El paraíso existe. Herdade da Comporta es propiedad de la familia Espírito Santo, dueños de la segunda banca privada más importante de Portugal. Descubrimos el refugio favorito de la jet-set y el secreto mejor guardado del Atlántico.

 

Por Álvaro Retana

 

Los ricos son impacientes. No les gusta esperar a otra vida para disfrutar del paraíso, lo quieren en ésta. Richard Branson no tardó ni dos años en reconstruir la casa que fue destruida por el fuego en la isla privada de Necker Island. El magnate ruso Dmitry Rybolovlev, quien acaba de protagonizar el divorcio más caro de la historia —3,200 millones de euros (mde) [4,500 millones de dólares (mdd)]—, le regaló la mítica isla de Skorpios —que adquirió por 200 mdd— a su hija Ekaterina. Pero no hace falta ser millonario para disfrutar del paraíso. En México es posible hacerlo en oasis como Holbox o Isla Mujeres (Quintana Roo), aunque hay otras 2 500 islas repartidas por todo el litoral. En Europa, en cambio, es más difícil encontrar espacios vírgenes donde la avidez inmobiliaria no haya destrozado aún el paisaje convirtiéndolo en una jungla de asfalto. Sin embargo, aún quedan rincones inéditos que los connoisseurs guardan celosamente como un secreto.

Uno de estos refugios es Comporta, en Portugal, que se ha convertido en el destino favorito de magnates, estrellas y royals, como los hijos de Carolina de Mónaco, Rania de Jordania, los príncipes de Asturias, el matrimonio Sarkozy-Bruni, el diseñador de zapatos Christian Louboutin, el interiorista favorito de la alta sociedad francesa, Jacques Grange y la actriz británica Kristin Scott Thomas.

No son los primeros visitantes ilustres que caen rendidos a sus encantos. El escritor danés Hans Christian Andersen, quien visitó la zona en 1866, describió este rincón de Portugal como «un lugar de paz y tranquilidad que desearía comunicar a todos los hombres». Pero, ¿qué ofrece esta pequeña freguesia portuguesa situada a sólo una hora en coche desde Lisboa para haberse convertido en uno de los destinos más sobresalientes y exclusivos de Europa, a la altura de los Hamptons en la Costa Este de Estados Unidos? En primer lugar, privacidad. Sus discretos habitantes están tan acostumbrados a los invitados ilustres que, para ellos, su presencia pasa inadvertida. «En Comporta he encontrado la tranquilidad para vivir una vida normal; en sus playas y restaurantes paso desapercibido», asegura Christian Louboutin.

Situada en la península de Troia, a 100 kilómetros de la capital portuguesa, con sus 12,500 hectáreas de terreno, Herdade da Comporta es considerada la mayor propiedad privada de Portugal. Pertenece al Grupo Espírito Santo, uno de los consorcios familiares más poderosos de Europa con activos de 5,000 mde (más de 6,800 mdd). Sus orígenes se remontan al siglo XIX, cuando el patriarca José Maria do Espírito Santo Silva, sentó las bases del emporio empresarial entre 1869 y 1884. Actualmente, el presidente y administrador de la propiedad es Carlos Manuel Espírito Santo Beirão da Veiga, más conocido como Carloto. Este hombre de 51 años, alto y elegante, es primo de Ricardo Salgado, actual presidente del Banco Espírito Santo (BES), el segundo banco privado del país con una cuota de mercado de 20%, y nieto de Manuel Ribeiro do Espírito Santo Silva, quien en 1955 adquirió Herdade, fundada en 1836 por la Companhia das Lezírias do Tejo e do Sado. «Mi abuelo y su hermano poseían el 80% y sus socios el 20% restante de la hacienda», que era sede de una empresa agrícola propietaria de campos de arroz, fábricas, viñedos y una bodega donde se elaboraban vinos blancos y rosados. Veinte años después, en 1975, al año siguiente de la Revolución de los Claveles —que provocó la caída de la dictadura salazarista y convirtió a Portugal en una democracia—, la hacienda fue expropiada por el Estado, que decidió devolverla a la familia Espírito Santo en 1991 con una condición: debían pagar alquiler durante 19 años.

A partir de la década de 1990, los Espírito Santo cambiaron este planteamiento tradicional, respetando los límites de la heredad con una visión que conjugaba la vocación empresarial y la filosofía eco. «Poco a poco empezamos a negociar la compra de terrenos y casas con las personas que vivían en el campo. Después fuimos recuperando zonas agrícolas y hortícolas, así como el arrozal y los viñedos. Por último, acometimos las zonas urbanas, donde había 435 casas cuando nos entregaron la propiedad», explica Espírito Santo, quien entró en el proyecto cuando tenía 33 años.

Hoy, las siete aldeas que componen la heredad —Pego, Carvalhal, Brejos, Torre, Possanco, Brejos da Carrasqueira y Comporta, con una población de 3,500 habitantes, que se duplica en verano— forman parte de un ambicioso proyecto turístico que busca ser un espacio ecológico deluxe donde el respeto a la naturaleza y a un paisaje todavía virgen marquen las pautas de un desarrollo urbanístico sostenible. «Nuestro proyecto de desarrollo turístico sólo supondrá el 6% del total de la propiedad», asegura el administrador. Este proyecto está integrado por dos áreas, Comporta Dunes y Comporta Links —un total de 742 hectáreas situadas entre los municipios de Grándola y Alcácer do Sal—, que se caracterizan por su baja densidad de construcción y por estar enfocados al deporte, la salud y el bienestar. Uno de sus puntos fuertes será la apertura en 2015 del resort, Amandura, primero de la cadena asiática Aman Resorts en la península ibérica. Según los expertos, esto situará a Comporta en el mapa del turismo de lujo y lo equiparará a destinos como Saint-Tropez, Ibiza o Cerdeña.

Pero Comporta no ofrece glamour, fiesta o paparazzi. Su gran atractivo se basa en la tranquilidade: kilómetrosy kilómetros de arrozales entre infinitos canalesde agua, altas dunas de arena, hectáreas de pinares ypequeñas casas encaladas pertenecientes a granjerosy pescadores, con ventanas enmarcadas en azul y tejadosrojos que crujen cuando sopla la brisa atlántica.La humildad de estas construcciones tradicionales nocorresponde con su precio de renta. «En área urbana unterreno con cabaña oscila entre los 500 000 y los 2 mde.En zona turística, el metro cuesta entre 3,000 y 5,000euros», informa el presidente de la heredad.

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La arcadia portuguesa

Desde que en la década de 1980 el decorador Pedro Espírito Santo —miembro del clan compuesto por un centenar de primos que cada verano se reúne en las 30 casas de su propiedad—, comenzó a recuperar las cabañas de los pescadores, el lugar se ha convertido en objeto de deseo para miembros de la jet-set internacional. La mayoría de la gente tiene casa o alquila una. Apenas hay hoteles, salvo los de Troia, donde se encuentran el Aqualuz y el Troia Design Hotel. A lo largo de caminos que se abren a más de 60 kilómetros de playas vírgenes, hallamos cabañas desperdigadas y mimetizadas con el paisaje. Tras su modesto aspecto se esconden todas las comodidades de un lujo discreto: piscinas, terrazas que miran a las dunas o a los arrozales y una decoración minimal en la que nada es casual: suelos de cemento pulido, madera sin tratar y arena para caminar descalzos, alternan con acogedores interiores de aire rústico.

Destacan también las nuevas construcciones diseñadas por Nuno Carvalho, el arquitecto preferido por los habituales de la zona, con una cartera de clientes que incluye a Louboutin, al pintor Anselm Kiefer, la directora de cine Sofia Coppola, la ex modelo Farida Khelfa, musa de Jean Paul Gaultier, la condesa Albina du Boisrouvray… El fotógrafo, empresario y especialista en networking, Francisco Uhlfelder, considera que el ambiente que hoy se respira en Comporta es muy similar «al de Marrakech de los años 60 que vivieron Yves Saint-Laurent y sus amigos».

Comporta es un microcosmos idílico donde disfrutar de una reducida red de amigos y conocidos. ¿Un ejemplo? La playa de Pego donde —a diferencia del resto de playas que son de acceso público— sólo se puede acceder con un carnet de residente. Allí se encuentra Sal, uno de los restaurantes más exclusivos de la zona, propiedad de cinco primos Espírito Santo. «Sal es una extensión de tu propia casa, una terraza al mar donde encontrar a tu familia y amigos», explica Tiago Brito e Cunha, uno de los dueños. La hacienda familiar cuenta con otros cuatro restaurantes: Comporta Café, Ilha do Arroz, Os Pescadores y Museo do Arroz, este último propiedad de Isabelinha y Tozé Carvalho. El local, instalado en una antigua factoría con una terraza que mira a los campos de arroz, ofrece un ambiente cálido con un toque shabby chic. Entre sus clientes figuran el fotógrafo peruano Mario Testino o la ex modelo italiana Antonia Dell’Atte.

La vida social de Comporta no se desarrolla de cara al público, sino en la intimidad. Como en los Hamptons, las cenas entre amigos, los picnics o los cocteles en las casas constituyen el momento álgido de la jornada. Se trata del contrapunto perfecto a estampas tan típicas como la subasta de pescado que se lleva a cabo en el puerto de Carrasqueira a primera hora de la mañana. Los residentes temen que el desarrollo urbano de la zona pueda acabar con este ambiente idílico, a medio camino entre una reserva natural y un Country Club. Sin embargo, las estrictas leyes portuguesas en materia de protección del medio ambiente garantizan que el proyecto se mantenga dentro de unos parámetros ecológicos muy distintos de los que primaron en las costas del sur de Portugal en la década 1970. Con una inversión inicial de 92 mde (125 mdd), el proyecto contará con dos campos de golf —uno de ellos diseñado por el escocés David McLay Kidd— que aspiran a celebrar la Ryder Cup, un centro hípico, varios hoteles y 600 casas, la mayoría obra del arquitecto Pedro Ferreira Pinto. «Queremos introducir poco a poco el turismo, que traerá consigo empleos, ingresos y calidad de vida. No se trata de plantar aquí una urbanización que arrase con todo y no nos dé nada», aclara Espírito Santo.

Por el momento, Comporta mantiene su adn de rincón familiar donde todos sus miembros se conocen entre carreteras de tierra, dunas, bosques de pino manso y bravo (el que da piñones), y praias color pastel de nata. Quien desee comprar una parcela o una vivienda aquí, ya sea dentro de la heredad o fuera de los terrenos de los Espírito Santo, verá acelerado el proceso si viene recomendado por alguien, como en los exclusivos edificios de Central Park, donde la junta de vecinos decide quién puede, y quién no, comprar un departamento. El acceso a Comporta es público, como casi todas sus playas, pero su verdadera esencia es privada. Y no está en manos de los Espírito Santo, sino de sus habitantes, ésos que cuando se cruzan con Louboutin no giran la cabeza porque tienen otras cosas en las que pensar. Preocupaciones reales. «Vivir no es necesario, navegar sí».

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