Una fiesta de negocios puede ser una estupenda oportunidad para sobresalir o un evento fatal en el que se puede tropezar estrepitosamente.

 

 

Parece increíble pero el mes de diciembre ya casi está aquí. Si consultamos la agenda es probable que ya estemos llenando los huecos con múltiples compromisos de fin de año. A estas alturas es casi seguro que todos hayan recibido la invitación para asistir a la fiesta anual de la compañía. Si la tuya ya está ahí, entre tus manos: ¡Cuidado! Tienes material que debe manejarse con precaución. El tema es serio: una fiesta de negocios puede ser una estupenda oportunidad para sobresalir o un evento fatal en el que se puede tropezar estrepitosamente, especialmente si la fiesta anual es de la empresa en la que trabajas.

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Hay que ser claros. La fiesta navideña de la compañía es el acontecimiento que brinda la ocasión para celebrar los resultados del año, para escuchar las noticias y planes para el siguiente periodo, para convivir con el jefe de tu jefe. Dado que estamos hablando de un evento de negocios y no de una fiesta familiar, debes tomar precauciones para asegurarte de tener un festejo seguro y profesional.

Recuerda que este tipo de reuniones son como un oxímoron, ya que los altos ejecutivos te estarán observando. Tendrán una lista de verificación y palomearán a los que se comportan adecuadamente, y tacharán a los que tengan conductas inapropiadas. Por lo tanto, es de suma importancia entender que, aunque se trata de una fiesta, también es un día de trabajo y uno muy relevante. Así que hay que llegar preparado.

De la misma forma en que te arreglas para una junta importante, prevés situaciones con anticipación para alcanzar los resultados deseados, dejas todo listo para que las cosas marchen tranquilamente, así hay que hacerlo para que la fiesta de fin de año de la compañía resulte un éxito para ti. A continuación algunas sugerencias:

1. La noche anterior a la fiesta aprovecha para dormir bien y llegar descansado. Recuerda, las ojeras y el cansancio no ayudan; tienes que llegar fresco y preparado, tal como lo harías cualquier otro día de trabajo. Elige tu vestuario con cuidado, inclínate por algo festivo pero profesional. Sé cuidadoso y no exageres: no te vistas desatinadamente elegante y, por favor, no uses algo demasiado casual. Si tienes dudas, la regla de oro es ser discreto y no mostrar mucha piel; evita las prendas arriesgadas. Créeme, los accidentes pasan y son sumamente vergonzosos. Usa la talla adecuada, evita las prendas entalladas o sumamente ajustadas; no te gustaría que un botón salga volando a media fiesta. Usa zapatos cómodos, pero olvídate de los tenis. Asegúrate de llevar algo con que taparte en caso de que haga frío.

2. Haz una lista de las personas que vas a estar atendiendo y apréndete sus nombres. Es muy agradable cuando llegas a saludar a la gente por su nombre. Estudia la mejor forma de hacer presentaciones: “Señor, ésta es mi esposa Lupita”, o “Juan, el señor Rodríguez es el dueño de la compañía”. Ensaya y hazlo bien. Debes estar cómodo y en control cuando llegue la situación de presentar a tu pareja con tu jefe o con tus subalternos.
Sé amable con todo el mundo y manéjate sabiamente. Nelson Rockefeller solía decir que el que no es agradable con un mesero, no es una persona agradable. A las empresas les gustan las personas amables. Sonríe, platica con todo el mundo. Haz uso de todas las habilidades de relación que son valiosas para la empresa. No te quedes únicamente en el grupo de tus amigos de la oficina; aprovecha para conocer a gente de otras áreas.

3. Bebe poco o casi nada. Si te es posible, aléjate del alcohol. Por ningún motivo quieres ser recordado como Rodolfo el Reno. Recuerda que estarás siendo observado, máxime si se te han pasado las copas. El alcohol es un artefacto peligroso en cualquier terreno empresarial. Hay miles de historias de empleados extraordinarios, de ejecutivos talentosos que bajo los efectos de unos cuantos tragos bajan su nivel de inhibición y precipitan su carrera profesional directo al barranco. Sabemos de las anécdotas de personas que han pasado las peores vergüenzas obnubiladas por los efectos del alcohol. Por lo tanto, recomiendo enfáticamente tener cuidado y restringir las oportunidades de postularse a ser el protagonista de la historia más humillante de la compañía.

4. Sé profesional pero no te extralimites. Hay una fina frontera que debes cuidar. No hay porqué ser el Señor Frío de la noche, distante y odioso. No es necesario exhibir el lenguaje corporativo que priva en los pasillos de la empresa. Es la oportunidad de ser empático y de congeniar, de incluir a las personas en la conversación y de derribar barreras. Debes dar la imagen de que estás feliz de estar ahí, y la mejor forma de hacerlo es estar sinceramente contento. Conecta con la gente. Es momento para los buenos deseos, no para hablar de aumentos de sueldo o de promociones. Olvídate de tratar de sacar ventaja de la buena disposición del jefe. Los ejecutivos detestan hablar de asuntos de trabajo ese día, por lo que considero un error abordarlos con esos temas en la fiesta.

5. Elige bien los temas de conversación. Evita los temas espinosos. No bromees sobre futbol, política, sexo, religión, racismo, salud o clases sociales. Recuerda que a pesar de estar en un ambiente de fiesta, la gente se puede sentir ofendida con ciertos temas, y eso es muy peligroso en un ambiente en el que hay alcohol y jefes observando. Es mejor hablar del clima o contar acerca de tus hobbies. Habla sobre tu último partido de tenis o comparte tu opinión sobre el libro que acabas de leer.

6. Cuida los detalles. No seas el primero en llegar ni seas el último en irte. Especialmente eso, no seas el último en salir del evento. Sé atento, pero sin exagerar. No acapares el micrófono ni te la pases callado toda la noche. Por ningún motivo aproveches la ocasión para ponerte romántico con nadie de la oficina. De preferencia no cantes con el mariachi, a menos que tengas una voz mejor que la de Plácido Domingo.

Las fiestas navideñas son parte de una tradición cultural arraigada en la dinámica empresarial para celebrar un año de trabajo duro. En ellas se crean lazos y se refuerzan las relaciones que existen entre los equipos de trabajo y los jefes. Ése es el principal propósito de este tipo de reuniones.

En las compañías grandes representan la oportunidad de reunirse todos juntos, de convivir con otras sucursales y de conocer a gente de otros departamentos. Es la ocasión de ponerle un rostro a los nombres y apellidos con los que nos relacionamos diariamente de forma electrónica o por teléfono. Estas fiestas deben ser divertidas, no motivo de posterior diversión.

La fiesta anual es el momento perfecto para construir relaciones que le son convenientes a la compañía; para eso la hace. Si realizas una buena labor y sabes mover las piezas adecuadamente, prosperarás en el trabajo y se abrirán puertas gracias a lo que lograste en la fiesta navideña.

En conclusión, aprovecha la oportunidad que te ofrece la fiesta anual.

 

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

 

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