La fuerza de la historia llega como bálsamo para un país al que mucho se le ha prometido, pero al cual poco se le ha cumplido.

Andrés Manuel López Obrador acarició largamente la Presidencia de México, pero él solo ha sido el reciente liderazgo de la izquierda que largamente esperó para dirigir el rumbo del país.

La historia no es justa en lo inmediato, y a veces, ni en la posteridad; hoy, el primer momento de la prometida Cuarta Transformación llegó con un discurso anclado en el pasado, con un dejo de rencor y un resabio de amargura. Entre las palabras que mostraron la ambición por la llegada del poder, hasta la expresión del compromiso por no fallar al pueblo; al pueblo que lo puso y hoy, dice, lo puede quitar.

El primer discurso, muy largo por cierto, fue tan anhelado que además de haber conmovido a muchos, sobre enfatizó la visión democrática del nuevo presidente de México.

Reiteradamente se asumió como un hombre respetuoso de las instituciones, pero el corolario fue la promesa de mantener las consultas, incluso para adoptar la revocación de mando. La gran sagacidad de López Obrador le llevó a decir que no piensa en la reelección pero sí en que cada dos años y medio pueda hacer una consulta para que sea el pueblo quien decida si se queda o se va.

El ambiente político más tenso que nunca, con una mayoría en las Cámaras, es el escenario perfecto para que del respeto a las instituciones se pase a la neutralización de éstas. La renovación a modo de la legislación puede ser letal para el sistema democrático en México. Porque, nos guste aceptarlo o no, a nuestro país le ha costado décadas lograr un entramado de instituciones perfectibles más nunca prescindibles.

El antagonismo con el que el presidente constitucional de México llega al poder, requiere transformarse en consenso, en unidad, jamás en imposición. No se puede iniciar gobierno con rencores añejos ni con divisionismos.

A López Obrador lo eligió el 25% de la población mexicana, no obstante, él debe gobernar para los más de 120 millones de habitantes, cuidando los intereses de cada sector de la población.

Su compromiso es con el pueblo, lo dijo, pero el pueblo somos todos, sobre todo quienes estamos dispuestos a trabajar en el mismo frente que él para que a México le vaya bien.

Nuestro presidente no puede pretender rescatar a la patria, cuando ello conlleva negar los capítulos más álgidos de la historia, aquellos que han delineado esto que somos y que marca hacia dónde queremos ir.

Si bien el contrapeso no está en la escena política del México de hoy, si está en la ciudadanía que vigilante del respeto a las instituciones y a la verdadera democracia, deberá ser quien resguarde el Estado mexicano.

El respeto al Pacto Federal será fundamental para que prevalezca la esencia misma de la República Federativa, la verdadera democracia mexicana deberá fortalecer la soberanía de los estados, de las instituciones y potenciando el desarrollo local, regional y nacional.

La Cuarta Transformación está en las manos del ciudadano mexicano, que hoy, más que nunca debe dejar de esperar  recibir para comenzar a dar.

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @ArleneRU

Linkedin: Arlene Ramírez-Uresti

Google+: Arlene Ramírez

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

El síndrome Fox Quesada en López Obrador
Por

Todas las acciones anunciadas, no son ocurrencias, sino parte de una estrategia cuya base es la decisión de la gente, do...