Antonio Villaraigosa tuvo una niñez convulsa: fue pandillero, voluntario en movimientos de trabajadores agrícolas, activista de derechos humanos, contestó en español el informe del discurso del Estado de la Unión del entonces presidente George W. Bush en 2006 y fue el primer alcalde hispano de Los Ángeles desde 1872.

La revista Time lo reconoció como uno de los 25 latinos más influyentes y ahora, a sus 64 años, quiere gobernar California.

El aspirante admite que son tiempos duros. La narrativa que ha usado el actual Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está provocando un ambiente de polarización en varias ciudades de California entre sectores en pro de la inclusión y otros que exigen expulsar ya a los migrantes.

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El político republicano ha prometido deportar 3 millones de inmigrantes latinoamericanos, además de construir un muro fronterizo con México, cuyo costo tendrá que costear la nación que gobierna Enrique Peña Nieto.

Según estudios de la Universidad del Sur de California, la expulsión de migrantes supondría un impacto de 1,500 millones de dólares en el Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos, lo que significaría un retroceso de la economía estadounidense a niveles similares de la crisis económica de 2008. Por otro lado, 10% de la economía estadounidense depende de los inmigrantes. El sector de la construcción registra el porcentaje más alto de inmigrantes trabajando con un 18%.

Por otro lado, California tiene el honor de ser la sexta economía del mundo superando a países como Francia y Brasil. Su PIB es de 2.5 billones de dólares —tan solo detrás del PIB de Estados Unidos, China, Japón, Alemania y Reino Unido— y ahí operan empresas del calibre como Apple, Facebook, Cisco, HP, Yahoo, Intel, eBay, Adobe…

Es bajo ese entorno en el que Antonio Villaraigosa está operando para convertirse en el primer gobernador de origen mexicano de California y, por añadidura, en la piedra en el zapato de Donald Trump.

Hoy, en el ecosistema político de California se reconoce el activismo promigrante de Villaraigosa. Incluso, núcleos de sociedades orientales, europeas y negras consideran que la probable candidatura de Villaraigosa sería una buena opción para ellos. Pero también enfrenta dos factores en contra: la percepción entre varios votantes, incluyendo latinos, que sostienen que aún no es tiempo de tener un gobernador latino.

Encuentra la versión completa de este texto en nuestro nuevo número, a la venta el 15 de mayo.

 

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