Un estado puede fortalecer el progreso económico y social de su población o puede obstaculizarlo. Puede favorecer a unos cuantos aliados poderosos o hacer una alianza con toda su población en pro del bien común.

La fortaleza política y económica van de la mano. Un gobierno que toma decisiones racionales y a favor del bien común, genera crecimiento económico y desarrollo social. Un gobierno, que, por el contrario, toma decisiones caprichosas o para favorecer a sus “compadres” o por temor a la turbulencia que los cambios naturalmente generan, provoca retroceso, estancamiento y descontento general.

Como en la vida, una economía y política sanas son el resultado de fuerzas positivas que reparten el poder entre la población. Un país en donde todos pueden beneficiarse con su ingenio y su trabajo es un país fuerte. Un país en donde sólo unos cuantos pueden beneficiarse a costa de otros, es un país débil.

En todo estado hay fuerzas centrífugas (del centro hacia la periferia) que tienden a repartir el poder y fuerzas centrípetas (de la periferia hacia el centro) que tienden a concentrarlo. Un país totalmente descentralizado es incapaz de brindar los servicios y garantías mínimas a la población en todo el territorio como fue el caso del México independiente; un país demasiado centralizado, por el contrario, puede ahogar a la población como fue el caso del Porfiriato.

Hay centralización positiva y negativa, hay descentralización positiva y negativa. Si la centralización va a favor del bien de todos, es positiva; si sólo promueve el poder de una minoría, es negativa.

La centralización positiva tiene que ver con instituciones nacionales fuertes, por ejemplo: El Estado de derecho, la seguridad jurídica, el libre tránsito, el respeto a la propiedad privada e intelectual, la seguridad personal, la infraestructura y la comunicación, la democracia y los buenos servicios públicos.

La centralización negativa tiene que ver con gobernantes y élites fuertes, con el monopartidismo, el presidencialismo, la concentración de poder en las personas no en las instituciones, la militarización, la economía de compadres, los monopolios públicos y privados, las elecciones a modo o la Internet controlada por el gobierno

La descentralización positiva es el reparto del poder político y económico con un fin de bien común. Los ejemplos positivos son: El comercio internacional, el pluralismo, el Poder judicial fuerte e independiente del Ejecutivo, un parlamento o congreso plural, los derechos de minorías, los medios de comunicación independientes, la Internet libre, las cámaras empresariales, los sindicatos democráticos, un sistema educativo de calidad y las organizaciones civiles.

La descentralización negativa, por el contrario, destruye el Estado de derecho. Como ejemplos tenemos: el caciquismo, los sindicatos como cotos de poder, el regionalismo excesivo y virulento, la atomización de partidos sin interés o acuerdos nacionales, el crimen organizado, la economía de compadres a nivel local y la corrupción, en general.

En el libro Why Nations Fail (Porque Fracasan las Naciones) Daron Acemoglu y James A. Robinson exploran este fenómeno desde un punto de vista histórico y comparativo (empiezan por comparar a los dos Nogales, el de Arizona y el de Sonora; y el origen de la riqueza de Bill Gates con la de Carlos Slim).

Nos hablan de la economía inclusiva, con libertad y oportunidades para todos y de economía extractiva, que reparte bienes y recursos limitados entre unos cuantos favorecidos.

La inclusiva tiene que ver con el ingenio, la propiedad intelectual, el comercio, la industria y la destrucción creativa que propuso Schumpeter como inherente al capitalismo moderno: lo que no funciona es desplazado por lo que sí funciona.

Los regímenes opresores le temen a la destrucción creativa. En el libro, se narra un caso interesante: Antes de la revolución industrial en Inglaterra, a fines del siglo XVII, un técnico le llevó al monarca un invento para industrializar los tejidos, buscaba una patente; el monarca se aseguró que nadie más conocía del invento y lo mandó ejecutar. ¿Por qué? Temía a la turbulencia política que siempre acompaña a la turbulencia económica de los inventos.

La economía extractiva, por el contrario, tiene que ver con el reparto de riqueza entre unos cuantos, como la tierra, la minería, el petróleo o la creación de monopolios artificiales en comunicaciones, la industria, el comercio o los servicios públicos. La etapa postrevolucionaria de México creó riqueza, pero favorecía sólo a algunos industriales, quienes podía cerrar la frontera y evitar competencia, a los sindicatos aliados o a los amigos del presidente.

¿Qué estamos fortaleciendo o debilitando en México? ¿Cuál es el ánimo de la población? ¿Cuál es la intención del gobierno? ¿Seguimos pensando que la riqueza de México son los recursos naturales? ¿Estamos generando más monopolios públicos y privados o estamos fortaleciendo la competencia? ¿Estamos creando un Estado que toma decisiones por el bien de todos o para favorecer a un partido, a una persona o los nuevos compadres-socios?

¿Vamos avanzando o estamos retrocediendo?

 

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