La Cuarta Revolución Industrial (4RI) nos ha alcanzado, sin importar lo preparados que estemos para enfrentar los cambios económicos, políticos y sociales que requiere.

Los cambios tecnológicos se han desencadenado a un ritmo vertiginoso, llevando una absoluta transformación en todos los ámbitos de las actividades humanas. Sin embargo, la respuesta ante esos cambios no ha logrado desarrollar con la misma velocidad nuevos esquemas de cooperación nacional e internacional; los nuevos modelos educativos, comienzan a complementar programas específicos para enseñar nuevas habilidades a los estudiantes, sobre todo en la incorporación de avances en robótica e Inteligencia Artificial, pero poco se hace desde los planes de estudio para fortalecer el cuidado de las sociedades y sus individuos.

Este parteaguas en el desarrollo tecnológico ha planteado preguntas importantes sobre el estado actual de la gobernanza global. En un primer sentido, es cada vez más frecuente ver cambios en los escenarios políticos locales con sociedades en las que los votantes buscan “recuperar el control” de las manos de las “fuerzas globales” (neoliberales), pero en realidad, el gran reto es la restauración de la soberanía en un mundo que necesita un ambiente de absoluta cooperación.

Por un lado, se debería considerar que, en lugar de fortalecer el neopopulismo, el proteccionismo y los discursos nacionalistas, se debe promover la creación de un nuevo pacto social, que devuelva la seguridad y la confianza al ciudadano para que se desarrolle libremente al interior de su país y eso, pueda permitirle permanecer nuevamente abierto al mundo en general. Al fallar en el establecimiento de un ambiente de desarrollo seguro en lo nacional, la continua desintegración del tejido social provoca el colapso de la democracia, situación que hoy es cada vez más frecuente en diferentes escenarios regionales.

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Los desafíos vinculados a la 4RI están directamente relacionados con la urgencia del replanteamiento de esquemas sustentables y ambientales que respondan a la crisis ecológica actual, fortalecimiento el multipolarismo a pesar de la creciente desigualdad.

Estas condiciones están generando el comienzo de una nueva era de globalización; que únicamente mejorará la condición humana si la gobernanza corporativa, local, nacional e internacional se puede adaptar en tiempo a estos nuevos escenarios.

En este mismo marco, en los últimos años se han fortalecido los esquemas de cooperación público-privada en el mundo. Lo que ha permitido el desarrollo de un crecimiento económico, a partir de las aportaciones del sector privado, favoreciendo los esquemas de inclusión social y sustentabilidad.

A pesar de estos esfuerzos por fortalecer el ámbito público a partir de lo privado, no se ha logrado vencer el paradigma sobre la desigualdad, pues el origen de esta se sigue dando desde el mercado.

Los esquemas de desarrollo en la Cuarta Revolución Industrial llevan a una Cuarta Globalización; en la que se incrementa la competencia al interior de los mercados nacionales de bienes y servicios, capitales y trabajo, y entre los países en cuestión de comercio e inversión, ampliando las brechas de desigualdad y crecimiento.

 

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