¿No es demasiado obvia la respuesta? ¡Pues ganando más de lo que necesito para vivir! Y es así como entonces, todo el mundo está trabajando muy duro, pues están más enfocados en la primera parte de la oración: “ganar más”; sin embargo, la mitad del secreto está en la segunda parte: “lo que necesito para vivir”.

¿Cuánto es lo que realmente necesito para vivir? Vamos a llamarle a estos, los gastos indispensables. Conceptualmente, son solamente seis: agua y comida, vivienda y servicios, ropa, salud, educación y transporte. Y aquí es donde comenzamos a hacer dos distinciones importantísimas: todos los demás (tecnología, entretenimiento, restaurantes, viajes, entre otros), en estricta teoría, no son necesarios para vivir; lo más probable es que este tipo de desembolsos sólo te brinden mayor comodidad, más seguridad, diversión, placer, lujos, status, imagen, etc., pero la realidad es que todos tenemos más o menos claro que no son realmente esenciales para vivir. Sabemos que muchos de los gastos que nos afectan financieramente, vienen de este segundo grupo y son tentaciones que nos cuesta mucho trabajo evitar. La publicidad, la mercadotecnia, la cultura, la moda y demás no ayudan mucho a controlar estos consumos, por el contrario, los fomentan.

Pero irónicamente, el enorme problema está en los indispensables. Esto es lo que la mayoría de las personas no ven porque pensamos que cuando son gastos primordiales, por definición, tenemos la necesidad de pagar por ellos, pero ahí hay una gran trampa.

Hasta en el concepto más básico, existen diferentes tipos, clases o niveles, por ejemplo: el agua potable. En este planeta existen más de 2,100,000,000 personas que no cuentan con agua limpia en sus casas. Son más de las que podrías contar en toda tu vida adulta. El agua potable es un derecho básico y algunos la tenemos sólo con girar una llave, pero otros tienen que recorrer grandes distancias para conseguirla, cargarla de regreso y no necesariamente es la más pura. Muchos ni siquiera tienen acceso ella y están bebiendo, así como viviendo con agua contaminada.

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Los muy afortunados que disfrutamos acceso al agua limpia y potable, tenemos varias opciones: la más austera sería simplemente abrir la llave, hervir el agua por cinco minutos y ¡listo! Pero también tenemos la alternativa de comprar una botella de 60 pesos y apenas te alcanzaría para dos vasos. En otras palabras, podemos tener agua casi gratuitamente o podemos pagar 30 pesos por vaso. Lo mismo pasa con la ropa: es un gasto básico y podemos comprar ropa económica y de buena calidad, o podemos gastar una fortuna en algunas marcas muy prestigiadas. Igual pasa con la comida: en México, frutas, verduras, semillas, legumbres y cereales son muy baratos, pero también podemos optar por restaurantes de 400 pesos el platillo.

Lo que quiero decir es que hay muchas más personas de las que puedes imaginar, que derrochan excesivamente en lo que para ellos son gastos fundamentales, pero que también podrían conseguir muchísimo más barato y por ello se generan serios problemas económicos al pensar que un buen restaurante es un consumo básico por ser comida, que una casa más grande en una colonia residencial exclusiva es un desembolso indispensable por ser una vivienda; que una marca más costosa es la única forma de conseguir buena calidad. Los gastos indispensables que podrían ser muy baratos, muy económicos y muy accesibles para vivir bien, se convierten en excesos y entonces toda la vida se convierte en estrés y carencia.

Analiza cuántas cosas en el supermercado normalmente adquieres, que no son realmente necesarias para vivir: yogurt, galletas, quesos, alimentos procesados, golosinas, etc. Observa cuánta ropa compras que no usas tanto o que ni siquiera has estrenado. Examina cuánta comida desperdicias. Considera cuántas medicinas tienes guardadas. Todos esos son desembolsos indispensables, pero no por ello significa que deban ser excesivos. Siempre se puede conseguir buena calidad a precios razonables y comprar en cantidades adecuadas.

Si te tomas en serio esta reflexión y realmente haces un análisis de cuánto costarían los gastos básicos que realmente son necesarios para vivir y cuánto cuestan los que tú crees que son vitales, pero que en realidad estás pagando precios mucho más altos sólo por un empaque más bonito, por una envoltura mejor, por una marca más reconocida, por un poco más de status, lujo, imagen, o comodidad, te vas a ir de espaldas, te lo aseguro.

Entonces, en realidad hay tres cosas que nos permitirían dejar de vivir al día: ganar más (cierto), reducir los gastos no esenciales, pero también es importantísimo que los “gastos indispensables” no se conviertan en excesivos, superfluos o caros; no tienen por qué serlo, son gastos básicos y su precio debería ser igual.

Aprovecha la enorme ventaja que tiene México: la comida es barata, hay vivienda de todos los precios en diversas ciudades, una enorme oferta de ropa de buena calidad y de varias marcas, etc. Resiste la tentación de obedecer estrategias de publicidad y marketing que hasta ahora, quizá te han influenciado para que compres cosas que podrías adquirir por mucho menor precio y sin desperdiciar así tu dinero.

Quiero ser muy respetuoso con las personas que todavía tienen ingresos a un nivel tan bajo, que apenas les alcanza para sobrevivir. En esos casos claramente cualquier tema de ahorro o de análisis de gastos será inútil y las reflexiones de estas líneas no ayudarán mucho. Para estos casos, hay otras herramientas que rebasan el alcance de este artículo.

Aprecia tu dinero como aprecias el esfuerzo que pones en conseguirlo. No lo desperdicies en productos que a veces hasta son tóxicos o chatarra. Sé consciente y con la práctica, conseguirás distinguir esto de forma natural.

 

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