Banxico podría ser  ‘la empresa’ que mayor valor agrega a lo que produce. ¿Cómo hace esta máquina para convertir una pieza de papel, que apenas cuesta un peso, en un billete de hasta 1,000? 

 

 

 

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El miércoles 21 de mayo de 2014, la Procuraduría General de la República (PGR) detuvo a la mayor banda de falsificadores de billetes de 500 pesos de la que se tenga registro hasta el momento. Fue una detención histórica: los delin­cuentes tenían en su poder 125,000 piezas falsas de esa denominación, lo que equivale a 62.5 millones de pesos (mdp) que even­tualmente hubieran llegado a tus manos, a las mías, a las de cualquier ciudadano.

La perversa intención de los hampones era que las pilas de papel impreso simulando dinero real, salieran a la calle y se mezcla­ran con las piezas auténticas, y pasaran por las manos de millones de inocentes, quienes en caso de ser descubiertos con un billete falso, podían ser acusados de maleantes.

De acuerdo con el dato más reciente del Banco de México, en 2013 circulaban en el país 97 piezas falsas por cada millón de billetes auténticos. Y aunque a la fábrica le corresponde sólo la obligación de producir los billetes que la población necesita, tam­bién colabora con la PGR en las labores de detección de bandas de delincuentes.

Es una empresa atípica. Su estrategia no coincide con la del universo de compañías que tienen competencia, que pelean por posicionarse en el mercado, que lanzan ofertas y conquistan al usuario final. Esta fábrica es única. Es la abastecedora de 100% de los billetes que circulan en México. Sus “clientes cautivos” son más de 110 millones de mexicanos que tie­nen o tendrán algún dinero en sus manos.

Desarrollan un solo producto y los cambios que le hacen son para embe­llecerlos, modernizarlos, pero, más importante aún, para incluirles nuevos elementos de seguridad.

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El “comandante”

Él es un personaje serio, formal. Sólo de pronto se le escapa una sonrisa. Tal vez sea porque está pensativo y preocupado. Liderar la gran maquinaria de “hacer dinero” no debe ser una tarea sencilla.

En las manos de Alejandro Alegre está la obligación de proveer, hasta el último rincón del país, los billetes que se requie­ren para comprar, pagar, viajar o ahorrar. En esta misión es el único. Esta fábrica no tiene competencia.

Desde 1969 (cuando se inauguró) es la encargada de producir el papel moneda que todos necesitamos. Anteriormente, los billetes que circulaban en México se imprimían en el American Bank Note Company de Nueva York. Pero desde ese año es la única proveedora.

En entrevista, Alejandro Alegre platica que este año se producirán 1,310 millones de billetes. “A través del análisis de las variables macroeconómicas se calcula cuál será la demanda de billetes que se requerirán; ello lo define la Junta de Go­bierno de Banxico.”

Como cualquier producto, opera bajo la ley de la oferta y la demanda. Hay épocas, como fin de año, vacaciones de verano, Semana Santa o algunas festividades en que los mexicanos gastan más que de costumbre, en las que se imprime una mayor cantidad de billetes porque así lo requieren los usuarios individuales y las empresas. La gran mayoría, cerca de 85% de las piezas, son para sustituir los billetes que se van deteriorando por el uso. El tiempo de vida de cada billete depende de la deno­minación, pero en promedio cada billete puede pasar de mano en mano, y en buen estado, durante tres años.

Alegre sabe bien lo que significa darle valor agregado a un producto. Dice que producir cada billete le cuesta a Banxico alrededor de un peso. Es lo que se gasta en la adquisición del papel seguridad, las tin­tas y la impresión. Pero cada uno alcanza un valor de 20, 50, 100, 200, 500 y hasta 1,000 pesos. La inversión es parte del pre­supuesto federal que recibe Banxico para cumplir su mandato como proveedor.

 

 

El ciclo

Esta empresa no se parece a ninguna otra. Sus procesos, el producto que elabora, la logística de repartición y el ciclo que cumple, son únicos. Alrededor de 350 personas trabajan diariamente en la fabricación de billetes, de lunes a viernes y en dos turnos.

Una vez que están las piezas, salen de las instalaciones de la fábrica en camiones blindados, custodiados por personal de seguridad y con el apoyo de las Fuerzas Armadas, hacia el Aeropuerto Internacio­nal de la Ciudad de México (AICM), desde donde vuelan en aviones propios del ban­co central hacia 20 ciudades del país.

En el país existen seis bóvedas regio­nales (Mexicali, Hermosillo, Monterrey, Guadalajara, Veracruz y Mérida) a las que acuden las camionetas de traslado de valo­res de los bancos privados para obtener el dinero que luego repartirán en los cajeros automáticos. Desde ese punto, la distribu­ción ya no le corresponde a Banxico, sino a cada una de las instituciones financieras del país.

Pero, también, todos los días vuelven algunas piezas.

“En ese ir y venir, la banca clasifica en deteriorados y no deteriorados cada una de las piezas para facilitar al banco central la tarea de identificar si los volvemos a poner en circulación o no”, explica Alegre.

Aquellos que ya no están en condicio­nes de salir nuevamente a la calle, es decir, que están rotos, rayados o manchados, se trituran. Una empresa subcontratada se encarga de depositarlos en el relleno sanitario. Sí, terminan ahí.

Actualmente, Banxico desarrolla un pro­yecto de investigación de la mano de la Academia Mexicana de Ciencias para identificar mejores usos para los billetes triturados.

 

Sin tentaciones

Trabajar en una fábrica de chocolates probablemente es una constante tenta­ción para los empleados que están en contacto con el proceso. Pero, ¿cómo controla Alejandro Alegre la tentación de los trabajadores que fabrican billetes a tomar uno de ellos?

“Somos muy rigurosos en el proceso de selección y contratación de personal. Son muchos exámenes los que deben pasar para ocupar un lugar en el proceso. Tenemos que asegurarnos de tener colabo­radores serios”, dice.

Y no sólo eso. “Todo el proceso está videograbado. Tenemos, además, per­sonal de control interno que constante­mente está vigilando la normalidad del proceso”, refiere.

Debido a que los mayores costos están en el papel, se contabilizan frecuen­temente las hojas. “Sabemos puntualmente que en cada hoja se imprimen 50 billetes o 60 de baja deno­minación. A lo largo de todo el proceso se cuenta el material.”

Estas estrategias permiten mantener el control para evitar que alguien tome una pieza de valor. No obstante, el funcionario platica que los empleados que están en contacto directo con el proceso de producción tienen cursos y capacitación constan­te para concientizarlos sobre el producto que ellos elaboran. Es importante que sepan que esas piezas de papel deben ser sólo eso para ellos, no billetes que pueden gastar. Y se acostumbran a entenderlo así.

De todas maneras, y ante cualquier eventualidad, sobre el proceso de pro­ducción hay ojos vigilantes incógnitos. Después de todo, el trabajo de Alegría es también el de un guardián, de cazador de falsificadores. En 2012 alertó sobre otra banda, en esa ocasión especializada en la producción de billetes de 50 pesos.

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