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Primer extranjero en el Ballet de Tokio / Danza 1990, Ciudad de México

 

El bailarín Braulio Álvarez ha vivido año y medio en Japón, donde, en mayo de este año, se convirtió en el primer solista extranjero en formar parte del Ballet de Tokio.

“No recuerdo el momento en que empecé a bailar; ni siquiera puedo recordar un momento en mi vida en que no hubiera danza. A los 11 años, decidí que quería dedicarme a esto y, a los 14, fui a Estados Unidos a estudiar con una beca. Para los bailarines mexicanos, las cosas no son fáciles porque costear la carrera es difícil; pero creo que nos distingue que somos muy aventureros, muy emprendedores”.

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En su caso, ese espíritu emprendedor queda demostrado con su trayectoria: Luego de estar en Estados Unidos, viajó a Europa a estudiar. Durante siete años, formó parte de la compañía de Ballet de Hamburgo. También participó, en tres ocasiones, en un evento denominado Jóvenes Coreógrafos del Ballet de Hamburgo, donde ha probado sus habilidades no sólo como bailarín, sino también como coreógrafo.

Llegó a Japón luego de haber conocido el país en una gira internacional. Posteriormente, hizo una audición para el Ballet de Tokio. Le notificaron que estaba entre los favoritos, pero tenía un factor en contra: no era japonés. La compañía, de más de 50 años, había tenido reglas inamovibles de admisión, de modo que, al ser aceptado, se volvió el primer extranjero que se integra con un contrato como solista.

“Siempre que hago un proyecto, me pregunto cómo lo haría si estuviera en México. Aquí [en Japón], la gente no se arriesga. El mexicano siempre busca la forma en que las cosas pasen; está dispuesto a explorar todas las opciones. Ser mexicano me ha enseñado a pensar que no todo es blanco y negro”.

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Choque cultural

Vivir en Tokio ha sido un reto para Álvarez, pues, más allá del leguaje, hay conceptos rígidos acerca de cómo deben ser las cosas. “La gente tiene una cultura muy estricta, incluso cerrada para [entender] algunas cosas. Como anécdota, puedo decir que, cuando llegué, compré una cama y, cuando la trajeron a casa, me dijeron que por el tamaño no entraría por la puerta. Yo me negué a creerlo, pues ellos no hicieron el menor intento, sólo lo descartaron. Se llevaron la cama. Entonces pedí que la volvieran a traer pero que la entregaran en la calle. Yo la metí solo. Ser mexicano es eso: no cerrarte a las posibilidades y buscar alternativas para lograr los objetivos”.

No todos se atreven a cambiar radicalmente su forma de vida. La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) señala que apenas son 11,000 los mexicanos que viven en Asia, una cifra baja, comparada con los más de 11 millones de mexicanos que viven en el extranjero (más de 90%, en Estados Unidos).

“El miedo al fracaso aquí es gigante, pero, como artista debes fracasar para crecer. Los japoneses son muy agradecidos, y eso es bueno; pero, en el ámbito académico, las personas tienen mucho miedo a fallar”.

Braulio Álvarez considera que todavía tiene espacio para crecer en la estructura del Ballet de Tokio; actualmente imparte clases de danza y sigue en el desarrollo de técnicas de coreografía.

“Mi sueño sería dirigir una compañía, hacer proyectos nuevos de ballet que conecten a México con el mundo, llevar nuestra música a lugares nuevos, contagiar al planeta nuestra alegría por bailar”.

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