El modelo de comunicación del presidente en sus conferencias matutinas le permite una interacción directa con los medios y la sociedad, lo hace de manera tempranera marcando los temas de la agenda y le permite crear la percepción de dedicación al ser el actor político predominante.

La exposición es muy favorable, actualmente no hay ningún actor que pueda compararse ni en nivel de alcance ni en aceptación y mucho menos acercarse a debatir, contestar o replicar sus mensajes; sin estar exento de polémica o discusiones, dispone de un espacio privilegiado de contacto popular.

Los recientes pronunciamientos del ejecutivo se mantienen en la línea de combinar la comunicación política de gobierno con esquemas de difusión de acciones con contenido propagandístico que soporten las políticas públicas de la denominada Cuarta Transformación.

El nivel de aceptación con el que cuenta el presidente le permite un margen de maniobra inédito (por lo menos en los últimos 25 años) y al gozar de un apoyo mayoritario puede buscar un contacto más directo con el pueblo para legitimar acciones de mayor alcance que sus predecesores.

Todo el legado negativo de los presidentes anteriores le da todavía mucho material para la burla, la denostación y para evidenciar las innumerables fallas, omisiones y corruptelas fraguadas a la sombra y complicidad del gobierno.

Ninguno de sus adversarios puede defender lo indefendible y cada una de las ofertas que hace el presidente en términos sociales va a ser aceptada de forma inmediata. A pesar de los avances, inconsistencias y retrocesos, la sociedad sigue fiel a la percepción de que el modelo propuesto es mejor que lo que había recibido, particularmente en términos de mejorar sus expectativas, movilidad social y mayores oportunidades.

Marcar el fin del neoliberalismo en efecto era necesario, es parte del contenido de los grandes cambios necesarios en la sociedad para marcar el fin de la concentración de la riqueza, la falta de oportunidades, marginación y pobreza extrema que nadie puede negar. Se apuesta por la redistribución, el fin de los privilegios y la reversa de añejos agravios.

Sin embargo, aún falta mucho que demostrar contundente y concretamente en materia de seguridad, combate a la corrupción y la modernización de la administración pública. El discurso sigue vivo, convence, articula a la gente, pero los resultados todavía no son los óptimos.

Es también relevante que el gobierno busque establecer líneas de mediación, suma y acercamiento con los sectores industriales, empresariales y económicos para demostrar que el consenso y la conciliación pueden favorecer a aquellos que no fueron parte de la corrupción ni de los malos manejos en el gobierno; existen emprendedores, innovadores, empresarios nacionalistas que están dispuestos a jugársela por México y que no deben ser excluidos per se.

Aunque es un hecho que el presidente se encuentra en el centro de la comunicación política digital y mediática; la exposición diaria siempre esta sujeta a un desgaste y entre sus seguidores el asunto es muy positivo por que fortalece la relación de apoyo y cercanía, aunque al mismo tiempo lo aproxima a la critica y actitud contestaria de sus detractores.

En el recuento de poco más de 100 días de nuevo régimen, así como se dan mensajes claros para decir que no habrá reelección y que existe una auténtica convicción por la democracia, es necesario definir las acciones, programas y políticas que habrán de demostrar solidez y estabilidad en el rumbo del país durante los siguientes años.

De la misma manera, dejar atrás el pasado vergonzoso del neoliberalismo concentrador, corrupto, inequitativo y desigual requiere de una declaración muy precisa de los alcances, lineamientos, esquemas, herramientas y contenidos de la política económica, finanzas públicas, inversión y proyectos necesarios para lograr el desarrollo sustentable prometido.

Algunos nombramientos en puestos clave han dejado dudas, es la hora de demostrar en los hechos y con resultados que nada va a detener un proyecto de nación distinta, esa construcción requiere no solo de buenas intenciones, empatía o proximidad sino de talento, integridad y la honestidad incorruptible.

El presidente también debe generar el crecimiento de algunos de los funcionarios del gobierno para que vayan construyendo su propia esfera de comunicación y para que sin protagonismo ni excesos se transformen en agentes de cambio, todos los ejes de programas, planes y políticas públicas requieren de esos liderazgos sectoriales desconcentrados.

Existen muchas reformas en construcción, nuevas rutas y quehacer de gobierno; la convocatoria social es muy amplia; pero, más allá de la polémica y la transparencia, exige eficiencia y remodelación de la gestión, acción política y comunicación objetiva, basada en resultados, cifras, datos, inobjetables y precisos.

 

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