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Hace poco más de cuatro años, Gary Alazraki y Moisés Chiver recibieron la llamada más importante de su carrera. Procedía de Netflix y era para abrirles la puerta a las grandes ligas del mundo del streaming.

La oportunidad de producir para Netflix llegaba por el éxito de Nosotros los Nobles, producido por Alazraki Entertainment, filme que rompió récords de taquilla en México al recaudar más de 300 millones de pesos (mdp) y que habría de convertirse en la cinta más vista en la historia del cine nacional en aquel momento.

Lo que quería Netflix con aquella llamada era muy claro: una serie que evocara la esencia de Nosotros los Nobles, a fin de replicar su éxito en la televisión. “Netflix se fijó en México por varias razones: primero, por ser el país más cercano; también porque, para ellos, represen­taba un mercado muy fértil, con un gran potencial que no se estaba explorando”, explica Alazraki.

Antes de incursionar en el cine, Alazraki y Chiver habían hecho ca­rrera en la producción de comercia­les. Pero, a raíz del éxito de Nosotros los Nobles, Alazraki se había plantea­do lo que ahora les proponía Netflix: que la película tuviera una secuela fuera del cine.

Fue la pregunta de un amigo y fan de Nosotros los Nobles lo que detonó la idea que daría pie a Club de cuervos: ¿Qué pasaría si Javi Noble heredara un equipo de futbol como las Chivas? De golpe, todos los elementos deseados por los creativos estaban en la mesa: comedia, futbol y orgullo nacional. Fue entonces que comenzaron ocho meses de negociaciones con Netflix, hasta que el mismo Ted Sarandos, director de contenidos de la plataforma de streaming, dio el visto bueno a la idea para la serie.

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Rebuscando en el bolsillo

Los creadores tenían en sus manos una oportunidad de oro, pero México no estaba preparado para una produc­ción de esta magnitud. Ninguna de las producciones de Televisa, Canal Once e incluso HBO, como El Pantera, Paramédicos, Soy tu fan y Capadocia, habían traspasado las fronteras del país.

Después de analizar el panorama, Alazraki decidió que para Club de cuervos necesitaba un guion bien estructurado, así que se dio a la búsqueda de los mejores escritores. Viajó a Estados Unidos con ese fin, aunque, para ello, lo sabía, tuviera que invertir gran parte del presupuesto asignado.

“Nos aventamos al vacío… y en el aire nos crecieron alas; no sabíamos cómo hacerlo de origen”, destaca Chiver, pues sobre la marcha descubrieron que ha­cer una producción de gran magnitud requería de un mayor presupuesto y, aunque Netflix aportó una parte del dinero (cuyo monto no quiso revelar, por cláusulas de confidencialidad), se necesitaba un financiamiento mayor que absorbiera la producción. No había de otra: tenían que recurrir a un préstamo bancario, algo que no tenían contemplado y en lo que eran novatos.

“Para la fianza del banco, debíamos tener todos los contratos amarrados, tanto de locaciones, como de ac­tores… algo que nunca habíamos tenido que hacer.

Foto: Federico Garcia Castañeda/Netflix.

Pero esta vez era diferente: teníamos que dejar de usar la metodología ‘a la mexicana’, donde todo se hace de saliva, para tener todo de contrato”, agrega Chiver.

Como cualquiera que incursiona en un campo nuevo, ellos cometie­ron errores de principiantes: desde la negociación con Netflix, que deri­vó en un presupuesto más bajo de lo debido, hasta el surgimiento de nue­vos obstáculos. Sin embargo, ambos coincidieron en algo: era preferible sacrificar un mayor presupuesto, pero ganar la libertad creativa que Netflix puso en sus manos. Por ello, la primera entrega de la serie, más allá del monto económico contabi­lizado, la definen como el resultado de aportar sangre, sudor y lágrimas. O, como describe Alazraki, “termi­nábamos raspándole a los favores; así fue como se construyó la primera temporada de Club de cuervos”.

 

El debut

El 7 de agosto de 2015, Club de cuervos vivió su estreno mundial en Netflix, siendo, para la compañía, la primera producción original creada fuera de Estados Unidos y también la primera en español.

En aquel entonces, Netflix tenía presencia en 50 países y 65 millones de suscriptores, así que el proyecto de Alazraki y Chiver se convirtió en un experimento que habría de marcar una tendencia irreversible: la expansión de la empresa hacia producciones originales concebidas fuera de Estados Unidos.

El apoyo de la corporación a la serie mexicana fue total; tanto, que se creó una campaña publicitaria con espectaculares que presumían una nueva forma de hacer series en México. No pasó mucho tiempo para que Club de cuervos llamara la atención del público, pues reunía todos los elementos para convertirse en un éxito, desde la consolidación de un guion a cargo de excelentes escritores, hasta el cumplimiento de una demanda añeja del público mexicano: la creación de más pro­ducciones de calidad, a la altura de las estadounidenses.

“[Hicimos] una serie que no lidió con temas de narcos o migrantes. Incluso, nos salimos del centro del país para mostrar las riquezas de su interior y, además del tema del futbol, tuvimos el mejor talento, tanto al frente como detrás de las cámaras”, afirma Alazraki.

Una vez que la serie estuvo dispo­nible, los productores aún descono­cieron, por un tiempo, qué tan bien había sido recibida por la audiencia, salvo por los comentarios favorables que escuchaban por todas partes. La razón fue que Netflix no les compar­tió análisis alguno del impacto en la plataforma. Sólo supieron a través de representantes de la compañía de streaming que Club de cuervos era una de las series más vistas de prin­cipio a fin por los suscriptores.

Pero no quedó duda del éxito de la primera temporada y Netflix dio luz verde para la continuación de las tres siguientes entregas, conforme al plan original. El cierre de Club de cuervos llegó con una cuarta y últi­ma temporada, que ya se encuentra disponible en el catálogo mundial de la plataforma.

Las diferencias entre la primera temporada y la última son evidentes. La primera contó con la parti­cipación de 400 personas, entre actores y equipo de producción; la cuarta, con 800, además de 6,000 extras. La última entrega de la serie se rodó en más de 300 lo­caciones, ubicadas en Tepotzotlán (Estado de México), Pachuca (Hidalgo) y la ciudad de Puebla, con el fin de dar vida a la ficticia Nuevo Toledo.

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El icónico Quisoco de Nuevo Toledo. Foto: Angélica Escobar/Forbes México

El eco de Los Cuervos

Club de cuervos impulsó la expansión del gigante Netflix hacia la producción de contenidos originales. Y queda claro que la compañía continuará apostando por producciones con sello mexicano.

El año pasado, Erik Barmack, vicepresidente de con­tenidos originales de Netflix, anunció un presupuesto de 8,000 millones dólares (mdd) para la creación de contenido original destinado a la creación de, al menos, 700 producciones internacionales. Este presupuesto contempla a Latinoamérica, una región donde 70 pro­ducciones originales se encuentran en desarrollo. Todo, porque desde el estreno de Club de cuervos, en 2015, las producciones de Netflix se han multiplicado por cinco. Es innegable que la serie mexicana fue precursora de producciones como Narcos, coproducción de Méxi­co y Colombia, la brasileña 3% y Marsella, la primera serie europea. Tan sólo el año pasado, Netflix creó contenidos en 20 idiomas para más de 40 países.

Para el mercado mexicano, en tanto, la llegada de series de manufactura nacional se ha convertido en una constante, tras conquistar no sólo al público local, sino también al internacional. Y los alcances del éxito obte­nido son latentes en su transmisión en los 190 países en los que Netflix tiene presencia. Este año, por ejemplo, se inicia con la confirmación de dos series mexicanas: Tijuana y Monarca; ello, sin olvidar las franquicias que ya están produciendo sus siguientes temporadas, como La casa de las flores y Luis Miguel, la serie.

Alazraki y Chiver no son ajenos al impacto de Club de cuervos. “Cuando decidimos hacer una serie con Netflix, lo hicimos como algo que se necesitaba hacer urgentemente para romper el duopolio de las televiso­ras, las cuales sólo permiten grabar bajo sus condicio­nes, sin libertad creativa”, afirma Alazraki. Y va más allá: “No puedes aspirar a que exista una industria del entretenimiento cuando las dos televisoras [Televisa y Tv Azteca] producen todo desde adentro. Se necesitaba que se abriera la producción para tener más puertas por tocar, más lugares donde ofrecer nuestra creatividad”.

El cierre del ciclo

Tras cuatro años de grabaciones, el 25 de enero, Club de cuervos estrenó su cuarta y última temporada. Tanto para los productores, como para los actores, la serie marcó un antes y un después en sus carreras; entre ellos, Luis Gerardo Méndez y Mariana Treviño, los célebres hermanos Isabel y Chava Iglesias en la historia.

“Para mí, Chava Iglesias es un personaje divertido que me encantó interpretar, ya que representaba, en cierta parte, mi alter ego, que me permitía hacer y decir algo que yo ni diría”, afirma Méndez, quien tam­bién cerró un ciclo con un personaje al que, comenta, “mató para siempre unos meses atrás”, después de convi­vir con él por cuatro años.

Para Treviño, la experiencia de Club de cuervos ha sido sorpren­dente desde la primera temporada, sobre todo al percibir lo bien que la gente entendió a su personaje, que estaba destinado, o eso creía desde su perspectiva, a caer mal. “[Isabel Iglesias] me permitió embarcarme en un viaje en el que tuve que seguir su desarrollo y evolución de cerca, queriéndola mucho y poniéndole mucha fuerza, fuerza que me empu­jó a nivel personal”.

El final del viaje también dejará un buen sabor de boca en quienes han seguido las cuatro temporadas. “Nos despedimos con lo mejor que pudimos entregar. Nos esperan nue­vas aventuras en las que, seguramen­te, nos continuarán acompañando muchos de los que intervinieron en este proceso. Desde ahora, la gente, al entrar al catálogo de Netflix, podrá encontrar un show de calidad que estará a la par de otros interna­cionales”, afirma Alazraki.

Tras la última entrega, los pione­ros en la producción de contenidos para Netflix fuera de Estados Unidos continúan inmersos en la consoli­dación de su casa productora y ya visualizan nuevos proyectos, entre ellos, su regreso al mundo cinemato­gráfico con nuevas historias.

Los padres de Club de cuervos alistan nuevos vuelos.

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El debut global de Club de cuervos detonó la producción de streaming con sello mexicano. También revitalizó una industria creativa integrada por talento nacional que, actualmente, participa en producciones disponibles en Netflix.

Más allá del streaming

¿Cómo afirmar que Club de cuervos fue un éxito, si se desconoce su volumen de reproducciones en la plataforma de streaming? Para su creador, Gary Alazraki, el impacto de la franquicia va ligado a su pre­sencia en el mundo de la piratería.

Después del estreno de sus pri­meras temporadas, el equipo ficticio de la Liga Mexicana de Futbol cobró vida… o, al menos, sus camisetas, que, de pronto, comenzaron a estar a la venta en versiones no oficiales en distintas partes de México.

Ello planteó una oportunidad para los productores de la serie, quienes, después de tres tempora­das, decidieron finalmente poner a la venta la camiseta oficial de los Cuervos, sumando al barco la firma deportiva Charly Futbol, a cargo de la fabricación de unifor­mes para varios equipos de futbol profesionales.

Con la llegada del primer produc­to oficial de la franquicia, se conso­lidaron, al mismo tiempo, la eficacia en el desarrollo de la mercadotecnia de la marca Cuervos (impulsada por una campaña publicitaria de Netflix) y la llegada de Charly Futbol a la producción, al tomar parte activa en la tercera temporada.

Como era previsible, las cami­setas oficiales resultaron ser un éxito comercial. Muchos seguido­res de la serie querían tener una pieza cuyas propiedades eran las mismas de las camisetas profe­sionales usadas por los clubes de futbol reales.

En su última temporada, la alianza comercial entre el fabri­cante deportivo y los productores de la serie continúa. Basta ver los episodios de la cuarta temporada para conocer el nuevo uniforme de “la peste negra”, diseño exclu­sivo para los célebres Cuervos de Nuevo Toledo.

 

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