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Cuando Santiago Urquiza comenzó a hablar con la prensa sobre una nueva bolsa de valores, decía que era importante tener un segundo mercado con la vista puesta en las medianas empresas. El discurso de la Bolsa Institucional de Valores (Biva) no ha cambiado mucho desde entonces; sin embargo, se ha adecuado a una realidad en la que los costos de intermediación y la débil cultura institucional en las empresas son obstáculos para ampliar el mercado bursátil.

¿Por qué no hay más en la bolsa?

Al cierre del año pasado, la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), en ese entonces la única plaza bursátil, reportó 141 empresas listadas. A lo largo del año se registraron apenas cinco ofertas públicas primarias.

En los últimos siete años, hasta el año 2017, sólo 27 empresas se han sumado al mercado de valores, lo que hace que resulte difícil pensar que, en los próximos tres años, pueda alcanzarse la meta de sumar 200 emisoras.

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“Hay dos tipos de empresas: las que tienen el tamaño necesario, pero no tienen la institucionalización, y las que están a punto de lograr el tamaño, pero ya pueden avanzar en adoptar una figura corporativa para estar listas en cuanto tengan volumen”, señala Rebeca Pizano Navarro, directora general adjunta de Banca de Empresas de Bancomext y encargada del programa Certificación Prime que el banco estatal realiza en conjunto con la BMV a fin de tener cada vez más candidatas a emisoras.

Sin embargo, advierte Pizano, las empresas medianas no están en ninguno de estos dos grupos.

Más factible sería avanzar con aquellas empresas que ya tienen el tamaño necesario, explica la funcionaria. De entre las 400 empresas financiadas hoy por esta institución de la banca de desarrollo, el área de Pizano ha identificado al menos 50 que podrían fondearse en el mercado bursátil.

Sin embargo, advierte, todavía hay barreras. El primer reto, explica, es que hay un estatus de comodidad, porque cuentan con un fondeo bancario en condiciones preferentes.

“Esto ocurre porque existe la percepción de que el debut es costoso, que la inversión en intermediarios es innecesaria. Por otro lado, las grandes empresas con un buen grado de consolidación cuentan con financiamiento bancario que puede darse en condiciones preferentes”, abunda.

Los costos de una salida a bolsa tienen que ver con la comisión que la emisora debe pagar al intermediario bursátil, la instalación de un gobierno corporativo con consejeros independientes y la contratación de auditorías y de una agencia de calificación, entre otros.

“Hay una serie de costos que, si los sumas, pueden provocar que la salida sea más cara que tomar crédito”, comenta Pizano. “No es culpa del intermediario, pero son costos inherentes que resultan menos atractivos que las tasas de un crédito bancario”.

Luego está también el recelo a convertirse en empresa pública que divulga en el mercado sus resultados. “Es un temor infundado y producto del desconocimiento. Muchas empresas temen estar más expuestas a riesgos de tipo fiscal”, considera Pizano. “Ser público es revelar no solamente tus estados financieros, sino también situaciones importantes, eventos relevantes; [por eso] muchas empresas que son grandes corporativos siguen siendo empresas familiares: hay un temor natural de volverse firmas públicas”.

El Programa Prime busca trabajar con aquellas empresas que todavía no cuentan con ofertas de créditos preferentes, y consiste en apoyarlas para que puedan instaurar un gobierno corporativo y sean candidatas, en el largo plazo, a fondearse en bolsa.

Para Rebeca Pizano, de Bancomext, hay recelo en cuanto a convertirse en empresa pública, que en el mercado divulga sus resultados. Foto: Angélica Escobar/Forbes México.

Requisitos de admisión

La bolsa mexicana de valores establece los siguientes requisitos para listar a una emisora:

  • Contar con un historial de operación de al menos tres años. En caso de controladoras, se tomará en cuenta el tiempo de las empresas que la conforman.
  • El último estado de Situación Financiera debe reflejar un saldo mayor a los 20 millones de Unidades de Inversión (UDI), y no se aceptarán estados financieros no auditados ni mayores a seis meses.
  • La suma de la utilidad de operación de los últimos tres años deberá ser positiva.
  • La cantidad mínima de títulos a emitir será de 10,000,000 y su precio mínimo será de 1 UDI.
  • Cómo mínimo, deberá colocar el 15% del capital social pagado.
  • Alcanzar un mínimo de 200 inversionistas.
  • EL 50% del monto de la emisión será colocada entre inversionistas que no excedan el 5% de tenencia accionaria.
  • ningún inversionista podrá adquirir más del 50% del monto total a colocar.
  • La nueva emisora deberá adaptarse al Código de Ética y Mejores Prácticas Corporativas.

Prime, que hoy trabaja Bancomext en conjunto con la BMV, consiste en preparar a las empresas para que demuestren tener un gobierno corporativo, que puedan rendir cuentas e, incluso, estar sujetas a auditorías. Eso las hace acreedoras a un crédito a tasa preferente que les permite mejorar el perfil de vencimiento o realizar inversiones para mejorar su capacidad productiva.

“El fin último no es que terminen en la bolsa como tal (ningún crédito te hace llegar a la bolsa), pero la idea es que estas empresas que hoy son medianas y están a punto de ser grandes puedan estar listas para tener ese tipo de fondeo”, dice Pizano.

Como parte de los resultados del programa, se han autorizado créditos por 200 millones de dólares (mdd) a cinco empresas que podrían convertirse en emisoras; ocho más están en análisis para determinar montos de crédito y tres están en etapa de prospecto.

“En todos los años de esfuerzos de otros programas había habido pocos interesados y pocos prospectos”, comenta la funcionaria de Bancomext, y agrega que lo óptimo es que, en el portafolio de pasivos de una empresa, el 30% del financiamiento provenga del mercado bursátil.

Las grandes medianas

Las empresas medianas sí tienen oportunidad de fondearse en el mercado de valores, considera Rodrigo Velasco, director general adjunto de Biva, pero todo depende de lo que implique la clasificación “mediana”.

“Nosotros seguimos creyendo que es importante considerar a las empresas medianas, porque hoy son pocos los que se benefician de un mercado muy saludable [y] la regulación contempla que sí pueden participar”.

Biva establece que, para cotizar, una empresa mediana debe tener (al menos) 72 millones de pesos (mdp) de capital contable. Velasco está convencido de que cualquier empresa que tenga una facturación de más de 500 mdp puede buscar una alternativa de financiamiento bursátil.

Biva tiene muchos mitos por vencer, considera el ejecutivo, pues, cuando las empresas se hacen públicas, también atraen atención positiva. “Tienes a Apple como ejemplo: es una emisora poderosa y no ha sacrificado confidencialidad en cuanto a su innovación. Ser público no implica revelar fórmulas secretas; implica transparencia. Y las compañías que lo hacen bien convierten esa información en un imán de atención positiva”, asegura.

Sobre los costos, Velasco pone a Estados Unidos como comparativo. “El costo inicial del intermediario financiero y las tarifas legales [en México] son de entre 3.5 y 4% del capital o deuda que se emite. En Estados Unidos, es de 6%. Hay una ventaja competitiva. Debemos terminar también con la idea de que participar en el mercado es muy caro”.

Con transacciones por cerca de 3,000 mdp, Biva alcanzó, el 4 de septiembre, su más alto grado de participación diaria en el mercado, con 14.81%. Biva espera tener las primeras colocaciones de certificados en su plaza bursátil antes de que finalice el año. Sin embargo, no tiene una fecha clara para su primera Oferta Pública Inicial de acciones. En otras palabras, todavía es incierto cuál será la primera empresa en tener una cotización inicial en esta plaza.

“Hay temas coyunturales y macroeconómicos que son ajenos a Biva; la incertidumbre ante la política nacional e internacional no es algo que podamos controlar, pero el ecosistema está alineado para que los inversionistas y las empresas se acerquen al mercado; hay mucha oportunidad. Con el cambio de gobierno [en diciembre], por ejemplo, se plantean obras nuevas de infraestructura que requerirán recursos. La bolsa es un buen espacio para conseguir que se materialicen”, dice Velasco.

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Turbosina a un auto compacto

Para Carlos Ponce Bustos, el número de emisoras no es un problema para el mercado en México.

“Sabemos que la oferta de compañías es pobre, pero ¿necesitamos muchas emisoras para tener un portafolio de buen desempeño? No necesariamente”, explica el experto en finanzas, quien se ha desempeñado como analista bursátil para instituciones como Ixe y Grupo Financiero BX+.

Warren Buffett decía: “No tengas más acciones que hijos”. Para Carlos Ponce, la afirmación es cierta, sobre todo en un mercado donde todavía no es popular invertir los ahorros en bolsa.

“En México, sólo hay 35 inversionistas por cada 10,000 integrantes de la población económicamente activa”, señala Ponce, quien hoy comanda el proyecto SNX, que consiste en un fondo de inversión y programas de educación financiera para ayudar a los ahorradores a convertirse en inversionistas.

En Estados Unidos hay cerca de 10,000 firmas públicas, compara; es un país donde el ingreso promedio es superior a 77,000 dólares al año, (unos 130,000 pesos al mes).

“El problema de la bolsa hoy es que realmente no hay dinero, pues el ingreso mensual de las familias que corresponden al decil más alto (sin contar a los ultra ricos) es de apenas 54,000 pesos al mes. Esto no ayuda a incentivar una cultura del ahorro; la tasa de ahorro es muy baja y el perfil de gasto es poco eficiente”.

Para Ponce, tener más empresas en la bolsa deberá venir acompañado de medidas que incentiven que más ahorradores pongan sus recursos en ese mercado, pues sólo así se logrará tener un buen equilibrio entre demanda de recursos y tasas atractivas para los inversionistas.

“Las empresas públicas deberán incorporar mecanismos para hacer que sus empleados sean inversionistas; esto hace que, cuando salgan de ahí a ser emprendedores, tengan a la bolsa en mente como una meta. Hoy hay mucha reticencia de las propias empresas.

La única forma de combatirla es mostrarles que hay personas que buscan confiarles su dinero”.

Por otro lado, el especialista explica que las empresas deben estar conscientes de que hay distintas etapas de financiamiento, pues la inversión de entrar a la bolsa se vuelve rentable en tanto haya la necesidad y se estudien los beneficios de recoger el dinero de los mercados.

“Hablamos de que una empresa es como un vehículo que necesita combustible: hay créditos y fondeo que son gasolina, y son adecuados. La bolsa, en esta analogía, es turbosina. No puedes inyectar turbosina a un auto compacto: los resultados no serían positivos de ninguna manera”.

Carlos Ponce, experto en finanzas, explica que tener más empresas en la bolsa deberá venir acompañado de incentivos para que más ahorradores pongan sus recursos en ese mercado. Foto: Fernando Luna Arce/Forbes México.

Proceso para cotizar

  1. Implementar un gobierno corporativo.
  2. Contar con un intermediario colocador, es decir, una casa de bolsa que suscriba el convenio.
  3. Elegir una calificadora de riesgo que mida la capacidad de cumplimiento de pago.
  4. Generar la solicitud ante la bolsa con las autorizaciones otorgadas por la CNBV.

 

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