Hace unas semanas, el asteroide 16 Pysche fue objeto de múltiples comentarios en medios de comunicación. La razón es que la composición del cuerpo celeste es de metal y no de hielo y gas, como suele suceder. Pero no sólo eso, una buena parte del asteroide está constituida por oro, cuyo valor se calcula en 700 quintillones de dólares, esto es un 1 seguido de 30 ceros. Suficiente para que cada ser humano tuviera poco más de 90 mil millones de dólares.

La NASA tiene un proyecto para estudiar al asteroide e incluso para minarlo, sin embargo, todo será con fines científicos y de investigación. Si se trajera tal cantidad de oro a la Tierra, lejos de volver millonarios a todos, provocaría un colapso económico al llevar el valor del metal precioso a cero. Es decir, existiría tal cantidad de oro, que su valor sería totalmente nulo.

Y si el oro dejara de tener valor, caerían reservas, inversiones, sistemas monetarios, creando una crisis tan grave, que costaría mucho a la humanidad levantarse. Lo correcto sería decir que el asteroide podría volvernos pobres.

¿Podría suceder lo mismo si diferentes cúmulos de empresas empezaran a forjar sus propias monedas al margen de instituciones centrales o gobiernos? ¿Podría el dinero emitido por países tener una pérdida de valor acelerada por la aparición de divisas digitales impulsadas por clústeres de empresas globales?

El anuncio de Libra, la criptomoneda promovida por Facebook, cayó un tanto de peso entre diversos ministros de economía del mundo, pero ha creado una expectativa grande del cómo funcionará y hasta dónde llegará. El mismo secretario del Tesoro en Estados Unidos ha declarado que buscará regular la moneda por motivos de seguridad, “no queremos que actores maliciosos usen las monedas digitales”, que se convierte en el pretexto perfecto para intentar un límite a su uso.

Lo cierto es que una moneda digital con más de dos mil millones de potenciales usuarios pondría nervioso a cualquier país u organización.

Uno de los puntos más importantes de la criptomoneda es que en realidad un cúmulo de empresas de carácter digital está asociado a su creación y, más que funcionar como lo hace Bitcoin o Ethereum, está pensada como un sistema de pago digital descentralizado.

Al igual que muchas monedas digitales, la referencia de valor de Libra son dólares, oro y otras divisas del mundo físico, aun no cuenta con un sistema de valor propio que le de valor por sí mismo a la moneda digital. Pero lo tendrá.

El hecho de que miles de millones de personas se conecten a una red que recopila, analiza y vende sus datos tiene un valor en sí mismo, lo que ayuda a construir un sistema de legitimidad y confianza. La base de un sistema monetario digital que no está orientado al trade, sino a constituirse como un medio de pago.

Si bien la idea es que en algún momento grupos de empresas puedan crear sistemas monetarios que funcionen en su interior, no serían capaces en este momento de sustituir al sistema actual, aunque esa es la idea: monedas digitales que puedan impulsar el comercio electrónico con reglas propias, supranacionales, más allá de políticas económicas de países o bloques comerciales.

Las criptomonedas de estos grupos comerciales pueden crecer muy rápido y obtener un gran poder económico, además de generar un modelo económico alterno al que ya conocemos. Sin embargo, carecen del incentivo del orden y beneficio social que es propio de los sistemas monetarios de los estados – nación, y su fin es meramente instrumental, es decir, generar valor a través del intercambio comercial.

La situación en este momento indica que es poco probable que estos grupos empresariales que han decidido crear sus propias monedas y sistemas de pago le den la espalda al sistema monetario internacional, no obstante, acaba de iniciar una etapa para el dinero que lo transformará en algo muy diferente a lo que conocemos en la actualidad.

 

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