Se levantó de su asiento y dijo: Coach, mi hijo saca cinco en matemáticas, ¿Debo ponerle un profesor particular?

¿En qué saca diez? –Comenté-

No sé -contestó la madre-

Pues quien tiene cinco es usted – le dije- y no por querer ayudar a su hijo, sino ¿por no saber cómo?

El auditorio calló, no lo esperaban.

Mire señora, el problema no son las matemáticas, ¿Qué edad tiene su hijo?

12 años –contestó-

Y ¿desde cuándo se le complican las matemáticas? – pregunté-

Toda la vida –dijo-

¿Usted cree que su hijo querrá ser contador? – pregunté-

No, lo dudo, las odia – contestó-

Vaya a buscar pues, donde están los dieces de su hijo, para saber cómo orientarlo en lo que es bueno, pues ahí conseguirá de manera mucho más fácil el éxito en su vida.

Se quedó pensando en lo que le dije, y después preguntó: ¿entonces no le pongo profe de mate?

Ayúdele usted o su marido, pero no gaste en eso, es una mala inversión -le dije- ¿si sabe por qué, no?

Se quedó callada.

¿Usted gastaría en un profe de algo que no le gusta y en lo que jamás se va a dedicar, porque lo odia, o preferiría invertir en algo para ser mejor en algo que posiblemente le dará de comer el día de mañana?

Conversaciones como esta tengo constantemente en mis conferencias. El mundo ha cambiado, ahora no basta con tener una carrera, estudiar y conseguir un trabajo. Así pues, como coach, te comparto otra conversación y algunas preguntas interesantes:

Le dije a mi hijo que estudiara lo que más le gustaba, y ya me arrepentí, dijo.

¿Que fue? Pregunté

Música, contestó el padre.

¿Y qué piensa de ello?, pregunté.

El padre calló, e hizo un gesto de desagrado.

Qué se va a morir de hambre… afirmé, mientras volteé a ver las caras de los demás asistentes. Quienes se notaban empáticos al padre y a la situación.

¿Cuántos de ustedes, han pensado esto?, noté cómo muchos levantaban la mano, eran la mayoría. Y pedí que la dejaran levantada. ¿Cuántos de ustedes lo afirman o aseguran sin saber si su hijo pueda triunfar en aquello que desea?

Qué bueno que sus hijos no están aquí, pues sería una desgracia para ellos saber que sus padres no les tienen ni la mínima confianza en lo que desean, en sus capacidades o habilidades.

Luego pregunté: ¿Cuántos de ustedes, hacen algo que no les gusta, no les llena y no les apasiona? ¿Cuántos de ustedes han manipulado la cabeza de sus hijos para que ellos estudien otra cosa, o hagan otra cosa?

El problema es que los confunden por “hacerlos responsables” de los miedos que como padres tienen. El manejo de escenarios les puede hacer sentido y responsabilidad, pero es más importante el construir seguridad y certeza en ellos.

¿Qué tanto apoyas y descubres con ellos en donde están sus caminos de menor resistencia a la plenitud, a la riqueza, o al triunfo?

Hablar con ellos te será de ayuda, si deseas saber ¿qué es el triunfo, el éxito y la riqueza para ellos? Impulsar su liderazgo implica saber dónde está su camino, y hacerle ver sus decisiones como propias, sabiendo las implicaciones que representan, pero no desconfiando de él, sino apoyándole y construyendo su seguridad personal, piénsalo.

 

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