¿Alguna vez te has puesto a pensar sobre tu futuro? ¿Dónde te gustaría vivir, vacacionar o disfrutar la vida cuando llegues a la vejez? ¿Te gustaría practicar algún deporte o dedicarte a las artes? Estas son situaciones que tarde o temprano enfrentaremos y de nosotros depende la calidad que podamos otorgarle a nuestro “yo” del futuro.

En lo personal, me gustaría mudarme a un pueblo pequeño (y no es que me desagraden las grandes ciudades, sino que pienso que aquellos pueblos pequeños y pintorescos, donde uno puede ir a la panadería, al mercado y por un buen café sin la prisa que caracteriza a los grandes orbes, es un tesoro). Me gustaría dedicarme a la investigación y la docencia, así como dar largas caminatas por las tardes y cada verano poder recibir a mis nietos en casa para pasar días enteros de diversión.

Ahora que conoces un poco de mis planes, también tengo que compartirte una de las múltiples maneras para poder lograrlos. Estamos por completar la primera mitad del año y con ello ha llegado una de las temporadas predilectas en la planeación patrimonial: el reparto de utilidades en las empresas. Este beneficio de los trabajadores se aborda en el artículo 123 de nuestra Constitución Política e indica lo referente al derecho de los asalariados para recibir una participación en las utilidades de la empresa en la que laboren.

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Invocando mayor regulación, la Ley Federal del Trabajo en su capítulo VIII indica que el reparto de utilidades entre los trabajadores deberá efectuarse dentro de los 60 días siguientes a la fecha en que deba pagarse el impuesto anual y el monto a pagar se dividirá en dos partes iguales, mismas que se repartirán bajo dos criterios:

1. La primera mitad se repartirá por igual a todos los trabajadores, tomando en cuenta el número de días laborados durante el ejercicio y sin importar el nivel salarial.

2. La segunda mitad se repartirá en proporción al monto de los salarios devengados por el trabajo prestado durante el ejercicio.

Pero, ¿por qué es el as bajo la manga para nuestro retiro?

Por su naturaleza de ingreso extraordinario, es decir, un ingreso no esperado ni presupuestado en nuestra planeación (anual, semestral, mensual, quincenal o semanal), difícilmente podemos asegurar que ya lo tenemos contemplado para algún rubro específico (y claramente no significa que no nos lo podamos gastar en unas vacaciones, renovar electrodomésticos o remodelar la casa); de tal manera que, al ser un ingreso extraordinario, podemos destinarlo directamente a nuestro retiro y no asumirá el rol de gasto extraordinario.

Utilizarlo para abrir o aportar a nuestro Plan Personal de Retiro (PPR) o enviarlo a nuestra Afore como aportación complementaria para el retiro puede tener mayores beneficios aún que la propia aportación, ya que en el presente cercano puede permitirnos temas de deducibilidad de impuestos y repercutir en una potencial devolución de impuestos que podemos utilizar para el mismo fin y formar un círculo virtuoso dentro de nuestra vida laboral.

Por ejemplo, imagina que este año recibes 30 mil pesos de participación como trabajador en las utilidades de la empresa (PTU) y los aportas a tu PPR o a tu Afore y recibes un beneficio de deducción fiscal. En adición a tus deducciones personales de cada ejercicio, obtienes una devolución de impuestos de 20 mil pesos el año entrante y otros 30 mil pesos de PTU, esto hará que, sin poner un solo peso adicional, puedas aportar 50 mil pesos a tu retiro durante el año, lo que en 10 años podría convertirse en medio millón de pesos más los rendimientos que se puedan acumular. Y sin detenernos ahí, sumamos las aportaciones regulares que se realizan a nuestra Afore cuando somos asalariados. ¿Parece sencillo? En efecto, lo es.

Y aunque las cifras pueden variar año con año, hacerlo un hábito puede traer grandes beneficios para capitalizar hacia nuestro retiro sin tener salidas extraordinarias de recursos (después te contaré cómo he logrado adelantar el capital de más de un año de mi crédito hipotecario aprovechando los puntos de mi tarjeta de crédito y mis gastos corrientes).

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Ahora la pregunta es: ¿cómo empiezo? Tenemos dos alternativas:

Aportar a mi Afore: esta alternativa es la más sencilla si somos asalariados, ya que tendremos una cuenta individual de Afore activa. Únicamente debemos identificar en qué institución se encuentra nuestra cuenta, esto lo podemos hacer mediante nuestro número de seguridad social (NSS) y, a partir de ello, realizar el registro correspondiente. 

En caso de tener plenamente identificada y registrada tu cuenta, puedes solicitar realizar aportaciones complementarias para tu retiro desde 50 pesos y por diversos canales como teléfono, tiendas de conveniencia,aforewebaforemóvil, entre otros. Es importante que sean aportaciones complementarias para el retiro porque son las que cuentan con beneficios fiscales, aunque también hay de otros tipos. Te comparto este link para que conozcas más al respecto.

Iniciar o aportar a mi Plan Personal de Retiro (PPR): esta alternativa requiere un par de pasos adicionales, pero en lo personal me gusta como alternativa complementaria hacia nuestro retiro. Requiere hacer un scouting de diferentes instituciones para elegir la mejor alternativa para ti. Mi recomendación será un PPR que no comprometa una aportación fija durante el tiempo que lo tengas contratado. 

¿Por qué? Porque hoy tenemos certidumbre sobre nuestros flujos, pero en unos años no lo sabemos; la situación puede ser mucho mejor o no tan favorable. Recordemos que un plan de protección patrimonial debe blindarnos, no preocuparnos en tiempos de vacas flacas. Esa es mi primera recomendación. 

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La segunda es que te brinde la flexibilidad de realizar inversiones basadas en portafolios preestablecidos o en portafolios donde tú tengas poder de decisión. Esto hará que, si deseas elegir los instrumentos de inversión donde quieres que tu ahorro para el retiro genere rendimientos, puedas tener la alternativa, o en periodos donde quieras delegar la decisión, puedas hacerlo a través de estrategias previamente establecidas por la institución donde tengas los recursos; es decir, un traje a la medida. Hoy en día existen PPRs que te permiten comenzar con 10 mil pesos y así iniciar el camino hacia un mejor retiro.

Ahora que sabes esto, tienes mayores herramientas para estructurar tu retiro sin descuidar el presente y aprovechando los beneficios que nos brinda el sistema financiero. Si te surgen mayores dudas, mi recomendación es que siempre te acerques a los expertos financieros para llevar tu barco a buen puerto.

 

* Juan Carlos Cruz Tapia, docente de la Escuela Bancaria y Comercial y especialista en finanzas.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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