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Por: Maurizio Guerrero

Organismos internacionales han detectado un repunte notable en los daños psicológicos provocados a la comunidad mexicana en los Estados Unidos desde que el presidente Donald Trump arreció su retórica antiinmigrante y ejerció el ‘terrorismo social’, como parte de su estrategia para ganar puntos entre sus simpatizantes y elevar las probabilidades de reelegirse en los comicios de 2020.

La creciente ansiedad, el miedo y el estrés entre la comunidad mexicana se ha traducido en el aumento de suicidios y mayor consumo de alcohol, así como graves daños a la salud mental, como el incremento en la tasa de depresión clínica.

En niños de familias que están en riesgo de ser separadas por deportaciones, también ha aumentado la deserción escolar y ha disminuido el rendimiento académico, coinciden especialistas que trabajan de cerca con la comunidad migrante. Esos daños, alertan, ya han marcado a toda una generación.

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“Lo que está haciendo el gobierno de Donald

Trump es terrorismo social. Creó una estrategia donde todos los migrantes sin documentos pueden ser deportados, en especial, dos sectores: la comunidad latina y la comunidad del Medio Oriente”, expresa Jairo Guzmán, presidente de la Coalición Mexicana.

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Este organismo sin fines de lucro, ubicado en el condado del Bronx, en Nueva York, se ha concentrado, en sus seis años de existencia, en brindar atención a los problemas de salud, incluida la mental, que se presentan en la comunidad hispanohablante.

La demanda de servicios psicológicos ha repuntado en los últimos meses. “La estrategia de Trump ha sido crear un ambiente donde todos los migrantes tengan miedo, a fin de que no soporten más y por sí solos se empiecen a ir del país”, dijo Guzmán en entrevista con Forbes México.

Y lo está logrando. Tan sólo en Nueva York, la cifra de mexicanos ha disminuido 17% entre 2017 y 2018, de acuerdo con el gobierno local. En el resto del país, la tendencia es similar: son más los mexicanos que salen de Estados Unidos que los que inmigran.

Esta dinámica es especialmente clara entre la comunidad indocumentada. De 6.9 millones de mexicanos sin documentos que radicaban en Estados Unidos en 2007, 10 años después quedaban 4.9 millones, de acuerdo con Pew Research Center.

La tasa de migración negativa comenzó a manifestarse ocho años antes del gobierno de Barack Obama, quien deportó más mexicanos que nunca en la historia: casi 2 millones de los 3 millones de inmigrantes sin documentos que salieron de Estados Unidos.

No obstante, el clima de terror instaurado por Trump, que lanzó su campaña presidencial acusando a los mexicanos de ser “violadores” y de llevar crimen y drogas a Estados Unidos, ha acelerado el retorno. Para aquellos migrantes que deciden permanecer en este país, las condiciones cada vez son más adversas.

Coalición Mexicana realizó, recientemente, una encuesta sobre la situación de las familias migrantes. “Vemos un aumento en la ansiedad y la depresión. Los migrantes señalan que están nerviosos y preocupados por Trump”, indicó Guzmán.

En ese mismo ejercicio, los migrantes mexicanos destacaron la atención psicológica como una de sus mayores necesidades. La demanda se debe a que estos servicios son escasos para los latinoamericanos que no hablan inglés, además de que son costosos y, a menudo, no están cubiertos por los seguros médicos.

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Las preocupaciones se han disparado desde que, a principios de junio pasado, Trump anunció, por su cuenta de Twitter, que su gobierno emprendería redadas masivas para arrestar y deportar a “millones” de inmigrantes indocumentados de Estados Unidos. El anuncio, por supuesto, sembró pánico.

Al final, las redadas no se realizaron. Las autoridades del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) arrestaron sólo a personas con órdenes pendientes de deportación. Para mediados de julio, esa oficina informó que únicamente 35 personas habían sido detenidas en este esfuerzo dirigido a 2,200 migrantes.

Esa información no impidió que Trump calificara la operación como “muy exitosa”. Desde luego, de alguna manera, sí lo fue. Bajo ese clima de pánico, los migrantes tienen cada vez menos ánimo de permanecer en Estados Unidos, al menos, en lo que toca a los mexicanos. Millones de compatriotas han regresado al país de manera voluntaria.

Para otros, el retorno no es tan sencillo. De acuerdo con la encuesta de Coalición Mexicana, 89% de los mexicanos aseguró que tenía nulas esperanzas de encontrar trabajo en México. También les agobia pensar qué podrían hacer sus hijos estadounidenses en territorio mexicano y cuál sería su futuro.

Descomposición Social

El miedo de vivir en Estados Unidos como migrante sin documentos es añejo, pero cada vez es más notorio y pernicioso para la salud de los mexicanos.

El Consulado de México en Nueva York emitió, en octubre pasado, un informe basado en encuestas aplicadas a casi 1,500 personas, el cual concluyó que, a partir del inicio del gobierno del presidente Trump, los mexicanos experimentan más miedo, ansiedad y estrés.

El documento mostró un aumento en “el sentimiento de hostilidad” que perciben los migrantes originarios de México. Añadió que los mexicanos se deben enfrentar a crecientes burlas y comentarios xenófobos, lo que los ha llevado a aislarse aun más en la sociedad.

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“El contexto político continúa siendo un gran desafío para la población indocumentada. El miedo a la deportación es una de las preocupaciones más grandes, seguida por la incertidumbre del desempleo y otros problemas laborales”, asentó el documento.

Otros estudios confirman que la población mexicana que vive en la ciudad de Nueva York tiene serios problemas psicológicos, comparada con otros grupos latinos y del resto de la población.

El año pasado, el Departamento de Salud de Nueva York emitió un informe que, por primera vez, desglosa las distintas nacionalidades de los latinos que radican en los cinco condados neoyorquinos. Los resultados revelaron claras diferencias entre los grupos migrantes.

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Los mexicanos son los más pobres entre todos los latinos: 66% vive bajo el umbral de la pobreza, com- parado con 56% del promedio hispano de Nueva York. Asimismo, los mexicanos son, por mucho, los que más abusan del alcohol (un 36%, frente al 10% del promedio latino, y 8% de los neoyorquinos en general).

“La gente está más asustada y [eso] se refleja de diferentes maneras: desde la decisión de no dejar sus hogares, hasta las solicitudes para recibir ayuda psicológica, y un mayor consumo de alcohol”, declaró Lorena Kourousias, directora de Mixteca Organization.

Este organismo civil, con casi dos décadas de dar atención a la población mexicana del condado de Brooklyn, brinda (sin costo) servicios de salud mental para migrantes latinos. “Las llamadas de personas que necesitan atención psicológica se han incrementado en las recientes semanas, lo que es muy revelador. Nuestra comunidad evita, tradicionalmente, las terapias; así que, cuando llaman para pedir atención psicológica, es porque algo muy grave está pasando”, afirmó Kourousias.

El consumo de alcohol y tabaco son maneras de hacer frente a la ansiedad, lo que tiene costos en la salud. La mala alimentación es otra forma de manifestar el temor de una posible deportación, dice la psicóloga.

Esas ansiedades y los malos hábitos alimenticios también quedaron de manifiesto en el informe del Departamento de Salud de Nueva York. Un 24% de los mexicanos de la ciudad padece diabetes, comparado con 17% de los latinos y 10% de los neoyorquinos.

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Los factores de estrés y depresión se acumulan, así, en una población que, en muchos casos, llega a Estados Unidos con significativos traumas y daños psicológicos derivados de un pasado plagado de pobreza o violencia.

Asimismo, el cruce fronterizo sin documentos es otra fuente de posibles traumas, en especial, para las mujeres, de las que seis de cada 10 sufren violencia sexual, de acuerdo con Amnistía Internacional (AI).

Sombrío futuro

El acoso contra la población migrante y, en general, contra cualquier persona que no parezca anglosajona, aumenta con cada ofensiva racista lanzada por Trump.

Su último ataque fue contra cuatro legisladoras afroamericanas demócratas, a quienes pidió que “regresen a su país”, pese a que son ciudadanas estadounidenses (sólo una nació fuera de Estados Unidos).

Esos ataques son rápidamente retomados por sus simpatizantes, como se demostró en julio pasado, durante un acto de la campaña de reelección de Trump en Carolina del Norte. Dadas las críticas de Trump contra Ilhan Omar, una de las legisladoras progresistas, la concurrencia gritó: “mándenla de vuelta [a su país]”.

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Los migrantes han presentado un incremento en el estrés y la ansiedad. Foto: Archivo

No es casualidad que, bajo ese clima, los crímenes de odio hayan aumentado en 17% en Estados Unidos durante el primer año del gobierno de Trump, de acuerdo con el FBI. Al margen de la violencia física, las agresiones verbales pueden provocar lesiones más serias que un repunte en la depresión o el estrés.

Muchas familias se quejan de que, en la escuela, los niños son frecuentemente acosados con puyas xenófobas, señala Guzmán, de la Coalición Mexicana. Sus compañeros los instan a salir del país, pese a que, muy a menudo, estos menores acosados son estadounidenses.

Los niños de familias de origen mexicano, además, sufren por la constante ansiedad de la posible separación. De acuerdo con Kourousias, muchos menores se niegan a ir a la escuela por temor a que, a su regreso, ya no encuentren a su madre en casa. Esta preocupación se refleja también en bajas en sus calificaciones. Otros menores de edad reaccionan de manera más trágica.

En Estados Unidos aumentan los suicidios desde 1999. En 2017, último año del que se disponen cifras, un total de 47,000 estadounidenses se quitaron la vida, lo que representa un máximo histórico.

Ese problema también está presente en la población hispana y, en especial, entre adolescentes mexicanos o de familias originarias de México.

Kourousias, quien también desempeña labores clínicas, señaló que hay un incremento reciente de intentos de suicidio entre adolescentes latinos, muchos de los cuales también adoptan la obsesión de cortarse la piel. Estas actitudes se vinculan con la retórica de odio, con el mensaje de que no son bienvenidos, según la experta.

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Los mexicanos y centroamericanos se han mantenido firmes en su búsqueda del ‘sueño americano. Foto: Archivo

La estrategia de terror de Trump en contra de las personas de color, y de los migrantes (en especial de los latinos), puede ser interpretada como la aplicación de una estrategia racista para satisfacer a sus simpatizantes. De su voto masivo depende su reelección.

Trump gana al azuzar el odio racial, pero también gana la economía de Estados Unidos, de acuerdo con Nicholas de Genova, considerado uno de los grandes teóricos sobre el fenómeno migratorio en la actualidad.

De Genova acuñó, en 2002, el término “deportabilidad”, que se refiere al prospecto diario de deportación que sufren los migrantes considerados como “ilegales”, al margen de si son o no removidos de un país.

La deportabilidad, así, “contribuye, de manera decisiva, a la producción de la precariedad en la vida cotidiana de los migrantes”, y crea un clima en que estos individuos se convierten en una fuerza de trabajo dócil que renuncia a la exigencia de sus derechos y que es, por definición, “desechable”.

“Es, precisamente, la deportabilidad [la] que juega un papel distintivamente disciplinario en las condiciones que hacen posible que la fuerza de trabajo migrante sirva como un insumo altamente deseado para los empleadores”, apuntó De Genova en su ensayo Migración y la movilidad del trabajo, publicado el año pasado por la Universidad de Oxford.

Desde esa perspectiva, el “terrorismo social” aplicado por Trump no sólo causará considerables problemas mentales a toda una generación de mexicanos y mexicano-estadounidenses, sino a todos aquellos que se les parezcan, según el estándar anglo.

 

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