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Por Steven Bertoni

El fundador de la app Citizen, Andrew Frame, un exhacker informático que ganó decenas de millones de pluriempleos durante algunos días en tiempos del incipiente Facebook, cree que puede agregar a nuestros teléfonos una solución a la necesidad humana de vivir seguros. “Todos llevamos en el bolsillo supercomputadoras con tecnología de ubicación y la capacidad de transmitir video en vivo”, dice Frame. “Con eso, debemos ser capaces de hacer más”.

En la sede central de la startup en la Pequeña Italia de Nueva York, los jóvenes empleados beben café en tazas con el logotipo de Citizen y observan el caos y la delincuencia en todo Estados Unidos. Un niño es secuestrado en Filadelfia; un coche de policía golpea a un joven de 15 años en Baltimore; hay una apuñalada en Los Ángeles, un incendio en Nueva York…

Las oficinas de Citizen están abarrotadas de escritorios llenos de monitores de pantalla ancha y se siente como una mezcla entre una sala de control de tráfico aéreo y un piso de comercio de Wall Street. Los analistas, de 20 a 30 años, escuchan los audaces clips de audio a través de los audífonos estilo diadema, con los ojos clavados en los chats de texto y en los intermitentes mapas de la ciudad. Los dedos vuelan a través de las teclas mientras alternan entre tragedias; lanzan alertas de seguridad, comparten videos y publican actualizaciones de incidentes para los usuarios de Citizen que se encuentran físicamente cerca de las calamidades de la mañana.

“Abrimos todos estos datos del 911 y se los dimos a la gente”, dice Frame, de 39 años, quien, alto y elegante, con una gorra de beisbol y una camisa a cuadros desgastada de color azul, parece 10 años más joven.

“Antes de esto, tenías que ir a la Academia de Policía para acceder a [datos sobre] crímenes en tiempo real o ser un bombero para acceder a [notificaciones de] incendios. La gente también merece tener esta información tan pronto se genera”.

Según su blog oficial, Citizen ha ayudado a encontrar personas desaparecidas, a rescatar a niños secuestrados, a alertar a los residentes de posibles incendios y a que los usuarios eviten robos y eludan sospechosos armados y tiroteos. Los doctores de la sala de emergencias usan Citizen para anticipar y prepararse para el ingreso de pacientes. Las organizaciones de noticias lo utilizan para explorar historias de última hora. Los grupos de la comunidad lo revisan para obtener un pulso rápido de problemas que se desatan en su vecindario.

Actualmente, la app opera sólo en cinco ciudades (Nueva York, Los Ángeles, Baltimore, Filadelfia y San Francisco) y tiene más de 1 millón de usuarios activos. Cada semana, las noticias de televisión transmiten más de 100 videos grabados por usuarios de Citizen. La compañía, que fue lanzada en 2016 como una herramienta de lucha contra el crimen, llamada Vigilante, y que fue prohibida por Apple por razones de seguridad, ahora se ubica entre las 10 mejores aplicaciones de noticias en la App Store, a menudo más arriba que CNN, Buzzfeed, The New York Times y Google News. Promedia una calificación de 4.7 (sobre 5) en más de 22,000 comentarios.

El ciudadano no está solo cuando se halla en los espacios de seguridad. Nextdoor, la red social de vecindarios con sede en San Francisco, actualmente valuada en 2,100 millones de dólares (mdd), tiene una categoría de delitos y otra de seguridad, en las que los miembros pueden denunciar crímenes y actividades sospechosas. La compañía de timbres inteligentes Ring, que Amazon adquirió por 1,000 mdd el año pasado, ofrece una función de vigilancia en las colonias, que permite a los usuarios y a la policía publicar comunicados y advertencias.

A pesar de no tener ingresos, Citizen ha recaudado 40 mdd en inversiones de firmas de empresas influyentes, como Sequoia Capital, Founders Fund, Slow Ventures, 8VC, Kapor Capital y Lux Capital. Inversores famosos, como Drake, LeBron James, Maverick Carter, Scooter Braun y Mike Judge [el creador de Silicon Valley de HBO] también han comprado. “Nos entusiasmó la combinación de transparencia, misión y un fundador apasionado que sabe cómo ejecutar”, dice el exsocio de Slow Ventures, Scott Marlette. “No es la aplicación que abrirás cuando estés aburrido”, dice Jake Medwell, socio fundador de 8VC, “pero vas a quererlo en tu teléfono para saber que estás protegido”.

Talento de primera se está acercado a la empresa. Keith Peiris, jefe de Producto de Citizen, trabajaba anteriormente en Instagram; el jefe de Ingeniería, Wiktor Macura, trabajaba en Square; el experto en escala de ciudadanos, Praveen Arichandran, fue jefe de Crecimiento en Tesla; Darrell Stone, quien ahora ejecuta la aplicación principal de Citizen, recientemente ayudó a administrar el servicio de auto compartido de Uber; Bill Bratton, quien, como comisionado de policía de Nueva York, estaba en contra de la aplicación cuando recibió el nombre de Vigilante, acaba de unirse a la junta directiva de Frame.

El socio de Sequoia Capital, Mike Vernal, vio el potencial de Citizen después de una llamada que le hizo un conocido, quien, durante un viaje a Nueva York, vio a un ciudadano exaltado por un asalto a mano armada que acababa de ocurrir a unos metros de su hotel, en Columbus Circle, justo cuando su esposa se dirigía a comprar leche para su hijo. Entonces, el ciudadano le envió un mensaje para alertarla. “Tener conocimiento de este evento antes de que apareciera la policía se sentía tan valioso…”, dice Vernal. “No hay muchas aplicaciones que puedan llegar a 1,000 millones de usuarios. Después de la experiencia en Nueva York, me convencí de que esto podría llegar a miles de millones”.

A 128 kilómetros de la sede de Citizen (en Filadelfia), hacia el sur, una central del 911 alerta a la policía sobre un hombre con escopeta que está en el oeste de la ciudad. Uno de los radios R1 de Citizen, una pequeña caja negra que captura instantáneamente el informe de la central de emergencias digitaliza el audio y lo carga en la nube.

Citizen obtiene toda su información al espiar las mismas transmisiones de radio pública que los aficionados, periodistas y delincuentes han monitoreado durante décadas. Funciona sin ayuda y sin permiso de las autoridades. La R1, un núcleo de la tecnología patentada de Citizen, actúa como un escáner policial supercargado, monitoreando y grabando simultáneamente hasta 900 canales de radio pública en la red de emergencias de la ciudad: policía estatal y local, bomberos y oficina de correos, tránsito y seguridad aeroportuaria. Cada día, la red de 20-R1 de Citizen registra más de 2,000 horas de transmisiones de radio. El tamaño pequeño, la alta eficiencia y la amplia gama del R1 permiten a Citizen expandirse a una nueva ciudad sin invertir en nuevos bienes raíces o en un equipo local. Eso significa que Citizen cubre todo Baltimore con un dispositivo no mucho más grande que una lata de comida de mar sazonada Old Bay.

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Foto: Jamel Toppin para Forbes.

Una vez que el R1 de Filadelfia digitaliza el informe del hombre con la escopeta, la IA personalizada de Citizen procesa rápidamente el clip de radio, cortando el aire estático, transcribiendo el audio, extrayendo palabras clave (masculino, escopeta, Wanamaker Street…) y fijándolas en un mapa digital de calles, con un punto rojo febril, indicando el sitio donde el hombre fue visto por última vez. Desde allí, un analista de comunicación asume el control, escucha el envío del 911, escribe una breve notificación y la envía a los usuarios de la aplicación Citizen, dentro de un rango de 400 metros a la redonda del incidente. Dependiendo del evento, se definen los radios de advertencia: por ejemplo, 800 metros para un incendio, y una ciudad entera si hay una amenaza terrorista.

Citizen emplea a 38 analistas que, para estar en posibilidades de ofrecer cobertura las 24 horas del día, trabajan en tres turnos de ocho horas. Gracias al software de IA de Citizen, en un turno normal, una sola persona puede cubrir varias ciudades.

Preocupado por su posible invasión de la privacidad, y por las demandas, Citizen sólo publica amenazas de seguridad. Informes de personas sospechosas, problemas médicos, suicidios o disturbios domésticos no se publican; una persona revisa cada publicación. Las alertas contienen una breve descripción, la dirección exacta y la distancia del usuario. Con un clic, la notificación se expande sobre un mapa de calles, y muestra detalles y comentarios de los usuarios. A través de la aplicación, puedes explorar emergencias recientes en toda la ciudad, que están marcadas con puntos rojos brillantes. Hay ciertos días, por ejemplo, en que el mapa de Nueva York parece que tiene sarampión.

Si estás lo suficientemente cerca de un incidente, aparece un botón de grabación en tu teléfono, que te permitirá disparar y publicar un video de los hechos en vivo. Frame dice que los empleados de Citizen revisan todo el contenido antes de que llegue a la plataforma, para proteger la privacidad y evitar bromas y la transmisión en vivo de asesinatos y violencia (un problema recurrente para Facebook y YouTube). Los usuarios no pagan por ver los videos, ni son videos clasificados con categorías o “Me gusta”. Los fanáticos ven a Citizen como una forma de monitorear la seguridad del vecindario. Otros creen que la función de video en vivo puede ayudar a proteger tanto a los sospechosos como a la policía. “Permite que las comunidades y las fuerzas del orden público tengan una relación más transparente, responsable y de confianza, y eso puede ser transformador”, dice Ben Jealous, ex jefe de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP) y actualmente socio de Kapor Capital, que invirtió en Citizen.

Para los críticos, es una aplicación de miedo voyeurista, que provoca ansiedad y que puede hacer que hasta la ciudad más segura parezca que está envuelta en una ola de crímenes. Además, si se utiliza de forma incorrecta, la plataforma podría alentar a los usuarios a ponerse en peligro.

“No hay descargo de responsabilidad para decir que algunas de las cosas en la aplicación pueden ser infundadas, y no hay un seguimiento que diga que una alerta resultó ser falsa alarma”, dice Justin Brannan, un concejal de la ciudad de Nueva York que ha escrito un artículo de crítica sobre la aplicación. “No sólo crea una sensación de ansiedad y miedo innecesarios, sino que tampoco la corrige. Es imprudente”.

En Filadelfia, la radio R1 atiende una llamada informando que la policía mantiene rodeados en una casa a tres sospechosos. Citizen avisa a sus usuarios. Pronto, la policía captura a los hombres y recupera la escopeta. Un analista envía un mensaje claro y vuelve la vista hacia un accidente automovilístico en Baltimore. “Supusimos que la transparencia y la información ayudarían”, dice Frame. “Nos dijeron que estábamos locos, que era imprudente y quizá destructivo… y nos arriesgamos”.

Para Andrew Frame, Citizen es la culminación de las dos fuerzas que formaron su vida: la tecnología, área en la que ha sido un empresario en serie, y la aplicación de la ley, que ha sido una de sus mayores preocupaciones.

Y es que, una mañana de primavera de 1997, en Las Vegas, Frame, con 17 años (en tiempos en que desarrollaba una plataforma de servicios de internet), fue despertado abruptamente por agentes armados del FBI. Su primer pensamiento fue que su compañero de cuarto había hecho algo grave. Sin embargo, cuando Frame, con las manos esposadas a la espalda y vistiendo sólo calzoncillos a cuadros, se dio cuenta de que la policía buscaba computadoras en la casa, comprendió que él era la presa. Los federales, al fin, lo habían encontrado.

Criado en Henderson, Nevada, en una casa donde el dinero siempre fue un problema, Frame vio las computadoras como un escape. A los 12 años, persuadió a su madre para que cobrara bonos de ahorro, destinados a su matrícula universitaria, para comprar una computadora modelo Tandy, en Radio Shack. “Si no puedes comprar una computadora, compras una Tandy”, dice Frame con una risita. Él construyó su sistema utilizando el sistema operativo Linux, de código abierto, aprendiendo, de primera mano, cómo funcionaban las computadoras y el internet. Pronto pasaría toda la noche en salas de chat aprendiendo a hackear.

A los 14 años, Frame usó su Tandy para hacer una identificación falsa y consiguió un trabajo de telemarketing vendiendo unos CD de baile. Abandonó la escuela estando en décimo grado, para ejecutar su Proveedor de Servicios de Internet ISP de día y hackear de noche. “Llegué al punto en que, básicamente, podía meterme en cualquier cosa”. Fascinado con el fenómeno OVNI, pronto hackeó dos sistemas principales, llamados Lima y Bean, en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. Gracias a otra identificación falsa y un currículum vitae, Frame obtuvo un trabajo, en 1997, en Cisco, como ingeniero de sistemas. Fue un sueño… hasta que su pasado lo convirtió en una pesadilla.

Su captura fue parte de una exhaustiva investigación de dos años sobre el hackeo de la NASA. “Amigos y familiares me llamaban y decían: ‘Amigo, el FBI acaba de venir a mi casa; ¿qué hiciste?”. Basado en la recomendación de un amigo, Frame contrató a un abogado criminal de Las Vegas, llamado John Spilotro, quien a menudo se encargaba de casos juveniles de forma gratuita. Durante los siguientes dos años, Frame voló entre su trabajo, en Silicon Valley, y la oficina de su abogado, en Las Vegas, tratando de negociar un acuerdo. “Era como si me estuviera muriendo y me quedara un año de vida”, dice Frame. “No sabía cuánto tiempo más sería libre”.

Su destino estaba lejos de ser seguro. Por un lado, estaba siendo acusado como menor de edad y no había robado ninguna información. Por otro lado, la NASA afirmaba que había causado daños por millones de dólares y que sus “huellas digitales” aparecían hasta en la Estación Espacial Internacional y en el Mars Pathfinder. “Era como un niño de 5 años que se hubiera colado en la juguetería FAO Schwarz sólo para ver qué había”, dice Spilotro. “Pero él podría haber enfrentado un montón de tiempo en prisión. Más de lo que pudiera creerse”.

Citizen alerta a los usuarios sobre un tiroteo en Nueva York, un incendio en el área de la bahía y una mezcla de desórdenes alrededor de la ciudad (de izquierda a derecha). Imagen: Citizen app.

Una vez pasada la amenaza legal, trabajó dos años en una empresa de redes, llamada Procket, y luego, en 2004, lanzó Ooma, una compañía que ofrecía hardware para que las personas pudieran hacer llamadas gratuitas a través de internet. Fue inoportuno. Compañías como Skype ya permitían que cualquier persona hiciera llamadas gratuitas a través de la web, sin necesidad de un hardware especial. “Estaba tan desesperado por comenzar una empresa que llevaría a la práctica cualquier idea estúpida. Tenía el síndrome del fundador”, dice Frame.

Por este tiempo, Frame comenzó a verse con un chico que había conocido en línea, durante sus días en la sala de chat de internet, el cofundador de Napster, Shawn Fanning. Pronto, Frame estuvo pasando tiempo con Mark Zuckerberg y Sean Parker, ayudando, de manera informal, a una incipiente configuración de red de Facebook, en el proceso de puntuación de las acciones de esta red social, que se convirtieron en una fortuna que cambió su vida. Frame no comentó los números exactos, pero reconoce que cobró ocho cifras por un par de semanas de trabajo.

Pero, a medida que Facebook surgía, Ooma luchó. Frame estaba peleando contra gigantes atrincherados, como AT&T y Verizon, por la contracción del mercado de líneas fijas. En 2009, agotado, Frame contrató a Eric Stang para reemplazarlo como CEO (Stang aún administra Ooma, que cotiza en la Bolsa de Nueva York, con una capitalización de mercado de 219 mdd). “La tecnología, de repente, se convirtió más en dinero que en innovación”, dice Frame. “Me sentí bastante desilusionado y me fui”. Huyó a Los Ángeles, donde se inscribió en un programa de cine intensivo de seis meses con la productora de Hollywood, Joan Scheckel, y escribió guiones. “No estaba al alcance del radar. Me alejé completamente de eso”.

Una joven camina sola por una calle oscura de Nueva York. Ella se da cuenta de que hay un hombre encapuchado detrás. Ella marca al 911. La policía está en la radio, pero a kilómetros de distancia. Simultáneamente, los teléfonos celulares cercanos se iluminan con una alerta de un asalto reportado en curso. Los locales se apresuran a la escena en autos, en bicicletas, algunos corriendo. El hombre encapuchado golpea a la víctima contra el pavimento, justo cuando llegan los vecinos, sacan el teléfono y graban, detienen el ataque y rodean al criminal hasta que llega la policía.

Ésa fue la trama que Frame escribió para un llamativo video con el que anunciaría al mundo su compañía secreta, llamada, entonces, Vigilante. A pesar de su promesa de abandonar la tecnología, el auge de los teléfonos inteligentes y el potencial de su red, lentamente hicieron que Frame volviera al juego. Reclutó a unos pocos ingenieros e invirtió 300,000 dólares para lanzar una incubadora llamada SP0N, para explorar ideas prometedoras.

La chispa para Citizen llegó a Frame en 2015, mientras veía desde atrás de unas antiguas viviendas en el Bajo Manhattan. Pensó en las señales modernas e invisibles que se lanzaban a través de los edificios del siglo XIX. Llamadas inalámbricas, WiFi o radio policial. ¿Qué pasaría si hubiera manera de que los teléfonos inteligentes capturaran llamadas de emergencia? Corrió al interior de la oficina y lo comentó con sus ingenieros. En una semana ya tenían un prototipo. Nombró al proyecto “Vigilante”, y le gustó su estilo vanguardista. Fue un error gigantesco. “Para un joven bienintencionado en tecnología, eso significa Batman”, dice Ben Jealous, de Kapor Capital, quien inicialmente dejó de invertir… por ese nombre. “Pero, en Florida, podría evocar imágenes de George Zimmerman”.

Vigilante y su videoclip debutaron el 25 de octubre de 2016. Nadie se dio cuenta. Para animar a su equipo, Frame invitó a todos a cenar a Forlini’s, un elegante restaurante italiano al sur de Manhattan. “El estado de ánimo no podría haber estado más bajo, porque no estaba pasando nada”, dice Frame. Entre las entradas y la cocción de la pasta, todo cambió. “Alguien verificó el video y notó que las vistas habían pasado de alrededor de 300 a más de 27,000. Diez minutos más tarde, tenía 54,000”. A la mañana siguiente, Vigilante era tendencia en Reddit.

El video viral de Vigilante atrajo la atención de Apple y de la policía de Nueva York. “Me opuse a ello”, dice el excomisionado Bratton. “Pensé que los mapas del crimen asustarían a las personas y animarían a otros a interferir en las investigaciones”. Unos días después del lanzamiento, Apple llamó a Frame. Vigilante violó la regla 1.4.5: “Las aplicaciones no deben instar a los clientes a participar en actividades (como apuestas, desafíos, etc.) o usar sus dispositivos de una manera que corran el riesgo de causar daños físicos en ellos mismos o en otros”. Estaba ejecutando una herramienta de seguridad, no una aplicación de lucha contra el crimen, y el nombre y el video de Vigilante estaban obrando en su contra. Apple, entonces, prohibió Vigilante. El crecimiento se congeló.

El amigo de Frame, Dave Morin, socio de Slow Ventures, uno de los primeros ejecutivos de Facebook y cofundador de la red social Path, trabajó anteriormente en Apple, y presionó al CEO Tim Cook y a otros a favor de Vigilante. “Esta aplicación estaba poniendo el poder en manos de los ciudadanos para crear una mejor red de vigilancia: ¿Qué podría ser mejor para la democracia?”, dice Morin. “Se trata de dar poder a la gente, y ésa fue la misión original de Apple”.

Durante meses, Frame lidió con una solución, enviando nuevas presentaciones a Apple cada semana. Cambió el nombre a Citizen y modificó el mensaje de marketing: de la lucha contra el crimen a la conciencia de seguridad. Después de meses de negociaciones, Apple restableció la aplicación en marzo de 2017. “Todos piensan que cambiamos la aplicación, pero realmente no lo hicimos; siempre recibimos advertencias que decían que te mantuvieras alejado y te mantuvieras a salvo”, dice Frame. “El nombre Vigilante fue simplemente una mala elección”.

Ahora Citizen debe resolver otro problema acuciante: ¿cómo ganará dinero esta plataforma sin publicidad? Frame no comparte detalles específicos. Las fuentes de la compañía insinúan un modelo en el que Citizen “cargue” universidades, aeropuertos, estadios y otros lugares donde haya mucha gente para permitir que las autoridades envíen notificaciones a los usuarios, ya sea para dar instrucciones de emergencia o para sofocar el pánico tras una falsa alarma. También existe la posibilidad de permitir que los usuarios envíen mensajes a los funcionarios sobre preocupaciones de seguridad, un: “ver algo, decir algo”.

Los inversores señalan que, cada año, se gastan miles de millones de dólares en seguridad. Si Citizen alcanzara una escala masiva, podría ser una adición esencial a los sistemas de seguridad actuales y convertirse en un negocio lucrativo y de utilidad. El excomisionado del Departamento de Policía de Nueva York, Bratton, dice que muchas personas, temiendo que las autoridades rastreen su ubicación y sus hábitos, nunca descargarán una aplicación oficial de la ley. Están apostando a que Citizen, como una aplicación confiable e independiente, pueda ser una herramienta poderosa para que los servicios de emergencia entreguen información crítica al público de manera rápida y eficiente. “Los ciudadanos mejor informados hacen que la policía esté mejor informada”, dice Bratton.

Una nueva versión de Citizen se estrenará este otoño. Frame es vago en detalles, pero comenta que Citizen incorpora las críticas de que la aplicación causa ansiedad innecesaria. También explora formas en que las personas puedan comunicarse con los usuarios o grupos comunitarios cercanos para resolver problemas que no requieren respuesta ante emergencias.

Si bien se muestra previsiblemente tímido con su modelo de negocio, Frame sí promete que Citizen no ganará dinero con anuncios o compartiendo información de usuarios. “Nunca obtendremos ingresos ni desarrollaremos nuestro negocio mediante la venta de datos personales. Todo nuestro negocio está diseñado para proteger a los usuarios, y eso incluye la protección de su privacidad”.

Este empresario está muy lejos ya de aquel antiguo hacker informático adolescente que una vez enfrentó la amenaza de ir a la cárcel por ingresar a los sistemas gubernamentales. “Cuando el juez me dio la libertad condicional, fue como si me hubieran curado de una enfermedad terminal”, dice Frame. “Después de eso, ni siquiera voy a brincar una señal de alto”.