El 1 de diciembre, Andrés Manuel López Obrador asumió formalmente el cargo de titular del Ejecutivo federal, que ganó en la elección del 1 de julio. A lo largo de los discursos ofrecidos durante el día, comenzando por el más relevante que se dio en el acto protocolario en el Congreso de la Unión, podemos ubicar un fenómeno que ha ocurrido en diversas ocasiones en México, pero el referente más reciente podemos ubicarlo con Vicente Fox quien, después de tomar protesta, siguió manteniendo a lo largo de su sexenio un discurso de campaña, aun cuando lo que planteaba no era financiera o técnicamente sustentable. Lo mismo puede decirse del actual presidente, cuyos discursos siguen siendo como si estuviera buscando ganar el voto que ya ganó en julio pasado.

Más allá de repetir los elementos discursivos que se han venido analizando a lo largo de diversas opiniones en estos espacios, hay algunos aspectos que es importante señalar, como parte de lo que son las bases de acción anunciadas por López Obrador. En una primera instancia, además de que no aparecen los cómos en ninguno de los discursos, hay una dualidad entre la acción, la ley y la soberanía dada por los ciudadanos al gobernante que es él. Todas las acciones anunciadas, no son ocurrencias, sino parte de una estrategia cuya base es la decisión de la gente, donde se busca desmantelar las estrategias “neoliberales” de los últimos treinta y cinco años, a pesar de las contradicciones que ello genera.

Al plantear que el Poder Ejecutivo dejará de ser el “Poder de los Poderes”, anuncia precisamente su visión del poder en el contexto de su ejercicio presidencial, ubicándose precisamente, por encima de los otros dos Poderes, sin darse cuenta que, constitucionalmente, el Ejecutivo tiene menos poder en la balanza que el Legislativo, y puede ser acotado por el Judicial de manera importante.

“La línea la da el pueblo” es una frase que ejemplifica la base de su capacidad de transubstanciación soberana, donde el “pueblo” asigna un mandato que él tiene que cumplir, más allá de los poderes públicos o cualquier otro actor político. Por eso su apego a la ley, siempre y cuando el mandato del “pueblo” no esté por encima de ella, porque si hay contradicción entre ese mandato y la ley, entonces lo que predomina es el mandato, aunque no haya un sustento legal para ello, lo que el Congreso tendría que construir, si es el caso. En este sentido, los “conservadores” son el principal enemigo, mismos que, sin definirlos, serán los culpables de que no se pueda cumplir con la voluntad del “pueblo”.

El halo moral sobre el que se basan las acciones, está dado igualmente por una idea de buenas costumbres y buenos valores donde la bondad y la indulgencia (ambos planteamientos religiosos) son el referente de su actuar y también del actuar de la República, lo que parece contradictorio con la tradición republicana, no únicamente mexicana, sino desde los planteamientos iniciales de la misma como un tipo de gobierno con equilibrios donde ningún actor se ubica por encima de otros, sin el peligro de desestructurar la lógica que le da sentido.

A lo largo de los discursos, estableció “recomendaciones” a la prensa, a lo sindicatos, a los partidos políticos, etc., a ejercer las libertades garantizadas por el Estado. Esto es un claro indicio de una condición donde la perspectiva estatista de las libertades, contraste no únicamente con las perspectivas liberales contemporáneas, sino incluso con las clásicas, tal vez con excepción de la planteada por Rousseau, con una idea de Estado y voluntad general, que llegan, incluso con él, no anteponen esa condición a las ideas de individualidad y libertad.

El problema de todo esto, es que estos discursos pueden ser una reacción a la pérdida de popularidad de las últimas semanas, pero también que en cuanto haya que comenzar a rendir cuentas de lo que ha hecho o no, entonces ante la división planteada ahora, los conservadores como enemigos del pueblo y la incapacidad de plantear los cómo, generen un coctel de desconfianza, hartazgo y decepción, que entonces si generen una crisis más allá de las condiciones económicas que ya están en esa condición.

 

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