Por Eva Fernández Garza*

Los niños de hoy dirigirán nuestros países mañana. La forma en la que vivan sus primeros años impactará su futuro y el de todos nosotros. Si queremos que al crecer se conviertan en adultos con grandes capacidades, debemos actuar desde la primera infancia (de la gestación hasta los 5 años). Esta etapa es determinante para el éxito de las personas: cada experiencia que un niño vive, positiva o negativa, impactará en la formación de su arquitectura cerebral, la base para el desarrollo de habilidades durante el resto de su vida.

Cuando una sociedad invierte en los niños y sus familias, causa un efecto multiplicador de beneficios para las personas y sus comunidades en aspectos como salud, educación, productividad y menores índices de delincuencia. De acuerdo con investigaciones de James Heckman, Premio Nobel de Economía en el año 2000, invertir en los primeros años transforma la vida de los niños e impacta la trayectoria de crecimiento y competitividad de los países, generando retornos de hasta 14% cada año.

En nuestro país, más de 5 millones de niños de entre 0 y 5 años viven en pobreza y alrededor de 1.5 millones de ellos padecen de desnutrición crónica. Enfrentar este tipo de desventajas puede quebrantar su proceso de desarrollo y limitar su movilidad económica y social lo que, a su vez, amenaza el progreso y sostenibilidad de la sociedad. En años recientes, algunas organizaciones en México han comenzado a trabajar para impulsar la primera infancia, pero aún tenemos mucho trabajo por delante.

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Nuestro mayor reto no es saber lo que se debe hacer, si no cómo hacerlo. Hay un rol fundamental que sin duda le corresponde al Estado, pero la responsabilidad es de todos. Necesitamos nuevas maneras de trabajar y articular esfuerzos entre el sector público, privado, la sociedad civil y la academia para maximizar el impacto y poner en marcha proyectos innovadores, con resultados medibles, que luego puedan replicarse y llevarse a una mayor escala.

Si bien el desarrollo infantil temprano (DIT) en los últimos años ha sido objeto de políticas que buscan asegurar una atención integral desde diferentes sectores, la calidad es un reto y los presupuestos públicos en primera infancia aún son bajos. El sector privado representa una oportunidad para catalizar un cambio positivo en favor del DIT impulsando ideas innovadoras que puedan llevarse a gran escala de la mano de los gobiernos.

En una iniciativa sin precedentes, más de 330 organizaciones de la sociedad civil y empresas han logrado, a través del Pacto por la Primera Infancia, que muchos candidatos a puestos de elección popular se sumen y promuevan el DIT durante su gestión. El Pacto continuará trabajando para apoyarlos en el cumplimiento de estos compromisos durante los próximos años.

Las empresas juegan un rol fundamental en el desarrollo de los países y dependen de su gente para lograrlo. La mejor inversión que pueden hacer es en la niñez y promover el DIT con sus colaboradores generará grandes beneficios. Estudios desarrollados por organizaciones como Workforce Consulting y American Business Collaboration han demostrado que, cuando los colaboradores reciben apoyo de sus empleadores para criar a sus hijos, su satisfacción laboral, lealtad y productividad incrementan. Por ejemplo, según estos estudios, 93% de los colaboradores que reciben acompañamiento y tienen acceso a servicios de cuidado infantil por parte de la empresa cumplen con sus metas en el trabajo.

México está pasando por tiempos complejos, pero si en algo coincidimos es en que todos queremos vivir en un país justo y con mejores oportunidades. Los retos son grandes pero las posibilidades de trascenderlos son aún mayores si invertimos de manera oportuna en nuestro recurso más preciado: los niños.

*Gerente de Desarrollo Infantil Temprano de Fundación FEMSA

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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