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Más de 2,000 integrantes de la Legión Americana, una organización de veteranos de guerra estadunidense, celebraban una convención en el Bellevue- Stratford Hotel de Filadelfia, en 1976. Días después de la clausura, 29 personas, incluidos otros huéspedes, murieron de una especie de neumonía que, se supo luego, se dispersó por los ductos del aire acondicionado. El hecho dejó clara la importancia que tiene la calidad del oxígeno que se respira en los edificios.

Pese a experiencias como ésa, en México no se da la importancia debida a las condiciones ambientales al interior de oficinas y otros espacios de uso público prolongado.

El “síndrome del edificio enfermo”, por tanto, está muy extendido en el país, en detrimento de la productividad. Se diagnostica con este mal a instalaciones (sobre todo, centros de trabajo) en las que la calidad del aire es tan baja que produce en sus ocupantes enfermedades respiratorias, dolor de cabeza o cansancio.

La correcta instalación de sistemas de aire acondicionado es el tratamiento que se debe dar a un edificio enfermo. Y, por el contrario, la instalación de equipos inadecuados o el uso de una instalación deficiente puede agravar el problema.

Pero proporcionar un ambiente saludable en un edificio tiene costos. Sólo en gasto de electricidad, los equipos representan una buena parte de recibo de luz de un inmueble: entre 40 y 50% en promedio, en el caso de un corporativo AAA, y alrededor de 60% en uno ubicado en una zona de temperaturas extremas como Monterrey, según estimaciones.

Pese a la dispareja calidad del aire que se respira en la mayoría de los centros de trabajo del país, la industria del aire acondicionado está en crecimiento, revelan los pocos datos existentes. Sólo el mercado de venta de equipos tiene un valor de 850 millones de dólares (mdd), según estudios hechos por terceros para la empresa Daikin. Si se agregan gastos como diseño e instalación, la cifra aumenta a cerca de 1,1000 mdd, calcula Javier Moreno, director comercial de esta empresa en México.

Este año, el negocio crecerá 5% y, el entrante, 7%, estima la Sociedad Estadounidense de Ingenieros de Calefacción, Refrigeración y Aire Acondicionado Capítulo Ciudad de México (ASHRAE, en inglés).

La tendencia al alza es mundial: el valor de la industria ascendía a 104,400 mdd en 2015, y se prevé que, para 2024, alcanzará 167,000 mdd, según la consultora Transparency Market Research. En unidades, la Asociación Japonesa de la Industria de Refrigeración y Aire Acondicionado (JRAIA) estimó que, en 2017, el mercado mundial alcanzaría una demanda de 110.56 millones de unidades de aire acondicionado, 8.1% más que en 2016.

Un sector que impulsa el mercado en México es el de los grandes hoteles construidos en años recientes en zonas turísticas, como la Riviera Maya. También el aumento del parque de edificios corporativos en la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara y la infinidad de centros comerciales que se construyen en la mayoría de las urbes del país.

Igualmente, eleva la demanda de aires acondicionados la construcción de hospitales, escuelas e industrias, y el parque habitacional de reciente edificación.

Darío Ibargüengoitia, presidente de ASHRAE Ciudad de México, calcula que, a escala global, de 2005 a 2015 se incrementó 57% el número de competidores y patentes. Como consecuencia, nuestro país cuenta con una variada gama de empresas internacionales proveedoras de equipos, entre las que destacan Trane, York, Daikin y Carrier. A ello se suma la llegada de productos provenientes de China, como es el caso de Midea.

Mantener un buen sistema de aire acondicionado puede ser la diferencia entre tener empleados sanos o enfermos. Foto: Getty Images.

De la tos al dolor de cabeza

A pesar de la disponibilidad de equipos, no todos los edificios tienen una instalación eficiente. Cuatro de cada 10 no dedican adecuadamente sus recursos al aire acondicionado, calcula Alejandro Trillo Herrera, vicepresidente de Sustentabilidad para México (SUME), organismo afiliado al Consejo Mundial de Edificios Verdes (WGBC).

En ocasiones, la instalación se realiza para cumplir con una necesidad, y hay quien dice: “Aquí hace mucho calor; pónganme un equipo”, y compran un minisplit (en el que una parte de la instalación va en la habitación y otra en el exterior) que no cuenta con el refrigerante más actualizado, en lugar de adquirir un refrigerante ecológico cuyo costo es más alto, cuenta Trillo.

El consultor narra que hay casos más cuestionables: edificios que fueron concebidos sin aire acondicionado a fin de reducir costos, y con la idea de buscar, ya con el edificio construido, a un especialista que solucione el problema, lo que termina en una respuesta inadecuada, pues la instalación debe adaptarse a un espacio ya existente.

Las edificaciones con esas condiciones se suman a las que padecen el síndrome del edificio enfermo, que, en buena parte, tiene su origen en un sistema de aire acondicionado deficiente, así como en los hongos que la humedad produce en las alfombras, los compuestos volátiles orgánicos (VOC, en inglés) que desprende el mobiliario, las pinturas, maderas, aglomerados, impresoras o copiadoras, y la contaminación que esparcen las personas al estornudar o por la saliva que expulsan al toser o hablar.

Todos tienen culpa

En el caso de los hospitales, la calidad del aire puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, puesto que un sistema eficiente evita la propagación de enfermedades aerotransportadas y, por lo tanto, ataja la alta incidencia de infecciones postoperatorias.

Desde hace unos cinco años, el IMSS y el ISSSTE empezaron a solicitar que los hospitales se diseñaran de acuerdo con estándares internacionales, lo que ha mejorado la calidad y eficiencia de las instalaciones, explica Ibargüengoitia.

Ahora falta hacer una revisión de los inmuebles antiguos, pues la ventilación es uno de sus problemas recurrentes: “Si no tenemos un quirófano bien ventilado, no tenemos una sala de recuperación o una sala de terapia intensiva bien acondicionadas”, comenta Ibargüengoitia.

En sus 25 años de carrera, Marisa Jiménez de Segovia, directora de la compañía Air Care de México, sólo ha visto un hospital sin sistemas de filtración, y era del ámbito privado. “A veces, hasta en un buen diseño instalan los filtros [mal] y hay fuga. Por dar un ejemplo, una fuga de 10 milímetros puede hacer que baje la eficiencia de un filtro a la mitad, porque el aire se va a ir por donde tenga menor restricción”, ejemplifica.

Donde hay mucho por hacer es en las escuelas primarias, dicen especialistas. Una buena calidad del aire reduce el ausentismo de maestros y alumnos, señalan, pues baja el contagio de infecciones respiratorias. Muchos centros educativos no tienen sistemas y, los que cuentan con ellos, utilizan un minisplit, aparatos a los que no se puede poner un buen sistema de filtración, puntualiza Jiménez de Segovia. En esos casos, recomienda tener purificadores que ayuden a recircular el aire para alcanzar ciertos recambios por hora.

De vuelta a las oficinas, las que poseen una certificación LEED (de sustentabilidad, otorgada por el GBC), adoptan los estándares de ASHRAE. Pero, de los inmuebles que no son AAA, aproximadamente 30% no cuenta con la mejor solución en aire acondicionado en cuanto a eficiencia energética y confort, calcula Trillo.

Uno de los casos más extremos conocido por Jiménez de Segovia es el de un corporativo “grande” de la ciudad de Monterrey, que tenía fibra de vidrio en el interior de los ductos, con desprendimiento de fragmentos de este material, que puede ser cancerígeno.

“En la mayoría de los edificios, si quitamos los AAA, falta conciencia para mantener el sistema de aire acondicionado en óptimas condiciones y, muchas veces, nada más se preocupan cuando éste se descompone”, indica la directora de Air Care de México.

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En los centros comerciales, la experta no observa que los operadores se preocupen por la salud de sus ocupantes y dice que muchas veces sólo procuran poner un filtro que proteja, sobre todo, la maquinaria, bajo el argumento de que la gente entra y sale.

Algo similar ocurre en las fábricas, donde la mayor atención está en preservar productos y procesos. En una planta automotriz, los filtros están pensados para cuidar la pintura del automóvil, del mismo modo que en los laboratorios farmacéuticos la atención está puesta en los medicamentos en proceso de producción y, en las naves de manufactura, en evitar que el polvo dañe las pantallas de televisión de la línea de ensamble o los componentes de computadora.

“En pocas palabras, los filtros los puedes enfocar a cuidar el equipo de aire acondicionado como tal; y así fue como históricamente empezaron los filtros, no para proteger a la gente”, dice Jiménez de Segovia, y también puntualiza que cada vez hay más conciencia en cuidar la salud de quienes ocupan las instalaciones.

Zona de congelamiento

La falta de normatividad es uno de los puntos flacos del negocio de aire acondicionado en México, dado que no hay una clasificación aplicable a la ventilación y a la calidad del ambiente.

“Si revisas el Reglamento de Construcción [de la Ciudad de México], no se habla gran cosa de lo que es el acondicionamiento y la ventilación. Toca un poco la ventilación [y lo hace] de manera muy burda; pero ahora estamos empezando a escribir esas normas para hacer más profesional y competitiva esta industria”, cita Ibargüengoitia, de la ASHRAE Ciudad de México.

En Estados Unidos, en cambio, hay instituciones como la ASHRAE, que constantemente actualizan las especificaciones. En consonancia con ello, 354 edificios mexicanos han optado por la certificación LEED en los últimos años, la cual exige las reglas de la ASHRAE.

Con la finalidad de acelerar el cambio, la ASHRAE Ciudad de México, junto con el Organismo Nacional de Normalización y Certificación de la Construcción y Edificación (ONNCCE), la Secretaría de Energía (Sener) y la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (Conuee), trabajan en el desarrollo de distintas normas mexicanas (NMX), las cuales tienen el inconveniente de que sólo son de carácter voluntario.

Por ejemplo, de la mano de la Dirección General de Normas (DGN), algunas de estas instituciones recientemente terminaron la NMX-C-7730-ONNCCE-Ergono¬mía Térmica, la cual está en espera de su publicación en el Diario Oficial de la Federación (DOF).

Y, del lado de los sistemas, ya hay una norma de comisionamiento (NMX-C-506-ONNCCE-2015-Edificación–Comisionamiento), que pretende asegurarse de la calidad de diseño, construcción y operación de los sistemas, y evitar el cambio de especificaciones. El problema es que no hay una institución encargada de verificar que realmente se cumplan los estándares y que renueve la certificación de los agentes de condicionamiento (supervisores), los cuales ya existen.

A esto hay que agregar que empresas como Daikin promueven con la Sener reducir el refrigerante R410A, y en su lugar, emplear el R32, que es más ecológico. “De hecho, ya es un estándar en Europa, y en muchos países de Asia es lo único que se utiliza. En México tenemos que lograr que sea aceptado. Ya hemos instalado algunos a nivel piloto [con Sener]”, enfatiza Moreno, de la compañía japonesa.

También es necesario que la normatividad continúe elevando sus estándares, pues el mercado espera un crecimiento de 7% para el próximo año, lo que representará un riesgo para los habitantes de los edificios públicos, quienes, si se continúa con la instalación de sistemas de aire acondicionado deficientes, se unirán a la larga lista de empleados, estudiantes y visitantes enfermos que, evidentemente, bajarán su rendimiento.

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Foto: Daikin.

Reglas para elegir el mejor sistema

1) Saber el perfil de carga.

2) Conocer la secuencia de operación (redundancia, arreglos, reliability).

3) Percatarse de las certificaciones a las que aspira el inmueble.

4) Clarificar si es un edificio patrimonial o para venta.

5) Tener espacios disponibles para cuartos de máquinas.

6) Medir el alcance de automatización del inmueble.

7) Ver las condiciones de diseño:

  • Ubicación del inmueble
  • Temperaturas, calidad del aire
  • Restricciones

Fuente: Daikin

 

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