Uno de los pilares de toda economía exi­tosa, con perspecti­vas de crecimiento sostenido, es, indu­dablemente, un sistema financiero sano, estable y eficiente. Esta red institucional de intermediación permite asignar de mejor manera los recursos disponibles, al vincular el ahorro con la inversión, es decir, a quienes tienen dinero con quie­nes necesitan dinero para realizar proyectos productivos. Mientras más estrecho y eficiente sea este vínculo, mayor ahorro, valor agregado, innovación y actividad económica se generará en un país.

Un sistema financiero sólido y dinámico permite que el ahorro de un trabajador industrial en Hunuc­má, Yucatán, pueda tener impacto en el desarrollo de una empresa de biotecnología creada por jóvenes en la Ciudad de México y, a su vez, que estas empresas generen retornos atractivos que aportan al patrimonio de este trabajador. Es el motor de un país emprendedor.

En este sentido, iniciamos el año con una magnífica noticia financiera para México, cuando, a principios de enero, se presentó el Programa de Impulso al Sector Financiero, que propone mejores condiciones para bancarizar a los usuarios mexicanos. Por ejem­plo, plantea el impulso a la banca digital, lo que permitirá reducir las transacciones en efectivo y, por tanto, facilitar el monitoreo de operaciones ilícitas y mejorar las condiciones en que los trabajado­res acceden a créditos de nómina.

También contribuirá a que los mexicanos de entre 15 y 17 años de edad puedan abrir cuentas bancarias sin necesidad de la su­pervisión de un tutor. De acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), con esto se beneficiarán 1.4 millones de jóvenes que ya forman parte de la población económicamente activa, pero que antes no tenían la posibilidad de ahorrar, de forma segura, el producto de su trabajo.

Lo relevante de lo anterior es que la bancarización democratiza el ahorro productivo y anima la inversión: Los trabajadores, al ahorrar formalmente en el sector financiero, obtienen mayor segu­ridad y la posibilidad de invertir en proyectos con mejores retor­nos. Por su parte, las empresas pueden acceder a más capital, lo que incentiva el emprendimiento y crea un círculo virtuoso que pro­mueve la movilidad social. Estas propuestas ayudarán, además, a incrementar la penetración del crédito bancario al sector privado, rubro en donde México se encuen­tra por debajo del promedio de América Latina.

Por otro lado, se propuso for­talecer el régimen de inversión de las Afores y el ahorro voluntario. La flexibilización del régimen de las Afores ayudará a mejorar el ahorro de los trabajadores, a incentivar las inversiones de largo plazo y a generar retornos más interesantes. Igualmente, se pro­puso flexibilizar la regulación de reportos y préstamo de valores, lo cual permitirá mejorar la liquidez en los mercados de renta fija y de capitales, y la reducción del ISR en las Ofertas Públicas Iniciales de 30 a 10%, con el objetivo de aumentar el número de empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV).

Esto me parece particular­mente importante, debido a que tenemos la proporción más baja de la región en cuanto a empre­sas que cotizan en bolsa por cada millón de habitantes, además de que el acceso al mercado bursátil continúa siendo, como hemos insistido incansablemente desde el Instituto VIF, uno de los mayores retos financieros para México.

Por ejemplo, el volumen co­mercializado de las acciones en la BMV representó, en 2017, apenas 9.5% del PIB, también un dato inferior al promedio de América Latina y el Caribe (17.6%). Estos datos nos permiten contextualizar el tamaño del reto. No hay que olvidar que un mercado bursá­til desarrollado es un indicador fiable de que se están asignando eficientemente recursos al talento empresarial.

Recordemos que el vínculo entre el desarrollo financiero y bursátil de un país, su desarrollo humano y la reducción de la po­breza es muy estrecho. Así que es mejor que aceleremos el paso.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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