Sean Rad cambió la forma como la gente se relaciona al crear Tinder, la aplicación de citas más popular. Lástima que eso no fue suficiente para salvar su empleo.

 

Por Steven Bertoni

Sean Rad, el cofundador y CEO de Tinder, una aplicación que en los últimos dos años ha reinventado la forma en que los jóvenes se conocen y relacionan, ha generado noticias con regularidad. Hace dos meses  en la Cumbre Forbes de menores de 30 años de edad, Rad planeaba anunciar el primer generador de ingresos de Tinder, un servicio premium para su aplicación gratuita. En cambio, la gran noticia lo encontró a él. Revisando su teléfono, Rad vio que Sam Yagan, de IAC, le llamaba.

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Yagan fue directo al punto: Rad estaba despedido como CEO de la compañía que había fundado, una que ha conseguido combinar cuatro de los temas más populares en la tecnología hoy en día: descubrimiento social, ludificación, ubicación y mensajería.

A través de uno de los acuerdos más complicados en el mundo de las startups tecnológicas, IAC —propiedad de Barry Diller— controla la mayoría de Tinder. Yagan es su voz y jefe de facto de Rad.

Y con esa noticia en mente entró al Centro de Convenciones de Pennsylvania, y luego, durante 30 minutos, dio a 1,500 jóvenes emprendedores una clase magistral de cómo crear un fenómeno viral. Rad desmenuzó una serie de estadísticas. Tinder, que ha registrado un crecimiento de 600% en los últimos 12 meses, ha sido descargado 40 millones de veces desde su lanzamiento en 2012.

Los 30 millones de personas que se han registrado echan un vistazo en conjunto a 1,200 millones de prospectos al día; eso es 14,000 por segundo. Y no están sólo mirando: Tinder está facilitando casi 14 millones de encuentros románticos cada 24 horas.

Como lo planeó originalmente, Rad entonces reveló confidencialmente la idea para su servicio premium, como 1,000 tuits disparados a través de Internet anunciando la noticia.

IAC dijo que no quería que Rad desapareciera por completo —este artículo es el primero en hacer pública su remoción—, sino más bien que renunciara al puesto máximo y se enfocara en el producto.

“El Consejo cree que lo mejor es traer a un CEO, que si abrimos el puesto podríamos atraer un mejor talento —dice Rad—. Yo estoy muy en desacuerdo.”

Entonces, ¿debería quedarse o irse?

Rad pasó las horas siguientes caminando por las calles de Filadelfia, explotando su teléfono con furia. Llamó a Yagan y al jefe de Yagan, Greg Blatt, presidente del Match Group de IAC. Llamó a sus asesores de negocios y a sus abogados. A su novia. A su padre. Al padre de su novia, quien es el multimillonario tecnológico Michael Dell. No hubo consenso: la mitad le aconsejó trabajar a una capacidad menor; el resto, renunciar. Desesperado, Rad canceló su vuelo de regreso a Los Ángeles, y en su lugar tomó un tren hacia Nueva York, a la célebre sede de IAC diseñada por Frank Gehry.

“Las cosas iban tan bien, la empresa estaba creciendo más rápido que nunca, estábamos a punto de tener ingresos. Mi relación con Sam (Yagan) no podría haber sido mejor y habíamos superado por completo la demanda por acoso sexual”, dice.

Su meta, mientras hablaba con Yagan y Blatt: “Pensaba que aún podía convencer a IAC de cambiar de opinión.” No pudo, y las razones se redujeron en última instancia a dos cosas:

La primera es el control. La raíz de este drama tiene que ver más con abogados y estructura corporativa.

La segunda es el dinero. Los analistas que siguen la estimación de las acciones de IAC estiman que Tinder vale entre 1,000 y 1,500 millones de dólares (mdd), pero incluso ellos admiten que esa cifra es menor a la valuación que podrían obtener de los capitalistas de riesgo. Un analista de un gran banco me dijo que un Tinder independiente, considerando los enloquecidos mercados privados, podría superar los 5,500 mdd, el valor de mercado de todo IAC.

 

Rad y Tinder

Sean Rad comprende tanto la iniciativa empresarial como el sueño americano. Estudió negocios en la USC, pero abandonó la escuela en 2006 para perseguir sus propios sueños de negocio, empezando por Orgoo, un servicio de correo electrónico que consolida tus cuentas de correo electrónico, contactos y mensajes instantáneos. Fracasó, pero le fue mejor con Adly, una empresa de marketing que vinculaba a marcas y celebridades para anunciarse en Twitter. Después de tres años vendió su participación a una empresa de capital privado, ganando unos cuantos millones, y se dispuso a comenzar algo nuevo.

Hatch Labs, una incubadora para aplicaciones móviles con sede en Nueva York creada por el exejecutivo de IAC Dinesh Moorjani —y financiada por IAC y Xtreme Labs— sonaba como un lugar atractivo para hacerlo. En 2012 aceptó un salario y acciones para trabajar en la Hatch, donde fue puesto a cargo de Cardify, una app para tarjetas de fidelidad para minoristas. Mientras tanto, él y Mateen peloteaban una idea: una aplicación de coqueteo basada en un sistema de gusto mutuo.

Cuando Hatch organizó un hackathon durante las primeras semanas de Rad en la empresa, él, junto con el ingeniero Joe Muñoz, desarrollaron un prototipo. Lo llamaron Matchbox. Ganaron el hackathon y, eventualmente, Moorjani hizo que el equipo de Cardify lo desarrollara aún más. “Pensé que era sólo una pequeña aplicación cool”, dice Rad.

El emprendedor en serie Andrew Frame, quien intentó comprar Tinder a Hatch Labs al principio por alrededor de 750,000 dólares, lo expresa de manera más concisa: “Ellos pensaron que conseguirían tener sexo con esa app.”

Frame les dijo que desactivaran el servicio mientras sus usuarios aún se contaban por cientos y ofreció a IAC un pequeño porcentaje por desligarla de Hatch y mudarla a San Francisco para desarrollarla apropiadamente. Rad se opuso, Tinder creció rápidamente y el acuerdo fracasó.

La genialidad de Tinder está en digitalizar el coqueteo físico humano y hacerlo increíblemente fácil a través de un smartphone: vincula tu cuenta de Facebook con un solo toque y en segundos el algoritmo de la aplicación te muestra un sinfín de fotos de potenciales parejas en tu área. No hay cuestionarios o formularios, sólo fotografías. Deslizas la imagen hacia la derecha si te gusta la persona, o a la izquierda si no. Cuando le gustas a una persona que te gusta, Tinder los conecta a través de una sala de chat. “Hemos eliminado el miedo al rechazo”, me dice Rad.

El diseño del sistema “sí-no”, creado por el cofundador Jonathan Badeen, aporta un elemento de juego al proceso de búsqueda de pareja, ya que cada que un usuario le gusta a alguien más, su ego crece. Mientras un like en Instagram termina la interacción entre los usuarios, un match en Tinder es sólo el comienzo. Estos factores lo hacen un producto muy adictivo.

Fuentes calculan que los usuarios activos mensuales de Tinder son cerca de 18 millones (alrededor de la mitad de su base registrada), y los usuarios diarios, alrededor de nueve millones.

Durante el desarrollo de la app en la primavera de 2012, Rad fue el líder del equipo y de producto, Muñoz se encargó de la integración con Facebook, Badeen del aspecto, la interfaz y la integración con iOS; Chris Gulczynski del diseño y Adam Huie de las finanzas. Moorjani supervisó la operación. Tres semanas y 50,000 dólares más tarde, el producto denominado Tinder —para evitar confusiones con la vaca lechera de IAC, el sitio de citas Match. com— estaba en funcionamiento.

Fue Justin Mateen (Rad conoció a Mateen en la USC) quien la hizo popular.  Mateen envió un correo electrónico desde Tinder con una versión beta a 600 de sus contactos más populares de la escena fiestera de Los Ángeles, todos usuarios jóvenes y atractivos. En poco tiempo, Tinder registraba decenas de miles de swipes. Rad dice: “Nuestros amigos empezaron a decirnos: ‘Hey, esto está cambiando mi vida’”.

Para impulsar el crecimiento, Mateen, quien había recibido el título de CMO y cofundador, tomó una página del libro de jugadas de Zuckerberg, presentando Tinder en escuelas, una a una; escuelas con fiestas de élite. Con la ayuda de los hermanos menores de sus amigos, Tinder comenzó a prender en los campus de la USC, Arizona y UT Austin, a las que siguieron casi todas las universidades estadounidenses restantes.

A principios de 2013, Tinder tenía 400,000 usuarios, saltó de la escena universitaria a la fama el invierno pasado después de que Mateen la infiltró en la fiesta de solteros más exclusiva de todas: la villa olímpica de los Juegos de Invierno de Sochi. Las relaciones generadas en los Juegos gracias a Tinder se convirtieron en noticia internacional. Rápidamente la app había hecho 1,000 millones de matches, lo que no pasó desapercibido por IAC.

 

El problema

Hay un elemento Matryoshka en la estructura de propiedad de Tinder. Hatch Labs es propietario de 100% de Tinder por el simple hecho de que Rad era un trabajador externo e iac controlaba la mayoría de Hatch Labs. Como fundador de Hatch, Dinesh Moorjani explica que una vez que una empresa es escindida de Hatch, él le entrega una participación accionaria al equipo fundador. Pero él dice que los fundadores en Hatch sabían que, al final, Barry Diller e IAC siempre tendrían una participación controladora en sus empresas.

En agosto de 2012, Moorjani estaba a punto de lanzar otra clase de empresas Hatch, pero dice que IAC no estaría de acuerdo en las nuevas condiciones que hubiesen dado a los fundadores más participación en las startups. Moorjani cerró Hatch a principios de 2013. Aunque Rad no quiso hacer comentarios, las personas cercanas a él dicen que siempre había pensado que Hatch escindiría Tinder y le daría el control de la empresa.

En cambio, con Moorjani fuera de la ecuación, IAC le dijo a Rad que Tinder era de ellos y que él era sólo un empleado.

Rad se acercó a sus contactos en la alta tecnología como Ron Conway, de SV Angel, y al actor/inversionista Ashton Kutcher para cabildear los nuevos términos con Barry Diller. Al final, llegaron al siguiente acuerdo: IAC tendría una participación en torno al 60%. Rad mantendría alrededor de 10%, Mateen y Badeen un poco menos, y el resto de las acciones sería repartido.

Como CEO, Rad controlaba las operaciones diarias de Tinder: producto, equipo, marketing y branding. Pero como Rad, Mateen y Badeen descubrirían pronto, fue Barry Diller quien finalmente hizo swipe. Eso se volvió crítico al presentarse la demanda por acoso sexual. Whitney Wolfe, una chica de 24 años originaria de Utah, quien conocía a la hermana menor de Mateen, se unió al equipo de ventas de Cardify y más tarde se mudó al de Tinder, ascendiendo hasta la vicepresidencia de Marketing y reportando directamente a Mateen.

Ambos comenzaron a salir, y cuando terminaron las cosas se pusieron feas. Wolfe había estrechado sus lazos con Rad y su novia Dell (Rad me dijo varias veces que consideraba a Wolfe una de sus mejores amigas). La ruptura se filtró en el negocio de Tinder.

Wolfe demandó a Tinder y a IAC por acoso sexual. En la denuncia se acusa a Mateen de abuso y del despojo de su título de cofundadora aludiendo razones de género, y a Rad y Yagan, de mirar hacia otro lado.

Rad estaba en una situación difícil. Su equipo, sus amigos y la familia de Mateen presionaron a Rad para que defendiera a su amigo y cofundador, pero IAC ordenó guardar silencio a todos en Tinder. “Justin pudo haberse defendido y hecho públicas algunas evidencias desagradables contra Whitney, pero eso habría arrastrado a la compañía hacia el lodo. Se calló, se hirió a sí mismo y le evitó al equipo el drama”, dice Rad.

En última instancia, es un “él dijo, ella dijo” gigantesco que probablemente permanecerá turbio para siempre. En septiembre Wolfe y Tinder llegaron a un acuerdo extrajudicial. Ni Mateen ni nadie en Tinder o IAC admitieron culpa alguna. Una fuente cercana al caso dijo que Wolfe se llevó poco más de 1 mdd, una fracción de lo que sus abogados buscaban inicialmente.

Aún así el daño estaba hecho. IAC no estaba dispuesto a ver a su nueva potencial fábrica de dinero descarrilarse por más errores de aficionados. Rad tenía el título de fundador, pero no tenía control sobre su propio destino en la empresa. Lo que llevó unas pocas semanas después a la llamada en Filadelfia.

El mismo Rad no ha logrado superarlo. Su reunión en Nueva York con IAC —Diller no estuvo presente, aunque dada la importancia de Tinder para su empresa, es inverosímil pensar que no haya estado de acuerdo— provocó una distensión.

Rad actuará como presidente y permanecerá a bordo de Tinder, y continuará siendo CEO hasta que se encuentre un reemplazo.

“Buscamos a alguien con el perfil de Eric Schmidt, no hay ningún CEO entrando por la puerta con el que no me lleve bien, eso sería un suicidio empresarial”, dice Rad de su búsqueda.

Por supuesto, por cada Eric Schmidt en Google hay un John Sculley en Apple. Pocos CEOs entrantes quieren a uno de los fundadores desconfiando de él. Pero Rad, por su parte, cuenta con nuevos aliados. En octubre, luego de más de seis meses de negociaciones, persuadio a la estrella del vc Matt Cohler, de Benchmark Capital, de tomar una participacion en Tinder y unirse al Consejo. “Necesitamos la experiencia y la validacion externa para mostrar al mundo y a los futuros reclutas que es una gran empresa”, dice Rad. “Y que la estructura de liquidez es lo suficientemente buena para una entidad con capital de riesgo”.

“El uso orgánico y el engagement en Tinder es extraordinariamente raro y especial”, dice Cohler.

El gran plan de ingresos, Tinder Plus, que Rad anunció por primera vez en el escenario de la Cumbre forbes de menores de 30, se pondrá en marcha de forma inminente, con dos nuevas funciones para los clientes de pago. La primera, para viajes, permitirá a los usuarios buscar en cualquier país en el mundo, explorando posibles coincidencias en Barcelona o Boston.

La segunda es algo que los usuarios han estado pidiendo desde el lanzamiento de Tinder: un botón que les permita volver a los perfiles que han descartado a toda prisa, un botón de “deshacer”.

Rad tiene planes más ambiciosos. Él espera transformar a Tinder de una aplicación de citas a un gps social.

Tinder Places ayudaría a sus usuarios a conocer gente nueva (ya sea que busques novia o alguien con quien ir al boliche) en bares, estadios, museos y parques, un servicio basado en los lugares que visitan.

La idea: donde la gente trabaja, come, compra y socializa dice mucho de ella.

“Tenemos que entrar en miles de ubicaciones en todo el mundo. Después está el desafío técnico de las transacciones en la nube que se generaría, potencialmente miles de millones. Estamos hablando de un proyecto operativo gigantesco”.

Es difícil ver a iac embarcarse en un proyecto tan grande y costoso, al menos mientras que las fuentes de ingresos baratas y fáciles, como la suscripción y publicidad, se encuentren intactas. Luego están todos los datos que la compañía recibe de sus usuarios.

“Podemos crecer más allá de nuestro núcleo actual, pero me gustaría pensarlo con mucho cuidado antes de diluir las citas”, dice Yagan.

La presión para hacer dinero va en aumento. Este verano Greg Blatt de iac dijo a los analistas de Wall Street que Tinder podría ganar 75 mdd en Ebitda el año que viene. Bank of America espera que Tinder gane 150 mdd en 2015; Barclays apuesta a que llegarán a 200 millones para 2016.

La pregunta recurrente es si Rad se mantendrá en Tinder el tiempo suficiente para ver el 2016. El hombre que en Filadelfia estaba debatiendo si debería renunciar ahora parece decidido a permanecer en la empresa, diciendo que hará lo que considere que es mejor para Tinder. Con una participación de 10% en un producto que ya tiene un valor de diez dígitos, sin duda tiene incentivos para seguir en ella. “Yo podría ser ingenuo al decir esto, pero el alma de una empresa de consumo es el producto. Si retiras el liderazgo del producto, la compañía se muere”, augura Rad.

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Foto: Robert Gallagher.

 

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