Por Adolfo Laborde*

En el Plan Nacional de Desarrollo (PND) de la presente administración, la región latinoamericana ha sido señalada como prioritaria en materia de nuestra política exterior.

No es un secreto que el gobierno de México a través del subsecretario para América Latina de la Secretaria de Relaciones Exteriores (SRE), Maximiliano Reyes Zúñiga, ha reconocido el triunfo electoral de Evo Morales en Bolivia, desconocido por la oposición en ese país y se ha congratulado por el triunfo electoral de Alberto Fernández en Argentina, quien realiza una visita de trabajo en México.

Ya se habla del nuevo eje progresista en América Latina donde México, Argentina, Bolivia y los países que se sumen, podrían revivir los esfuerzos de aquella UNASUR, o bien, el de un nuevo bloque de países con una tendencia centro-izquierda que de alguna manera tratarán de encaminar a la región a un proceso de integración profundo, el cual, necesariamente tendría que pasar por las fases de la teoría de la integración económica (acuerdos de alcance parcial o de preferencia económica; zona de libre comercio; unión aduanera; mercado común; unión económica; integración económica total y integración total) siguiendo el modelo más acabado en la materia como lo es el de la Unión Europea (UE). 

Si bien es cierto, en la región ya se han dado pasos para ello, hoy, ningún mecanismo integracionista ha funcionado. De hecho, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) que dio paso a la Asociación Latinoamérica de Integración (ALADI) a principios de los ochenta era más ambiciosa en términos de la teoría integracionista.

Sin ser fatalistas en la materia, hay que reconocer que los esquemas de integración regional o subregional han tenido alcances parciales debido a la estructura económica de cada uno de los países latinoamericanos que en la mayoría de los casos competimos entre sí (producimos lo mismo).

Tampoco los Acuerdos de Alcance Parcial (AAP) que prevalecen en la región son suficientes para promover el libre comercio y los que han incorporado elementos innovadores como el de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú) con la eliminación del visado y de los aranceles en más de 92% desde el 2013 tampoco alcanzan para llegar a la integración de la región de la que se habla en el discurso dentro de uno y otro lado del continente.

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Asimismo, está demostrado que el libre comercio a través de políticas neoliberales como las que ha seguido Chile y otros países en la región, desde los años setenta, ochenta y noventa ni la propuesta del regionalismo abierto por parte de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) han logrado la eliminación de los grandes males de la región como la desigualdad, exclusión, pobreza y subdesarrollo, por la que atraviesan la gran mayoría de latinoamericanos. He aquí el gran reto de los nuevos gobiernos en América Latina que, sin caer en los excesos del libre mercado, tendrán que moverse hacia un modelo alterno a las políticas neoliberales mismas de las que son presa. México es un ejemplo claro de ello.

Aquí cabría preguntarnos ¿Cómo cambiar la política del libre comercio del país que se inició en la década de los 90 con el TLCAN? Además, ¿Qué haríamos con los 13 Tratados de Libre Comercio con 50 países que tenemos sumado a los compromisos con la Organización Mundial del Comercio?

Sin entrar en un debate estéril sobre el tema, todo parece indicar que la realidad del comercio exterior de México va más allá de América Latina. Los datos duros no mienten. Solo el 4.2% del total está concentrado con América Latina (Banco de México, 2019).

Lo cierto es que hasta que no se encuentre un modelo de integración real en la región, es probable que sigamos escuchando esas ideas integracionistas maravillosas que de no atender los problemas que aquejan a la gran mayoría de latinoamericanos, se quedarán en eso, en discursos que difícilmente se traducirán en políticas económicas públicas regionales coordinadas y realistas. 

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*El autor es Doctor en Relaciones Internacionales. Profesor Investigador de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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