El desastre económico vuelve a sacudir a la economía argentina. Tras la victoria del líder peronista, Alberto Fernández, en las votaciones virtuales, y a esperas de confirmar su victoria definitiva en las urnas, la economía argentina vivió una de las peores sesiones de su historia. Los inversores, ante tal pronostico político, se mostraron lo más pesimista posible, provocando una muy abrupta caída de los mercados financieros, dejando al país al borde del colapso económico.

Durante la jornada bursátil, la economía argentina experimentó, de primera mano, un verdadero lunes negro para las bolsas. La bolsa de Buenos Aires, tras la derrota de Macri, provocó una abrupta caída superior al 37%. Con los valores cayendo a niveles superiores al 60%, la principal bolsa de valores en el país vivía una de las peores jornadas de su historia, sumergida en un gran caos bursátil.

De la misma forma lo hacía la deuda pública. Tras el colapso que estaba provocando los nuevos resultados en las urnas, la deuda pública argentina, expresándose en la rentabilidad de los bonos, sufría un fuerte impulso en la rentabilidad de los bonos argentinos. Según se podía leer, el bono argentino elevó la rentabilidad de este hasta el 12,4%. Una rentabilidad justificada ante las declaraciones de la agencia Bloomberg, que calificaba la posibilidad de un default, un impago en el país, con un 75% de posibilidad.

Ante semejante riesgo de quiebra, los inversores han comenzado a mostrarse realistas ante la posibilidad de una inminente quiebra financiera en el país. Los CDS, según los datos que arroja Bloomberg, se dispararon casi un 100%, pasando de los 1.000 puntos básicos, a un poco más de 2,000 puntos. Niveles que arrojan una veraz realidad de lo ocurrido en el país y de la capacidad de pago de este, disparando el coste de financiación del país, especialmente en el corto plazo, por encima del 30%.

La situación que atravesaba el país también tuvo un fuerte impacto en la divisa nacional. Una divisa que, históricamente, se está mostrando muy inestable y débil respecto a otras divisas más robustas. Tras lo ocurrido, la divisa argentina, el peso, sufrió una devaluación, respecto al dólar, de casi el 32%. Una fuerte devaluación para la divisa argentina, que ya atravesaba grandes problemas como la fuerte e incontenible inflación que sacudía a la divisa nacional.

Un hecho que llevó al banco central a tener que intervenir. Con el fin de evitar una mayor devaluación de la moneda y la consecuente pérdida de competitividad de esta, el banco central elevó los tipos de interés en el país, pasando del 53% al 74%, la mayor subida de tipos en el mundo. Una subida que, como digo, trataba de contener una devaluación que dejaba el peso argentino en niveles desastrosos, provocando una gran pérdida de poder adquisitivo en el país.

Como podemos ver, la economía argentina, ante la posibilidad de la entrada de un nuevo gobierno en el país, se vio inmersa en una difícil y tortuosa situación. El país se enfrenta a grandes retos que, tras la mala gestión realizada por gobiernos predecesores, han dejado al país en una situación de gran vulnerabilidad y extrema delicadeza. La situación de argentina es muy débil y, frente a otros países similares, se encuentra en una situación de mayor fragilidad.

Las malas políticas económicas pasan factura. Las decisiones adoptadas en el país, decisiones como el proteccionismo, la aplicación de continuos estímulos y la debilidad de la divisa, la falta de apertura a nuevos modelos económicos, la inflación, así como la deuda y los elevados niveles de gasto público han abocado al país a una situación de difícil retorno. Aunque las políticas aplicadas por los nuevos gobiernos tratasen de revertir la situación, su efecto no sería de carácter inmediato.

Las políticas aplicadas por Mauricio Macri iban enfocadas a un saneamiento general en el país, revirtiendo todas aquellas políticas que, de forma errónea, se habían aplicado en el país y estaban derivando en duras situaciones para la economía nacional. Sin embargo, como sigo, hablamos de política económica y no podemos medir los impactos de forma inmediata, aunque el ciudadano argentino y su percepción sea la de un efecto inmediato en la economía como condicionante para continuar en el gobierno.

No soy partidario de la autocomplacencia. No obstante, no podemos exigir a un gobierno más que liderar un cambio que, tarde o temprano, tratará de acabar con esas vulnerabilidades que sufre el país. Argentina es un país con gran potencial, un país exigente; por ello, las políticas aplicadas deben ser las correctas y, sobre todo, deben ir enfocadas a corregir grandes fallas internas que han derivado en una serie de problemas estructurales que, ahora, asfixian y ponen en vilo a la economía en el país.

Los inversores ya han mostrado su veredicto y, pese a los achaques del, hasta ahora, candidato con mayor opción de entrada al gobierno, los mismos inversores que, según el líder peronista, critican las políticas del presidente Macri, también son los mismos que alababan la continuidad del, hasta ahora, vigente presidente del país. El optimismo de una continuidad del Gobierno se ha visto sacudido por la entrada de un nuevo Gobierno, el cual mantiene la ideología que acabó, en su día, con una de las economías más prósperas de Latinoamérica.

 

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