Como siempre las encuestas van y vienen. Según éstas el ánimo social va muy bien, la confianza del consumidor va creciendo y todo México está esperando que la situación económica mejore; por otra parte, la confianza en el nuevo gobierno también es firme y los índices de popularidad son más altos que en el sexenio anterior.

Sin embargo, considero peligrosa esta situación y engañoso este cambio tan radical. Es cierto que el ánimo en las sociedades y las democracias mueve a todo un país; puede hacer que las tendencias cambien, puede ser que ese ánimo se convierta en un motor que mejore las condiciones generales de los ciudadanos, su economía y su democracia; no obstante, en un pueblo como México este ánimo social debe interpretarse con mucho cuidado.

Somos un pueblo que nos gusta depender de las decisiones gubernamentales, y no sólo eso, que vive del presupuesto del Gobierno. La gran diferencia entre el norte y el sur es que en el norte se trabaja, se ha logrado la independencia de los presupuestos estatales para vivir; se ha desarrollado toda una industria y un sistema empresarial que le da de comer a la gente. En el sur desafortunadamente se sigue viviendo de los presupuestos gubernamentales, salvo honrosos casos de ciudades que han generado su propio motor y sistema económico, las demás sólo viven del dinero estatal.

Un buen ánimo ciudadano, dentro del tan criticado sistema neoliberalista, genera confianza en los negocios, en las inversiones privadas, la gente quiere hacer negocios y los inversionistas quieren jugar en el sistema económico, es decir, la confianza se traduce en movimiento en la economía.

En la actualidad, la esperanza social que estamos viviendo pareciera que sólo está encaminada a incrementar el ánimo ciudadano de recibir más apoyo, ayuda, dinero entregado al ciudadano y proveniente del gobierno. Ante este gran incentivo, el ánimo social tiene el riesgo de moverse hacia el lado contrario que se generaba en el neoliberalismo: me das dinero, me lo gasto y no tengo que hacer ninguna actividad, no tengo que generar absolutamente nada, sólo estirar la mano y listo.

En una economía y una sociedad como la nuestra, el gran riesgo es que este sistema de apoyos sociales no ayude a la economía, por el contrario, se puede convertir en un incentivo perverso, que haga que se mueva más lento y podamos tener un efecto de sureñización de toda la economía.

 

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