Chiapas con un coeficiente de desigualdad en el ingreso o GINI de .508 y Nuevo León con .578 tienen uno de los índices más altos de desigualdad, por arriba del GINI nacional de .498, pero Nuevo León tiene menos del 1% de su población en pobreza extrema y Chiapas tiene más del 28%. Adicionalmente, en el periodo 2010-2016, Nuevo León logró disminuir su pobreza extrema en 67% más del doble que Chiapas, que sólo pudo disminuirla en 27%. Con ello, Nuevo León logró, además, disminuir la desigualdad en un 16% y Chiapas en cambio, la incrementó en un 6%.

Como ya lo hemos dicho, cualquier sistema complejo genera desigualdad y diversidad; el desarrollo tecnológico y el crecimiento económico naturalmente generan desigualdad ya que hay individuos, sectores y estados que se incorporan con mayor efectividad al desarrollo que otros. A la inversa, un sistema que castigue el desarrollo y restrinja libertades genera más igualdad, pero más pobreza. Otro punto poco conocido, las guerras, las catástrofes y las dictaduras generan igualdad, pero hacia abajo: todos se vuelven menos ricos.

El mundo era mucho más desigual y libre al inicio de la Revolución Industrial que ahora. Si el sistema fomenta el libre mercado y la competencia -política y económica- eventualmente, todos se incorporan al desarrollo como es el caso de los países desarrollados. Muchos creen que los países nórdicos son los menos desiguales porque fomentan la economía de estado, pero eso es una falsedad, son los países con mayores libertades económicas y eso sí, cuentan con gobiernos eficientes y decentes. Chile es el país con mayores libertades económicas, mayor PIB per cápita, menor pobreza y mayor gasto social de Latinoamérica.

Hablar de desigualdad siempre genera muchas discusiones ideológicas en donde muy pocos entienden de lo que hablan y se mezclan demasiados temas. Por lo que debemos tener cuidado con focalizar en la desigualdad, en lugar de focalizar en erradicar la pobreza y el crecimiento económico.

La desigualdad que sí nos interesa entender y combatir es la desigualdad artificial, la que generan los políticos para sus socios, seguidores y amigos. Esa desigualdad artificial crea pobreza. Es desigualdad nociva, corrupta e injusta -sin méritos- que provoca el mal gobierno. Cerramos con eso el tema de la desigualdad para concentrarnos en lo verdaderamente importante: la pobreza.

Hoy la pobreza extrema mundial se ubica por debajo del 10% de la población. En México, es 7.6% (Coneval, 2016). El Banco Mundial estima que la pobreza extrema quedará erradicada en el Mundo para el año 2030, quizá antes, pero habrá que ver lo que dicen Corea del Norte y Venezuela al respecto… y los electores en México.

México redujo su pobreza extrema en 32% del 2010 al 2016. En la gráfica verán qué estados han sido más exitosos en bajar la pobreza extrema son los más dinámicos económicamente, los más conectados a la industria, el comercio o al turismo nacional y extranjero; los que crecen más rápidamente, los que generan más PIB per cápita e incluso, reciben inmigrantes de estados más pobres. Lo único que reduce pobreza, en síntesis, es la inversión productiva y el crecimiento económico. No hay más.

Bueno casi, eso no quiere decir que no se use un gasto social, bien dirigido, focalizado, no-clientelar, no-inflacionario y con el fin de incorporar a los más pobres a la economía productiva para que se valgan por sí mismos. Pensemos en servicios públicos de calidad y apoyos específicos a la población más necesitada. Los países más desarrollados, por cierto, son los que más gasto social ejercen.

Los Estados Unidos incluso, se sitúan en segundo lugar, sólo por debajo de Francia, pero con una distinción importante. En EU el gasto social neto es de 30% de su PIB, por encima del promedio de 21% de países desarrollados, pero sólo el 18% es público, el resto es privado. Interesante, he aquí que el país “más capitalista” y más odiado por los antineoliberales es el que más gasta en sus pobres y, además, lo hace sin ser forzado por el Estado.

En la mayoría de los países, México incluido, ese gasto social es generado por impuestos y administrado por burócratas en aparatos gubernamentales no óptimos. México, por cierto, tiene una calificación muy baja de gobierno conforme al Índice de Libertad Económica.  Si no fuera por su mal gobierno, se ubicaría más alto en la tabla general (lugar 66, libertad moderada), pues en otros indicadores como la libertad de comercio, libertad financiera, salud financiera, carga fiscal y otros, no anda tan mal.

En México, una buena parte del gasto social se diluye en burocracia, en compadrazgos y en sindicatos como el de la CNTE, que lejos de combatir la pobreza extrema crean beneficios para ellos mismos y con ello, más pobreza y más desigualdad.

¿Queremos erradicar la pobreza extrema en México? ¿Queremos un país más equitativo?

Fomentemos entonces la inversión productiva, la competencia, la educación de calidad y el buen gobierno. Esa es la única ruta, no hay soluciones mágicas. La historia del mundo y de México lo saben.

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