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Por Lucía Pérez Moreno

José María Castro, gerente general de Siglo XXI Editores, celebra que el sello para el que trabaja desde hace 17 años siga siendo independiente. Varias editoriales contemporáneas, como Joaquín Mortiz y Diana, ya fueron adquiridas por grandes consorcios internacionales. “Sobrevivimos porque tenemos un legado de autores muy importante”, afirma Castro. En su catálogo figuran Eduardo Galeano, Noam Chomsky, Michel Foucault, Claude Lévi-Strauss y Pablo González Casanova, entre muchos otros.

Fundada hace 53 años por un grupo de intelectuales que buscaba abrir nuevos espacios de pensamiento, Siglo XXI tiene el mérito de ser una de las pocas empresas mexicanas, junto con el Fondo de Cultura Económica (FCE), con presencia internacional, pues tiene oficinas en España y Argentina. El resto de las editoriales independientes está desapareciendo o está siendo absorbido. “La influencia de la industria editorial mexicana se está apagando”, lamenta Carlos Anaya Rosique, presidente de la Coalición por el Acceso Legal de la Cultura y ex presidente de la Caniem.

En el ranking de los 50 grupos editoriales más grandes del mundo, publicado cada año por BookMap (una iniciativa que estudia el mercado global del libro), no hay ni mexicanos ni argentinos. Hoy, el mercado está dominado por un puñado de empresas de Estados Unidos y Europa, entre las cuales Santillana y Planeta son dominantes en América Latina. Se suma también al mercado en español Penguin Random House (PRH), filial del conglomerado alemán Bertelsmann, que ha comprado sellos como Alfaguara, Aguilar, Grijalbo, Debolsillo, Plaza & Janés, y Taurus, entre otros. PRH no aceptó la solicitud de entrevista de Forbes México para hablar sobre su presencia en el mercado mexicano.

Foto: Angélica Escobar/Forbes México.

El fantasma de la tecnología acecha a la industria

Durante la última década, se han dejado de imprimir en México más de 35 millones de libros y, año con año, las ventas van a la baja. Muchas editoriales recortan personal y las librerías lucen más vacías. “La caída en tráfico es de entre 3 y 5%” en los últimos tres años, reconoce Alberto Achar, director de marketing de Librerías Gandhi, empresa que tiene 270 puntos de ventas, entre locales propios y espacios en tiendas departamentales y de autoservicio.

A Achar le tranquiliza darse cuenta, al hablar con otros libreros, que no es él quien tiene las mayores pérdidas. La contracción del mercado es un fenómeno mundial relacionado con la migración de esta industria hacia plataformas digitales, pero también con el auge del video y los videojuegos. PRH, por ejemplo, lleva tres años sin crecimiento. Aun con la compra de nuevos sellos, registró una caída de ingresos de 8% entre 2015 y 2017, de acuerdo con BookMap.

PRH, la cuarta editorial más grande del mundo, publica, al año, 600 millones de libros, dos veces más que toda la industria editorial mexicana, pero su poderío (maneja 275 editoriales en 19 países) no la ha podido librar de la actual crisis.

Los piratas van por los best sellers

Entre los aspectos negativos de la conversión del libro de papel en digital, destaca la expansión de la piratería. De acuerdo con José Antonio Gebara, director general del Centro Mexicano de Protección y Fomento a los Derechos de Autor (Cempro), los piratas hackean los archivos digitales para distribuirlos, tanto en papel como en formato digital.

El foco de interés de los piratas son los llamados best sellers, y dos de los más pirateados en México son El psicoanalista, de editorial Penguin Random House, y Gravity Falls, de Planeta.

Pero, lentamente, la piratería avanza hacia el ensayo. José María Castro, de Siglo XXI, afirma que ha encontrado varias páginas clandestinas en Google, que permiten la descarga de sus autores. De acuerdo con una encuesta realizada por el ITAM en 2017, a solicitud del Cempro, las pérdidas de la industria en México suman al año casi 2,000 millones de pesos, lo que equivale a 20% de sus ingresos. A causa de la piratería, muchas editoriales están dejando de comprar derechos de autor.

Entre 2013 y 2017, el número de títulos nuevos publicados en México cayó 40%, de acuerdo con datos de la Caniem. Es así como, hoy, muchas editoriales prefieren vivir de las reimpresiones, lo que le está pegando no sólo a los lectores, sino también a las librerías, que suelen ser la punta de lanza de las novedades editoriales.

Y Pearson, la número uno a escala mundial, tuvo una contracción de 17%, es decir, de 1,000 millones de euros (mde) en sus ingresos, dejándolos en 5,000 mde entre 2015 y 2017. Hay varios factores que afectan a los libros, señala Achar, de Gandhi, pero el principal es el streaming: “Hoy puedo decir con certeza que mi mayor competidor no es la librería de enfrente, sino Netflix”.

En México, la velocidad con que las librerías pierden visitantes es vertiginosa. La encuesta Módulo sobre Lectura (Molec), elaborada por el Inegi, muestra que, además de la persistente caída de lectores, de 2% anual, hay menos visitantes a las librerías. “Los lectores cada vez buscan contenidos más breves y visuales, [mismos] que encuentran en internet”, dice Azucena Galindo, directora de la Asociación Civil IBBY México, dedicada a la promoción de la lectura.

Achar, de Gandhi, es más categórico. “Las nuevas generaciones son junkies del placer inmediato, con un span [lapso] de atención mínimo”. En su opinión, el proceso de fusiones y adquisiciones no sólo transformará el horizonte editorial, sino el del comercio. Y pone como ejemplo a la cadena Barnes & Noble, la más grande de Estados Unidos, que, este año, fue comprada por un fondo privado de inversión, Elliott Management, luego de caer en números rojos. Un año antes, este mismo fondo se había hecho, en Reino Unido, de Waterstone, otra gran cadena librera.

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Cambio de paradigma

Precisamente por las enormes dificultades financieras que enfrenta la industria, muchos sellos independientes tratan de unirse a grandes conglomerados, como PRH o Planeta. “Las fusiones están lejos de terminar”, prevé Anaya Rosique, expresidente de Caniem.

La última en sumarse este año a PRH fue Salamandra, la editora en español de Harry Potter. No estaba en crisis, pero tomó la decisión para mejorar su posicionamiento comercial. Su competidor más cercano en el mercado en español es Editorial Planeta, un holding que tiene presencia en tv, radio y prensa escrita. Entre sus adquisiciones están Tusquets, Seix Barral, Diana (editora de Gabriel García Márquez) y Joaquín Mortiz, que tiene entre sus autores a Jorge Ibargüengoitia.

“Entre los dos [conglomerados] están peleando para ver cuál compra más editoriales”, dice José María Castro. Ambas se enfocan en best sellers (narrativa, autoayuda o libros infantiles), pero, lentamente, se acercan al libro científico y académico, que, aunque es un mercado pequeño, tiene mejores rendimientos que el promedio de la industria.

El FCE va por el pueblo

Mientras que hoy, la mayor parte del sector apuesta a tiros más cortos, el Fondo de Cultura Económica (FCE) navega en sentido contrario. Su director, Paco Ignacio Taibo II, le apuesta a una colección popular para llegar hasta la última ranchería de México. “Vientos del Pueblo” tendrá 40 títulos, cada uno con un tiraje de 40,000 ejemplares. Su distribución será a través de librerías del FCE, Educal y librobuses. “Antes, se hacían libros para públicos superminoritarios, pero nosotros vamos a volverlos más accesibles”, dice Taibo a Forbes México.

El proyecto no está exento de críticas, porque esta colección, con precios que van de 11 a 49 pesos, es una afrenta para las librerías. Si bien el FCE afirma que estos títulos no son competencia desleal, sino un abrir de boca para captar nuevos lectores, muchos consideran que la estrategia está equivocada. “Nosotros no compartimos esta visión”, afirma Alberto Achar, quien considera que ésa no es la manera de formar lectores.

Curiosamente, estas mismas críticas son hechas por pequeñas editoriales a Gandhi, Porrúa y otros grandes comercializadores. Paulina Delgado, directora comercial de El Naranjo, afirma que las grandes cadenas de librerías están descontando los precios (sobre todo el llamado precio único) bajo el argumento de que es mejor darlos baratos a no venderlos.

Y, mientras todos pelean un pedazo del mercado, mantienen viva la expectativa de que pronto llegue un nuevo best seller, con la fuerza de ventas que tuvieron Harry Potter, 50 Sombras de Grey o Crepúsculo, para, así, espantar la sombra de la crisis.

Anaya Rosique estima que estos dos gigantes controlan 42% del mercado. Sumando a Santillana, actor dominante en el sector escolar, el resultado es que dos de cada tres libros vendidos en México salen de tres editoriales, pese a que hay más de 200 en el país.

El problema de esta concentración es que las librerías cada vez optan más por tratar con los gigantes, porque les ofrecen mejores condiciones de distribución, y hacen de lado a las pequeñas.

Sanborns, por ejemplo, solamente vende los sellos de Planeta y PRH. “Nos estamos haciendo cada vez más invisibles, porque las librerías no favorecen la exhibición de nuestros libros”, se lamenta Paulina Delgado, directora comercial de Ediciones El Naranjo, fundada en 1994, cuyo catálogo incluye títulos de poesía, novela y lecturas infantiles. Señala que también se ha vuelto más difícil entrar al mercado escolar, pues muchas editoriales hacen contratos de exclusividad con las instituciones educativas.

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Este mercado cautivo es el único que no ha resentido la crisis. De acuerdo con Caniem, en los últimos cinco años las librerías han reducido su oferta en 3 millones de libros, mientras que el sector escolar la ha elevado en 5 millones, equivalente a un 30%.

Ante la poca presencia de sus libros en librerías y escuelas, la estrategia de comunicación de El Naranjo consiste en usar redes sociales y su portal, y apoyarse en la difusión de los premios y reconocimientos.

No sólo las editoriales independientes son empujadas fuera del mercado: hay muchos autores importantes que han sido relegados. Anaya Rosique, expresidente de Caniem, afirma que lo primero que hace una editorial, cuando compra a otra, es purgar sus catálogos para dejar lo que tiene mejores posibilidades comerciales. Es así como lentamente desaparecen de las librerías las obras de autores imprescindibles del siglo XX, como José Agustín, Agustín Yáñez, José Rubén Romero, Juan García Ponce o José Vasconcelos, entre muchos otros. “Estamos suprimiendo a nuestros autores y llenándonos de autores internacionales”, se lamenta este editor.

Foto: Bernd Weissbrod/Picture alliance vía Getty Images.

La magia del libro en papel

La aparición, en 2007, de Kindle, de Amazon, hizo temblar a toda la industria editorial, pues fue la primera vez que una pantalla imitaba al papel. Entre 2008 y 2010, nacieron otras plataformas de lectura, y las ventas de libros electrónicos subieron más de 1,000% a escala mundial. Por entonces, varias editoriales se declararon en quiebra y muchos creían que esta industria seguiría el mismo camino que la música. Pero, en 2015, vino un punto de inflexión, pues, ese año, la Association of American Publishers (Asociación Estadounidense de Editores) advirtió que el eBook, que por entonces ya aportaba 20% de las ventas totales en Estados Unidos, había llegado a un tope.

El Pew Research hizo una encuesta al año siguiente y encontró que aún hay muchos lectores que se resisten a dejar el papel. En mercados como el chino, el eBook sigue creciendo y, en México, donde apenas representa 1.5% de las ventas, el potencial es enorme.

Por lo pronto, más de 85% de las editoriales mexicanas están digitalizando sus catálogos, sobre todo con la idea de exportar. Pero si Estados Unidos sirve de ejemplo, el libro electrónico tiene un techo de cristal. “El video nunca desplazó al cine y el libro digital no va a reemplazar al de papel”, opina la narradora y poeta mexicana María Baranda, quien ve en el libro un objeto mágico que desarrolla la creatividad, además de que permite retener mejor la información.

Lecturalia, un portal de tendencias editoriales prevé que la cohabitación entre el papel y lo digital durará muchos años más. Una de las razones es que las búsquedas en internet se vuelven cada vez más complejas, lo que está provocando que la demanda de eBooks se concentre cada vez más en pocos títulos, generalmente best sellers. Pero, conforme las pantallas de los dispositivos mejoren y las búsquedas se vuelvan más sencillas, habrá más lectores en formato digital, aunque nunca faltará el lector excéntrico que prefiera el olor a tinta y la visita a una librería, donde no tendrá que navegar entre miles de archivos encriptados.

¿Editado o autoeditado?

El auge de la autoedición es uno de los fenómenos más inquietantes en este ámbito, pues cada día surgen nuevos autores famosos que no pasaron por una editorial. Está el caso de Mike Omer, un escritor que ha logrado vender más de 1 millón de ejemplares de su novela de suspenso Killer Mind. En México, el fenómeno de la autoedición lo encabeza una joven, Janeth G. S, quien comenzó a escribir (a los 16 años), en una plataforma llamada Whatpad, una novela de suspenso llamada ¿Quién mató a Alex? En pocos meses atrajo a miles de lectores y hoy su obra ya está disponible en Amazon. Además de Whatpad, hay decenas de opciones editoriales, como Kindle Publishing, Kobo y otras que, lentamente, le están restando trabajo a los editores tradicionales, que hacen un trabajo de curaduría y que permiten llevar a las librerías textos de mejor calidad.

 

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