Desde el resultado de las elecciones de julio del 2018, la ausencia de interlocutores, fuerzas o actores políticos divergentes, contestatarios o al menos conversadores respecto de los temas políticos en el país, es muy notoria.

El Tercer Informe de Gobierno al Pueblo de México del jefe del Ejecutivo en turno, fue una muestra contundente de la carencia de fuerzas articuladoras, fiscalizadoras, equilibrantes y alternativas. No existe una figura capaz de armar consensos o representar un liderazgo significativo que represente alguna posibilidad de ajuste o cambio en el quehacer político.

Tanto los medios, como las organizaciones, las instituciones y los grupos se replegaron, se sometieron o simplemente se desvanecieron en el olvido ciudadano. Si bien no se les extraña, para que la democracia sea plena es imprescindible que existan esas fuentes de debate, presión, disenso y reflexión en una sociedad que aspira a mejorar, crecer y desarrollarse

Una de las mayores expresiones de cinismo y dispendio está en los partidos y las organizaciones electorales, el costo de la desconfianza ciudadana es un argumento motor para justificar grandes fugas de recursos públicos y excesos fuera de toda racionalidad.

En este contexto, es oportuno reflexionar sobre la necesidad de replantear la vida republicana, ¿puede la sociedad desarrollarse políticamente sin los partidos?

  • Las actuales generaciones de ciudadanos prefieren tomar decisiones por sí mismos, les gusta sentirse libres, flexibles, participar, organizarse y fiscalizar sin intermediaros y existen muchos ejemplos de organizaciones, comunidades y ciudadanos autónomos que margen de gobierno y los partidos actúan por iniciativa propia para afrontar los problemas de su comunidad sin burocracia ni complicaciones.
  • Las redes sociales funcionan en tiempo real y son un mecanismo muy efectivo a través del cual la sociedad se expresa, debate, opina y trata de influir en los temas más relevantes y ponen en evidencia que los ciudadanos no se sienten atraídos ni motivados por los escasos resultados que ofrecen los partidos políticos, exigen más de las autoridades y ya no se conforman con la demagogia de siempre.
  • Los partidos están cada vez más lejos de las agendas ciudadanas; con mucha frecuencia, los intereses y prioridades de las comunidades no coinciden con las leyes, los intereses ni los temas que se discuten y proponen desde los actores políticos.
  • Las redes sociales también han desarrollado nuevos tipos de liderazgos e influencias sociales, figuras independientes que de participar en una elección tendrían amplias posibilidades de triunfo. Se trata de personajes que se han ganado la calle casa por casa, convenciendo, compartiendo, siendo solidarios, ganando la simpatía de la gente, apoyando una causa y con una visión en la que los ciudadanos creen, se sienten identificados y están dispuestos a depositar su confianza.
  • Muchos movimientos sociales que generaron grandes transformaciones surgieron al margen de los partidos, se basan en la organización voluntaria, son pasión, emoción, energía, vitalidad, motivación, altruismo, patriotismo, compromiso mutuo y el sometimiento del interés particular en favor del bien común superior y eso ya no lo están ofreciendo los partidos políticos.
  • Los partidos se quedaron asociados a la corrupción por acción y omisión; por escándalo y por silencio; por pasividad y complicidad, los políticos tienen ante sí un largo camino para quitarse los estigmas que pesan sobre ellos, sus reyertas, cambios de bandera, incumplimiento y cerrazón les están pasando la factura ciudadana.
  • No hay ninguna justificación para nuevos partidos, urgen los cambios profundos, realistas y congruentes, cierto, pero cada expresión particular fomenta el divisionismo, el protagonismo personal vacío y la carencia de liderazgo real solo reflejan el ridículo de muchos actores que buscan -como sea, mantenerse al cobijo de los recursos públicos.

Toda organización debe justificarse por sus fines, sus acciones, sus funciones y sus resultados, los partidos están fallando en todas ellas.

El espectro político de un México tan diverso y plural requiere de actores, líderes, fuerzas, figuras alternantes que sirvan para expresar la riqueza, las formas alternativas de ideas, culturas, visiones y proyectos para forjar una nación más justa y desarrollada.

En ocasiones se requiere de un cambio radical, de un giro extremo para ponerse al día, la sociedad mexicana debe acudir a una reflexión profunda sobre la viabilidad, capacidad, presencia y necesidad de la presencia de los partidos políticos o bien avocarse a la construcción de un nuevos sistema y estructuras electorales que contribuyan a su desarrollo político.

 

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