la vez que pueden mantener ambos modelos operando, el rígido o el flexible, mientras sea necesario y todos los usuarios poco a poco migran.

El futuro de la banca y los servicios financieros digitales está por llegar, mientras tanto estamos siendo parte de quienes lo configuran y eso es algo emocionante y poderoso.

*CEO de CuentasOK

 

Contacto:

Twitter: @gonzoogle | @Cuentas_OK

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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