El Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT por sus siglas en inglés) surge dentro del esquema de organismos internacionales generados por iniciativa de Estados Unidos y sus aliados en 1947, para promover una intensa dinámica de comercio internacional, la reducción o eliminación de aranceles, barreras comerciales y cualquier práctica que restringiera el comercio entre países libres y soberanos. En 1994, la Ronda de Uruguay dio paso a la creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que planteaba que con 164 estados miembros, las reglas de comercio internacional y la vigilancia de la operación de los tratados internacionales, provocarían una reducción importante de los aranceles entre los países para evitar la discriminación, la cláusula de la nación más favorecida y, por otro lado, el organismo nacía también con la promesa de asegurar una mayor transparencia de las políticas comerciales, y resolver las controversias comerciales de manera pacífica y con un trato equitativo para las naciones.

Cuando en ese mismo año inició la operación de NAFTA, el Tratado fue inscrito ante las nuevas reglas del comercio internacional, con la idea de generar un rápido incremento del comercio en la región, abrir oportunidades para las cadenas productivas y generar en los primeros 10 años más de 12 trillones de dólares en bienes y servicios producidos entre los países de la región.

El mercado que constituye Norteamérica (Estados Unidos, México y Canadá) rebasa los 500 millones de personas, lo cual constituyó una importante oportunidad de expansión comercial para China durante la primera etapa del proceso de globalización.

Ante el dinamismo que adquirió el comercio internacional, China logró penetrar los mercados con rapidez y precios por debajo de los de la región, lo que generó un desplazamiento masivo de productos nacionales y poco competitivos en cuestión de precios, pero no de calidad. Como resultado, se han desatado diversas controversias en contra de China por prácticas desleales de comercio (principalmente, dumping), sin que la OMC (WTO por sus siglas en inglés) haya podido resolver en sus tribunales favorablemente para los países afectados por las importaciones chinas.

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El impacto de la masiva exportación China como estrategia de su modelo económico, ha generado afectaciones importantes a diversos sectores económicos alrededor del mundo; nada menos, hay que recordar la crisis de los textiles mexicanos, la industria del calzado, y qué decir de la industria del juguete. El discurso proteccionista de Donald Trump preocupó hasta hace unas semanas cuando, desafiando la dinámica comercial de China, inició un proceso de imposición de aranceles y políticas restrictivas que han desatado una guerra comercial de billones de dólares.

Sin embargo, tanto el Acuerdo Transpacífico (CTPP-11) del cual México y Canadá forman parte, como el recientemente anunciado USMCA, representan esfuerzos multilaterales para contener estratégicamente el avance comercial de China en el mundo.

Aunque de primer momento parezca que en el USMCA México y Canadá han hecho grandes concesiones, y se ponga en tela de juicio su capítulo 32, la situación comercial y las balanzas comerciales deficitarias requieren una estrategia comercial que fortalezca el intercambio de mercancías intrarregional, de forma que los mercados regionales se vuelvan más competitivos en precio, y más eficientes en sus cadenas de producción.

Esta estrategia puede dar una ventaja competitiva a México, si el paquete económico y la política pública en materia de comercio exterior del próximo gobierno, aprovecha el hecho de que nuestro país no tenga un tratado comercial con China, no lo busque; y, por el contrario, modifique la estrategia comercial con ese país.

Hoy China le vende 5 veces más a Estados Unidos de lo que vendemos nosotros, y representa en el mercado de los Estados Unidos el 16.4% del valor total, mientras que México representa un 14.3%, y Canadá el 15%.

Si se mantiene un mercado abierto y de acceso fluido, con otras regiones del mundo, la contención de los productos chinos en la región de Norteamérica, México podrá aprovechar el momento comercial que trae el USMCA, se podrá empoderar nuevamente el desarrollo de sectores productivos y, sobre todo, se dará oportunidad a pequeñas y medianas empresas de retomar el camino de las manufacturas, las maquilas, y la producción especializada en diversos sectores.

Si bien es cierto que al nuevo Acuerdo hay que darle una oportunidad y voto de confianza, también es cierto que hay que moderar la especulación y no anticipar disputas comerciales que no existen en este momento. El capítulo 32 del Acuerdo puede representar una amplia ventana de oportunidad, todo está en que lo sepamos aprovechar.

 

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