La industria cinematográfica mexicana fabrica un par de películas al año que logran convertirse en fenómenos de taquilla (a veces duraderos en el inconsciente colectivo, como Nosotros los Nobles; otras no, Cásese quien pueda/No manches, Frida). La mayoría caben en el molde de las comedias románticas, el drama social o alguna combinación de ambas. Amar te duele, por ejemplo, cumple en ambas categorías y su influencia, así a ojo de buen memero, sigue al alza -curiosamente de manera inversamente proporcional a la carrera cinematográfica de Fernando Sariñana, pero ése es tema de otro texto-.

Camino a Marte (2017), la nueva película de Humberto Hinojosa Ozcariz, no logra salir por completo de ese costal, pero, al menos, su planteamiento presenta una búsqueda “diferente” a la presentada generalmente en este tipo de productos.

Emilia (Tessa Ia) es una enferma terminal de cáncer, ante su fatal diagnóstico, convence a su mejor amiga (Camila Sodi) de ir a su playa favorita para disfrutar unos días sin pensar en el final. En el camino, se encuentran con un desconocido, Mark (Luis Gerardo Méndez), que jura ser un extraterrestre cuya misión es terminar con la raza humana mediante un evento cataclísmico. Al mismo tiempo, los noticieros no dejan de mostrar imágenes de una tormenta gigantesca sobre el Océano Pacífico.

El tag line del póster, que hace referencia a buscar un amor de otro mundo, es suficiente para saber que la cinta no romperá ningún convencionalismo y todas sus pinceladas estarán dentro de los contornos.

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Bastan unos minutos para adivinar por dónde tomarán los protagonistas la carretera de su destino, sin embargo, la película es consciente de eso, no lucha contra esa inevitabilidad y, por el contrario, la abraza para hacer un par de comentarios que cumplan en todos los frentes (la violencia contra la mujer por medio del desinhibido personaje de Camila Sodi, por ejemplo).

Estamos ante un producto comercial que no pretende ser otra cosa, un entretenimiento que deje un buen sabor de boca, con actores reconocidos pasando un buen rato. El cine de la época dorada de Hollywood funcionaba bajo esos mismos pilares, guardadas las distancias claro, y es una señal de que, al menos, una productora/distribuidora (Videocine) parece haberle agarrado el pulso a la audiencia mexicana.

Camino a Marte bebe por igual de películas como Y tu mamá también (2001) que de K-Pax (2001), donde el ahora infame Kevin Spacey interpretó a un paciente psiquiátrico que aseguraba venir de otro mundo. Además, como un buen número de las historias producidas en nuestro país incluye un viaje liberador a la playa.

Una amplia franja del público podrá encontrar “algo” en Camino a Marte. Ya sea una historia inspiradora, algo de amor, locura juvenil, comedia o reflexiones sobre nuestro lugar en el mundo. Este cóctel tiene un poco de todo, suficiente para ser, tal vez, el nuevo taquillazo del cine mexicano.

 

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