El gigante de las búsquedas pretende crear una red mundial de globos que doten a zonas sin cobertura de conexión a la red.

 

Levante la mano quien posea más de un aparato que se conecte a Internet. Con el omnipresente acceso a la red en nuestra vida diaria fácilmente podemos olvidar que dos de cada tres personas en el mundo carecen del servicio y que hay partes en el mundo en donde ni siquiera hay  infraestructura que permita el acceso a este derecho fundamental.

Para intentar revertir esa condición, Google creó y ahora mismo está experimentando con el Proyecto Loon, un ambicioso plan que pretende habilitar cientos de nodos inalámbricos que conectarán a todo el planeta no sólo para intentar reducir la enorme brecha digital existente entre países desarrollados y economías emergentes, sino para ayudar a restituir el acceso a internet en áreas afectadas por cataclismos.

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Project Loon surgió de la división de ideas locas pero realizables de la compañía: Google [X] –el mismo laboratorio de donde salieron los Google Glass– y su concepto es simple: una red de globos equipados con transceptores (receptores y transmisores integrados en un solo dispositivo) se eleva hasta la estratósfera, a 20 kilómetros de altura y desde ahí dota de conexión a internet a las personas en tierra, ofreciendo velocidades similares a las de la  tecnología 3G (entre 384 kbit/s y 2 Mbit/s).

 

Gráfico cortesía de Google.

Gráfico cortesía de Google.

Tras la simpleza de la idea hay un elaborado proyecto realizado por cientos de personas en Google y un ingenioso despliegue de tecnología.

Los globos, de unos 15 metros de ancho, se elevan 20 kilómetros por encima de la superficie terrestre, aún más alto que los vuelos comerciales y los fenómenos meteorológicos, donde la velocidad de los vientos es relativamente baja. Los globos cuentan con antenas para comunicarse entre ellos y con las antenas en tierra, un panel solar, una batería recargable y un paracaídas para que el aparato llegue sano y salvo a tierra cuando termine su ciclo de trabajo.

A diferencia de los globos meteorológicos, que pueden permanecer en el aire unas ocho horas, los desarrollados para el Proyecto Loon resisten alrededor de 100 días. El software desarrollado por Google permite monitorear y dirigir cada aparato utilizando las corrientes de aire, y cuando un globo deja de funcionar, otro lo suple y el que sale es dirigido a una zona segura para su recuperación. Cada aparato da cobertura a un área en tierra de unos 40 kilómetros de diámetro.

La señal enviada por los globos no puede ser decodificada por un módem inalámbrico convencional, sólo las antenas de Google (o algunos de sus socios comerciales) podrán hacerlo. De acuerdo con el sitio oficial del proyecto, los datos son encriptados, lo que garantiza la confidencialidad de las comunicaciones establecidas a través de esa conexión. La empresa también asegura que los globos no cuentan con cámaras fotográficas y que su uso se limitará a brindar conectividad a los usuarios en tierra.

 

Gráfico cortesía de Google.

Gráfico cortesía de Google.

El programa se encuentra en fase de prueba, los primeros globos –”algunas docenas”, según informa Google– han sido liberados en Nueva Zelanda y su efectividad está por confirmarse.

Hasta el momento no queda claro si hay planes de desplegar nuevas pruebas piloto en otras partes del mundo, o si la infraestructura para tierra será proporcionada por Google  o por sus socios locales; tampoco hay datos sobre el costo unitario de los equipos ni el presupuesto asignado para todo el proyecto, ni si Google cuenta con el apoyo de alguna otra empresa u organización para cubrir los gastos. Forbes buscó a los representantes de la compañía para que nos platicaran algunos detalles más, pero hasta ahora no han estado disponibles.

De acuerdo con datos de Internet World Stats, en junio de 2012 el 34.3% de la población mundial tenía acceso a internet. La zona con mayor penetración entre la población fue América del Norte, con un 78.6%, mientras que en África apenas el 15.6 cuenta con acceso a internet. El globo, ese invento que alguna vez sirvió para que algunos cuantos ampliaran sus horizontes, podría hoy cambiarle la vida a miles de millones.

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