La cultura corporativa es algo así como la personalidad de las instituciones y, tal como sucede con las personas, podemos encontrar una diversidad amplísima de estilos. Las hay muy serias y corporativas, las hay muy relajadas y cómodas, están las que parecen muy disipadas, hasta lúdicas y las que dan la impresión de que no existen estos ceremoniales. No podemos engañarnos, todas las organizaciones tienen una cultura corporativa y quienes se relacionan con ellas —sean externos y con más razón si están ahí adentro— deben entender cómo funcionan y como impactan en los individuos.

Las celebraciones y los ritos corporativos de fin de año adquieren relevancia ya que sirven para generar y potenciar el compromiso, crear auténticos los lazos de unión entre el equipo de trabajo y representan un esfuerzo por parte de la entidad que debe ser valorado y tomado en cuenta por agradecimiento genuino y también porque tienen un papel estratégico que debemos aprender a jugar. Los ritos concretos pueden ser costumbres sencillas o ceremonias grandilocuentes y complejas.  Insisto, depende de la personalidad de la organización el estilo que adopten estos rituales. Entender cómo operan no nos garantizan el éxito profesional de ninguna forma, pero no entenderlos nos suele traer dolores de cabeza. Al final, comprender la cultura organizacional implica ser parte de un grupo.

Puede ser que estas ceremonias surjan de forma espontánea o pueden estar diseñados por las organizaciones para crear conexiones emocionales con empleados, colaboradores y clientes. Ser tomados en cuenta para participar en fiesta anual, el brindis navideño, el intercambio de regalos, la comida de fin de año, han logrado la fidelidad y confianza entre empleados y empleadores, pero también entre externos como asesores, consejeros, proveedores. Así que si fuiste incluido en la lista es momento de generar una estrategia que te lleve a cosechar buenos resultados en el futuro. Los rituales y ceremonias de fin de año pueden ser operativos o festivos.

Los rituales operativos de fin de año tienen que ver con el día a día de la vida empresarial y también con aquellos preparativos para lo que será el próximo año. Generalmente, conforme empieza el mes de diciembre, comienzan también las asignaciones de presupuesto. Por eso, como dice el dicho, santo que no es visto no es adorado. Es en estas ocasiones donde las oportunidades de hacerse presentes pueden traer buenos resultados y la ausencia nos puede resultar igual de bien que balacearnos un pie. Un asesor debe visitar a sus clientes y propiciar una reunión de evaluación de resultados, un proveedor tiene que estar cerca en esos días, un subordinado debe estar atento de la retroalimentación de cierre de año. Algunas organizaciones preparan con anticipación todos estos ritos y otras lo hacen en forma más desparpajada y menos formal. En todo caso, es importante estar al pendiente del estilo para no quedar fuera del radar de visión y ser tomados en cuenta.

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Los rituales operativos tienen una relación estrecha con el control. Cuando un ritual de control se institucionaliza, cobra más fuerza, e incluso puede perder el foco original de para qué se hizo o se fomentó. Si formas parte de quienes están en el equipo u organización de este tipo de ceremonias, hay que tener en cuenta que se debe mantener también el control sobre el desarrollo del ritual en sí mismo y no permitir que se nos desborde.

Empresas tan importantes como Apple tienen ritos que se pueden hacer hasta en una Apple Store. El ritual que realizan los empleados consiste en un baile que ejecutan momentos antes de que se abran las puertas del negocio, seguido de la cuenta atrás para generar expectación entre los fans que esperan ansiosos y como fase final, hacen el paseíllo acompañado de aplausos que hacen a los clientes que entran por primera vez a la tienda. ¿Qué consiguen con todo ello? Se cumplen con muchos objetivos estratégicos que son importantes para la empresa como generar expectativas, reforzar el compromiso o conexión con el cliente, reforzar el sentimiento de marca e integración del equipo de trabajo. Una empresa que recibe con aplausos, sonrisas es difícil que no consiga ocupar un sitio en el corazón del cliente.

Los rituales festivos de fin de año tienen que ver con ceremonias especiales que buscan reforzar tradiciones. Muchos tienen un origen espontáneo que luego se ha ido aceptado y consolidado como una costumbre corporativa. Se trata de acciones que buscan convertirse en una seña de identidad y de la que se refieren como “nuestro ritual”. En ocasiones, la proclividad hacia este tipo de prácticas las convierte de facto en rituales oficiales. Se trata de ritos promovidos por alguna persona responsable y que dota de una aprobación que sin ser explicita será interpretada como una aprobación.

Hay otras ocasiones en que se crean rituales de forma premeditada que adquieren mucha importancia. Son ceremonias que deben estar en línea con el estilo, el lenguaje y la forma de convivir del grupo que se arraigan de forma importante en el imaginario colectivo de la organización. Incluso, si se pretende modificar esta actividad con otra nueva o modificar la costumbre es complicado. Debe de hacerse con cuidado sin perder el contacto con elementos ya presentes para no ser considerado como un elemento extraño. Si hacemos algo totalmente nuevo y alejado de “quienes creemos que somos” se puede provocar la sensación de ridículo o de rechazo a algo extraño.  Puede estar en la frontera y llevar a nuevos retos, pero debe integrase con la percepción que el grupo o institución tiene de sí mismo. Y en el caso de rituales nuevos siempre deben contar con la participación del liderazgo formal y de otros liderazgos subyacentes en el grupo.

Los rituales y ceremonias corporativas muestran elementos de inercia empresarial y de imagen organizacional. Mientras más relieve a estos elementos que son parte nodal de la cultura interna —máxime si han sido creados exprofeso— más cuidado se debe de tener frente a ellos. Una vez que se ha institucionalizado un ritual, es muy difícil de modificar o eliminar. Sus contenidos y formas marcarán la imagen del grupo y los involucrados de cara a aquellos que no pertenecen al grupo. Estos son elementos de comunicación persuasiva donde se muestran cómo promover el cambio a través de discursos, historias, ceremonias y símbolos. Son piezas estratégicas que debemos atender con cuidado y que jamás se deben subestimar. Lo peor que nos podría pasar es desentonar. Hay que estar preparados para entender y trabajar con ellos a nuestro favor.

Son muchos los ejemplos de personas que pierden oportunidades de crecimiento porque no supieron entender estos engranes de la cultura corporativa. En sentido opuesto, a muchos se les han abierto las puertas profesionales por entender los códigos y los ritmos de estas ceremonias especiales.

 

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