Su posición geográfica convierte a Cuba en un socio estratégico para EU y México en el subsector de hidrocarburos, y se inserta de manera natural para garantizar la seguridad energética de América del Norte.

 

Por Carlos Huerta Durán

Cuba y Estados Unidos han venido dando pequeños pero continuos pasos desde que en diciembre pasado anunciaron un diálogo para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. La VII Cumbre de las Américas en Panamá parece haber consolidado una ruta que abre una posibilidad inmejorable para explorar las alterativas económicas en el sector energético del país caribeño.

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De manera particular, Cuba tiene ventajas económicas, geológicas y geográficas para considerar seriamente la conveniencia económica de explorar y, en su caso, desarrollar y producir hidrocarburos en tierra, aguas someras y profundas. Describamos algunas características brevemente:

El subsector de hidrocarburos cubano está abierto a la inversión privada desde hace más de dos décadas. Su empresa petrolera nacional, la Unión Cuba-Petróleo (Cupet), fue fundada el 26 de marzo de 1992 con la marca comercial del mismo nombre. Es una entidad estatal verticalmente integrada y conformada por 41 empresas, de las cuales 5 son mixtas. Cupet está autorizada a llevar a cabo todas las operaciones tanto de upstream como downsteam por sus propios medios o en asociación con empresas extranjeras.

En cuanto a la geología, el archipiélago cubano está ubicado en un plegado y cabalgado del Terciario Inferior resultado del choque de un arco volcánico en el sur y el margen continental norteamericano de la mitad norte. Llama la atención la parte norte, específicamente por la carretera de la Habana a Matanzas, donde pueden observarse los desarrollos y puesta en producción de algunos pozos en las cercanías de la costa en el llamado Cinturón de Crudos Pesados. Su posición geográfica es clave: su ubicación entre dos potencias petroleras como son Estados Unidos y México, convierten a Cuba no sólo en un socio estratégico para el desarrollo de nuevos negocios en el subsector de hidrocarburos, sino que además la insertan de manera natural para garantizar la seguridad energética de América del Norte. Su potencial de producción de aceite podría incluso impactar directamente a países vecinos.

La producción anual promedio de Cuba durante los últimos 10 años ha sido de alrededor de 70,000 barriles de petróleo crudo equivalente por día. Las características del aceite lo ubican en la categoría de pesados y extrapesados, con entre 7 y 19 grados API. En su mayoría se utiliza como combustible en las termoeléctricas para generar electricidad. Su consumo interno más que duplica su producción y prácticamente toda la importación de aceite proviene de Venezuela. Sin embargo, ante la coyuntura actual de precios del petróleo deprimidos, la relación comercial entre ambas naciones puede ser modificada sustancialmente.

Ahora bien, su producción había venido observando un incremento en la última década y se tenían muy buenas perspectivas de aumentar todavía más, derivado de las asociaciones con empresas extranjeras que se habían venido gestando a lo largo de los últimos 20 años[1].

Desde 1991, Cuba ha adoptado una política de asociaciones con empresas extranjeras para las inversiones en sectores claves de la economía, incluyendo el petróleo y el gas. En mayo de 1999, el gobierno cubano tomó la decisión de permitir la exploración petrolera en la Zona Económica Exclusiva de Cuba en el Golfo de México, considerando el potencial de encontrar hidrocarburos en aguas profundas y ultraprofundas. Entre las principales motivaciones estuvieron el hecho de que la zona cubana del Golfo de México tiene un alto potencial para la exploración; la existencia de fronteras marítimas con estados productores vecinos y el desarrollo de la tecnología para la producción de crudo en aguas profundas y ultraprofundas. La exploración comenzó en esta área y se hizo por medio de contratos de producción compartida a 30 años con empresas extranjeras diversas, excepto estadounidenses. Para la consecución de este proyecto se ha divido la parte norte de Cuba en 52 bloques y se adaptaron los contratos terrestres a las condiciones especiales del mar. Cubre un área total de 112,000 kilómetros cuadrados y la profundidad oscila entre los 1,500 y 3,000 metros. A la fecha sólo se ha perforado alrededor de una decena de pozos, que resulta un número muy reducido dentro de los parámetros de la industria petrolera internacional.

En total existen 85 bloques disponibles en tierra, mar somero y profundo en toda Cuba, listos para ser explorados y explotados en esquemas contractuales diversos. Sin duda, la casi nula relación comercial y económica entre Cuba y Estados Unidos ha inhibido todo ambiente adecuado de negocios en la isla, en materia energética y en cualquier actividad económica que se trate. Ante el nuevo contexto de entendimiento entre ambas naciones, hay muchos incentivos para que las compañías petroleras estadounidenses y de otros países consideren a Cuba como un destino atractivo para invertir en el sector energético. Las petroleras de EU hace tiempo que preguntan discretamente en Cuba sobre su petróleo y gas; esta coyuntura podría impulsar una acción decidida y tangible en materia energética en el futuro próximo[2].

Ante este escenario, México puede y debe jugar un papel mucho más activo para acercar a dos naciones que durante más de medio siglo no encontraron motivos para dialogar. Ahora que lo han hecho, nuestra nación podría impulsar medidas que vayan abonando el camino para crear un clima de negocios propicio y un marco jurídico-institucional en materia energética.

Lo primero sería relanzar las pláticas para ir dando forma a un acuerdo de Yacimientos Transfronterizos que se localizan en la denominada Dona Oriental del Golfo de México y que es compartida por los tres países. Segundo, ante la reciente apertura energética en México, las oportunidades de explorar y explotar hidrocarburos traen grandes oportunidades de negocios, pero también de riesgos industriales. Por lo anterior es menester reiniciar el diálogo entre las tres naciones a fin de prevenir o afrontar cualquier derrame de hidrocarburos en una industria que es de alto riesgo y que pudieran alterar el medio ambiente de la región. En ambos caso, el gobierno mexicano, por conducto de la Secretaría de Relaciones Exteriores y la nueva Agencia Nacional de Seguridad Industrial y de Protección al Medio Ambiente del Sector Hidrocarburos, será clave para comenzar a concretar el marco jurídico adecuado para la exploración y explotación de la zona compartida en el Golfo de México.

Cuba aparentemente quiere reinventarse como nación, en lo económico y en lo político; Estados Unidos ha observado que el diálogo con la isla puede tener mejores resultados hacia adelante, y México se encuentra inmerso en una coyuntura histórica en su sector energético. Los tres países tienen incentivos claros para dialogar, aterrizar y ejecutar una política energética conjunta que convenga económicamente, y que al mismo tiempo puedan dar garantías futuras sobre la autosuficiencia regional de los hidrocarburos. El camino no será corto y andarlo tampoco será fácil, pero se ha iniciado su construcción, que, parece, puede rendir frutos en el mañana.

 

[1]A inicios del nuevo milenio, Cuba se llenó de optimismo ante la llegada de diversas compañías petroleras a la isla. Sin duda, un factor sustantivo fueron los altos precios del petróleo que se observaron desde 2003, considerando incluso la caída de los mismos en 2008 y 2009, ya que un año después retomaron su tendencia alcista. A finales de 2010 era normal escuchar a las autoridades energéticas cubanas sobre las grandes probabilidades de encontrar petróleo en la zona. Sin embargo, ese optimismo se fue diluyendo ante un escenario nada propicio para hacer negocios petroleros en la isla derivado de la cuasi nula relación económica y comercial con Estados Unidos y a que los bloques de Cuba competían con otros en distintos continentes. La presencia de empresas extranjeras se redujo en el subsector de hidrocarburos ex ante del relanzamiento diplomático entre ambas naciones. Véase: Huerta, Carlos et al. “Cuba-Petróleo (Cupet): un singular sendero institucional” en Petróleo y Energía, junio-julio de 2011, México.
[2]Otra oportunidad de negocios, que no tocamos aquí por falta de espacio, pero hay que considerar, es la parte que corresponde a la transformación industrial de hidrocarburos, específicamente la refinación. Ejemplo de ello es la refinería de Cienfuegos, ubicada en la provincia con el mismo nombre donde es una coinversión entre Venezuela y Cuba y que dio origen al activo: “Petróleos de Cuba-Venezuela (Cuvenpetrol, SA). Este proyecto inacabado, por cierto, es sólo un botón de muestra de otra oportunidad para invertir en Cuba.

 

Carlos Huerta Durán es economista, consultor independiente en negocios petroleros y ex asesor del Consejo de Administración de Pemex. Diseñador y actor relevante en las reformas energéticas en México en 2008, 2013 y 2014. Con experiencia de más de 15 años en temas energéticos, financieros y presupuestales, es asesor de empresas que deseen encontrar oportunidades de negocios en México.

 

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