La locomotora de la economía europea se frena. Esta vez de una forma más pronunciada de lo habitual. Los crecimientos para la economía de la Zona Euro, ante las declaraciones del Banco Central Europeo (BCE) ya mostraban una ralentización en los indicadores adelantados. Aunque no contemplaba el riesgo de una recesión, Alemania rebaja nuevamente sus crecimientos.

Y es que, según el gobierno Alemán, las previsiones macroeconómicas para este año han empeorado más de lo que se preveía hace unos meses. Según el gobierno alemán, a través de su ministerio de Economía, prevé una rebaja en el crecimiento para la principal economía de la zona euro de un 0,5%. Unos crecimientos que se pronuncian, contrastándolos con los previstos a principio de año.

Brexit o las amenazas de guerra comercial, ahora con Estados Unidos, están desacelerando la principal economía de la zona euro, llevándole a aplicar reajustes a la baja en sus ritmos de crecimiento. Como vemos, un reajuste del 0,5% en el Producto Interior Bruto (PIB) y que, según el ministro de Economía, Peter Altmaier, no comenzará a tener mayor dinamismo hasta 2020.

No debemos olvidar la gran dependencia de la economía alemana del sector exterior. La cuarta economía más poderosa del mundo, a su vez, también es una de las economías más presentes en los mercados internacionales. Ante esto, las tensiones proteccionistas y secesionistas han generado un escenario de inseguridad que ha acabado por lastrar los ritmos de crecimiento.

A fechas de 2017, la OCDE databa el comercio alemán en un 86% del Producto Interior Bruto (PIB) en el país. A su vez, en 2018, las exportaciones continuaron creciendo, en un 3,05%, representando un 39,01% del Producto Interior Bruto. Alemania, con 1.321.000 es el tercer país más exportador del mundo y las tensiones y las dificultades que presenta el escenario global están provocando una caída en la demanda global.

Ante las nuevas previsiones de crecimiento, la economía europea se muestra preocupada, pues como hemos dicho anteriormente, estamos ante la locomotora de la economía europea y una ralentización de tal magnitud tendrá efectos colaterales en el resto de economías que integran la Unión Europea. Sin el crecimiento alemán, las otras economías de la zona euro podrían sufrir un efecto contagio y moderar, de igual forma, sus crecimientos.

Aunque hablemos de recesión global, si hay una economía, o un bloque económico, que más esté sufriendo los efectos de la desaceleración económica, ese es Europa. La economía de la zona euro es la que más ha rebajado sus perspectivas de crecimiento. En las últimas declaraciones que hacía Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), anunciaba un reajuste para el crecimiento de la zona euro que situaba el crecimiento en un 1%.

Como podemos ver, un ritmo de crecimiento que dista mucho de otras economías como China o Estados Unidos, las cuales, aunque hayan moderado sus crecimientos, crecerán a un ritmo mucho más elevado de lo que lo hará la economía europea. Por ello, ante semejante escenario económico, muchos economistas temen que la economía occidental pueda estar sufriendo una “japonización”, es decir, un escenario de inflación, tipos bajos y moderados crecimientos. Un efecto al que muchos temen.

Y es que, la principal diferencia con Japón es el hecho de que su economía, pese a crecer a ritmos muy bajos, las tasas de desempleo son irrisorias, en comparación con muchas economías de la zona euro como España o Italia. En Alemania el caso es distinto pues, aunque estemos ante uno de los mayores descensos en el crecimiento de la economía germana, su tasa de desempleo, con un 3,1%, se encuentra en máximos históricos. Muy por delante de Estados Unidos.

Como vemos, Europa está atravesando una dura situación para su economía, la peor desde 2014. Los efectos que han tenido la aplicación de unas excesivas políticas expansivas y los aumentos de masa monetaria, a través del QE, han acabado por generar un escenario en el que difícilmente podemos maniobrar para evitar semejantes desaceleraciones económicas. Principal diferencia con Estados Unidos, donde aún hay margen para la aplicación de estímulos.

Aunque Europa prevea unos mayores crecimientos para 2020, para el 2019, su economía va a pasar por un momento bastante difícil. Un momento donde las actuaciones, cualquiera de ellas en materia de política monetaria, jugará un papel determinante en la evolución de su economía. Por ello, de querer impulsar la economía de la zona euro, Europa debe centrar sus esfuerzos en acabar con los escenarios de riesgo e incertidumbre y que, a su vez, actúan como un freno para el crecimiento económico.

De seguir inyectando incertidumbre y riesgos al panorama, al escenario, económico, las inseguridades que estas trasladan a la economía y a los inversores, acaban por ahuyentar a tese tejido inversor. Por ello, debemos normalizar, de una vez, la situación económica y política de la Zona Euro, construir un proyecto común e inclusivo, así como normalizar la política monetaria. Aspectos claves para incrementar el crecimiento que, ahora, se encuentra en mínimos.

 

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