Por Alberto Sándel

La Municipalidad de Guatemala autorizó 33 licencias para construcción vertical en 2017. A esto hay que agregar los 29 proyectos en proceso de trámites que había en el primer trimestre de 2018. La mayoría de estos desarrollos se concentran de la zona 10 a la 15, con una mayor preferencia por esta última.

Hace tres lustros existían pocos proyectos de vivienda vertical, los cuales sólo se podían encontrar entre las Zonas 14 y 10 de la ciudad, dice Luz María Benavente, directora de mercadotecnia de la desarrolladora Milésimo: “a partir de 2017 la oferta de vivienda vertical se duplicó, pues resuelve problemas de ubicación y seguridad”.

Además, esta tendencia obedece a que las personas que en su momento buscaron vivienda en los suburbios aledaños a la ciudad, ahora regresan para ganar tiempo y evitar el congestionamiento vial, indica Sebastián Fernández, director de mercadotecnia de Grupo Rosul: “La gente está dispuesta a sacrificar metros cuadrados para tener un estilo de vida diferente y más cómodo”, agrega.

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Benavente ve algo positivo en esta proliferación, pues ha permitido que surjan “firmas de arquitectura que están innovando en sus diseños, sin sacrificar el confort, al mismo tiempo que dan una personalidad y un concepto al proyecto”.

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Además de quienes buscan generar patrimonio, la directiva de Milésimo hace hincapié en que este desarrollo del mercado ha permitido que los inversionistas compren con el fin de rentar el espacio y así conseguir un retorno.

Las barreras de la industria con el tiempo se han vuelto más pequeñas, lo que ha permitido que la oferta crezca, sin embargo, esto no implica que se haya hecho más fácil volverse exitoso, puntualiza Fernández.

El ejecutivo recalca que ha aumentado tanto la competencia nacional como la internacional, además de que junto a los grandes operadores, han surgido “muchos desarrolladores nuevos, los cuales no desean generar una infraestructura para hacer un negocio con un constante desarrollo, sólo construyeron un edificio porque tenían un terreno o algún excedente de capital”.

En la sociedad civil existen detractores contra la proliferación de la vivienda vertical, por cuestiones ambientales, de convivencia y viales, pero Fernández opina que deben buscarse los medios para solventar estas necesidades, pues no se puede detener el crecimiento de la ciudad.

Además, añade que “al generar una masa crítica se favorece al crecimiento de negocios secundarios alrededor, esto genera más empleos y que la economía se active en la zona”.

 

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