Por Maggie MacGrath

Lisa Lindahl no era una atleta; ni siquiera le gustaba la clase de deportes. Pero como muchas otras en EU en los 70s, a esta egresada de la Universidad de Vermont le pegó la fiebre por trotar, lo que la llevaba a correr casi 50 kilómetros a la semana. Algo que nunca le gustó era la incómoda experiencia de sentirse demasiado femenina al trotar, dependiendo de un brasier con varillas, alambres y ganchos de metal que irritaban su piel y tirantes que nunca se quedaban en su lugar.

Su hermana Victoria padecía por lo mismo. “Una vez me llamó y me dijo: ‘Ay, mis senos botan de un lado al otro. ¿Qué puedo hacer?’”, recuerda Lindahl, quien ahora tiene 71 años. Era 1977 y, luego de buscar una solución por todas partes, como comprar un bra una talla más pequeño que pudiera mantener sus senos en su lugar, Lindahl se quedó igual.

“Victoria me dijo: ‘Bueno, porqué no hay un suspensorio para mujeres?’ Yo me reí fuertísimo y dije: ‘Sí, es el mismo concepto, para otra parte de la anatomía’”.

Esa broma se convirtió en el fundamento para una idea muy valiosa. Lindahl y su amiga Polly Smith, entonces una diseñadora de vestuario en el Festival Champlain Shakespeare, y su asistente Hinda Miller, inventarían el Jogbra, reconocido como el primer bra deportivo del mundo. Todo a partir de darle un nuevo propósito a los suspensorios deportivos masculinos.

Es una historia que le queda bien al Día Internacional de la Mujer porque estas tres mujeres y su creación han ayudado a que las mujeres avancen con paso firme hacia la igualdad en las canchas, en los campos y las pistas por todos lados.

Junto con la aprobación en 1972 de la ley TITLE IX, que en EU prohibe cualquier acto de discriminación en programas financiados federalmente, el sports bra transformó la participación de las mujeres en los deportes. Actualmente, 2 de cada 5 niñas practica un deporte, contra 1 de cada 27 en 1970. Y no sólo eso. Este accesorio se convirtió en la base de una industria de 25,000 millones de dólares.

De acuerdo con LaJean Lawson, una científica de los sports bra: “Si miras el top de cualquier corredora de hoy, su ADN es el Jogbra.

El diseño no fue sencillo. “Lo único más complicado que ello era hacer un zapato”, dice Smith, debido a la especificidad de la construcción del bra y la amplia variedad de opciones de tallas para los senos de la mujeres. Aquí también aprendieron una lección del suspensorio masculino: un día, al advertir la frustración de Lindahl y Smith en torno al diseño de un prototipo de su idea, el entonces esposo de Lindahl comenzó a bromear en la sala con un suspensorio en su cabeza. Luego se lo puso en el pecho y dijo: “Miren chicas, este es su Jock-bra” (en inglés la pieza se llama jockstrap, derivado de jock, atleta, y strap, cinta). Lindahl se lo probó y comprobó que el suspensorio le proporcionaba soporte a su pecho.

Hinda Miller y Lisa Lindahl en una expo en 1981. Jogbra, Inc. Records, Archives Center, National Museum of American History. © Smithsonian Institution

Lindahl y Smith enviaron a Miller a la tienda de la Universidad de Vermont para  comprar más suspensorios; Smith los volteó al revés y los cosió juntos, creando las copas para los senos con la banda elástica de la cintura sirviendo de banda para el costado. Lindahl entonces se ofreció como rata de laboratorio en una carrera mientras Miller corría delante de ella pero con pasos en reversa para evaluar qué tan fuerte (o para nada) rebotaban sus senos en el accesorio.

En 1978 registraron una patente por su creación y con una inversión de 5,000 dólares (unos 20,000 a la fecha) del padre de Miller, Lindahl y Miller iniciaron Jogbra Inc. Smith, una costurera de toda la vida ya había salido del proyecto pues se fue a la empresa de Jim Henson (Plaza Sésamo) como diseñadora de vestuario. (Ella trabajó ahí por 25 años y se ganó siete Premios Daytime Emmy.) El dinero les permitió a Lindahl y Miller fabricar 60 docenas de tops y negociar con tiendas especializadas en deportes.

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“Cuando iniciamos éramos las únicas mujeres propietarias en el negocio de los artículos deportivos”, dice Lindahl. “Era claro desde el inicio que el Jogbra no era una pieza de lencería, sino equipo deportivo”.

Los dueños de tiendas deportivas con los que ellas hablaban eran reticentes al inicio (¡“No puedo vender un bra en mi tienda!”, era una respuesta común), pero al poner tallas pequeña, mediana y grande (en lugar de las muchas tallas que existen para los brasieres normales) y al colocar el producto en cajas negras, las dos emprendedoras pudieron convencer a los negocios minoristas de vender el bra de la misma manera que una camiseta u otra prenda deportiva.

“Les decíamos que con ello iban a jalar a las mujeres a sus negocios”, dice Miller, repitiendo su oferta de ventas. “Cuando una mujer corre, sólo necesita un buen top y un buen par de tenis”.

Las creadoras del Jogbra: Polly Smith, Hinda Miller y Lisa Lindahl. FOTO: Inventors Hall of Fame

El precio inicial del Jogbra fue de 16 dólares por pieza y al final de su primer año en el negocio Lindahl y Miller facturaron 500,000 dólares en ventas (aproximadamente 2 millones a precios de hoy). “No sabíamos que eso era poco común”, dice Lindahl.

Jogbra creció 25% por año la siguiente década a pesar de que recibieron enorme competencia de firmas como Lily, de Francia, y WonderBra. Su patente era casi inútil pues la Oficina de Patentes de EU aprobó más de una docena que registraron sus competidores. “Lo que hay que entender es que si mueves sólo una puntada ya hay una nueva patente”, dice Miller. Pero el Jogbra fue el original y tuvo muchísima lealtad de sus clientes.

El Jogbra dominó el mercado”, dice Lawson, la experta en sports tras que está a cargo del laboratorio de tops de Champion. “Tuvimos la ley Title IX que le dio a las niñas y mujeres más oportunidades; tuvimos una base de consumidores que querían el sports bra y que crecía rápidamente; y teníamos el Jogbra, toda una receta para el éxito. Un mercado y una empresa que se conectaban totalmente”.

Eventualmente, la demanda generó problemas. Para fines de la década de los 80 Jogbra era una empresa de 200 personas con manufactura Puerto Rico y que competía con gigantes como Nike y Reebok. Lindahl y Miller no se podían expandir más sin endeudarse fuertemente, algo que no querían hacer.

“Entonces un día sonó el teléfono y una persona de Playtex me dijo: ‘Oiga, quizá podemos ayudarnos mútuamente’”.

Ella y su socia vendieron Jogbra a Playtex por una suma no revelada en 1990. Miller se quedó como CEO de la división hasta 1997 (punto en el que luego de varias adquisiciones Jogbra quedó dentro de la marca Hanes). Lindahl, liberada ya de las obligaciones del negocio abrió un estudio y dedicó su vida a la pintura. Sin embargo, no se mantuvo al margen de la industria del brasier por mucho tiempo. A principios de 2000 entró como socia de un top de “confort” para mujeres que padecieron cáncer de mama. También se convirtió en activista de la epilepsia, tras haber pasado toda su vida luchando contra ese síndrome.

“Esa es otra parte de mi historia”, dice Lindahl. Durante sus años de maestría en Vermont su matrimonio con el hombre que bailó con el suspensorio se venía abajo y su propia epilepsia le imposibilitaba conducir o tener un empleo. El Jogbra fue su salvavidas. “Trataba de pensar en qué pasaría conmigo, una mujer soltera y sin poder ganarme la vida”, dice. “Me puse a resolver mi problema y pensé… bueno mi hermana también lo necesita, y apuesto que otras mujeres también, así que iniciaré este negocio complementario de órdenes por correo, el cual pensaba que me iba a ayudar a pagarme la maestría”.

Pero el sports bra se convirtió en algo más que un pequeño negocio. Creció hasta llegar a ser un símbolo poderoso del empoderamiento femenino en sí mismo. Miller dice: “El Jogbra encarnó en gran parte el espíritu de nuestro feminismo de cuando íbamos a la universidad. Nuestras vidas nos impulsaron en ello”.

 

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