La elección del martes 6 en los Estados Unidos, tiene implicaciones no únicamente para la política interna de ese país, sino para la región y otros espacios de influencia de los ese país en el mundo. El problema no es en sí la forma en que quedó integrado el Congreso, sino la intensificación de la política de Trump durante el siguiente año, para lograr, en una primera instancia, la candidatura dentro del Partido Republicano y, después, la reelección como presidente de su país.

Si bien el resultado sobre el Congreso es relevante, esto implica mayores límites al margen de maniobra que Trump tiene, particularmente sobre el manejo de dinero, así como de la supervisión de las acciones que realiza en diversos espacios. A pesar de haber tenido durante su primer periodo un congreso en su favor, dos temas ícono en su campaña no pudieron ser realizados: el desmantelamiento total del Obamacare y el dinero para el muro fronterizo.

Uno de los aspectos relevantes en esta elección, es la incapacidad de los demócratas por construir un discurso que impacte la posición política de Trump, al contrario de lo que el mismo presidente ha hecho, al utilizar aspectos como la caravana migrante para movilizar al Ejército, y no a la Guardia Nacional como lo haría cualquier otro presidente en esa misma condición.

El mismo Trump ha visto la ventaja de construir un discurso sobre la elección, que la ubicó como un referéndum a su mandato, más que como un proceso electoral para renovar a las dos Cámaras del Congreso. Al plantearlo de esa manera, el presidente sacó de los espacios locales la competencia electoral y la subió a una dimensión que es la suya, es decir, la elección no fue sobre los representantes y senadores, sino sobre la agenda y la política del mismo presidente quien, así, se ubicó por encima de los otros dos Poderes.

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Sin embargo, la política nacional no es la política local y en estas elecciones, la lógica de la política en cada estado es relevante para determinar el tipo de competencia que se dio en el contexto de la elección. Por ejemplo, elecciones en estados fuertemente republicanos o fuertemente demócratas, tuvieron una competencia marcada no necesariamente por qué partido mantenía el control, sino por la emergencia de candidatos con arrastre entre los electores, debido a un discurso renovado, como en el caso de Texas.

Este Congreso que resultó electo será quien discuta el recién negociado acuerdo comercial entre los tres países de Norteamérica, por lo que la composición resulta relevante, particularmente con respecto a los temas que resultaron relevantes de la agenda de Donald Trump. Si bien las ventajas obtenidas por los Estados Unidos sobre México y Canadá fueron relevantes, la negociación sigue siendo política por lo que la correlación de fuerzas al interior de las cámaras del congreso resulta relevante.

Tal vez el acento de la discusión no sea el acuerdo en sí, sino la relación que el congreso genere con Trump, por lo que habrá que ver la forma en que Trump presiona o no, dependiendo de lo que le interese para lograr la reelección. En realidad, la preferencia de Trump no se plantea en términos del acuerdo, sino de su posición política en un momento determinado, lo que le permitirá presionar o no, para la aprobación del mismo.

En realidad, esta elección no es para elegir al Congreso, sino para plantear la posibilidad de la reelección de Trump, en un contexto donde su agenda muestra claroscuros, pero donde ha sido capaz de mantener una presencia y posicionamiento mayor que el de los demócratas que, es su principal activo para lograr otro periodo más.

 

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