Desde su creación en 1990, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) se ha forjado como un contrapeso al gobierno en turno, para hacerle señalamientos y recomendaciones en la materia; por ello la importancia en que mantenga su imparcialidad y autonomía, coincidieron exconsejeras de este organismo.

Luego de la polémica toma de protesta de Rosario Piedra Ibarra en el Senado como ombudsperson, cinco miembros del Consejo Consultivo de la CNDH renunciaron a su cargo, con el argumento de que se violó la constitución y la autonomía del organismo por la relación entre su nueva titular y el ejecutivo.

30 años de trabajo “a la basura”

En México costó mucho trabajo forjar una institución que pudiera plantar cara al Estado de manera institucional ante sus omisiones, aseguró María Ampudia González, exconsejera del organismo.

Desde la creación de la CNDH en 1990, el gobierno tardó ocho años en vencer la desconfianza para “lograr las condiciones idóneas establecidas en los principios de París, en materia de autonomía técnica”, refirió.

Indicó que a los largo de 30 años se han encargado de “defender los derechos humanos contra los abusos del Estado”, por ello la necesidad de un “contrapeso efectivo para la gran concentración de poder que hoy tiene el partido en turno”.

“La comisión necesita tener la suficiente distancia para hacerle ver al ejecutivo lo que su gobierno está haciendo evidentemente mal”, sentenció.

Las descalificaciones

“Desde que inicio del sexenio de López Obrador hubo una serie de descalificaciones a la Comisión, después comenzaron a ser más recurrentes, pero esperamos y seguimos trabajando”, detalló Olga Noriega Sáenz, quien también renunció al consejo de la CNDH, en entrevista para Forbes México.

Hay argumentos falaces, parciales y muy retóricos que “hablan de la ineficacia de la institución”, “que hay que destruirla, reedificarla o achicarla”, pero “no me parece que sea una institución ineficaz” con los siguientes números, refirió Ampudia González.

“(Durante 2018) se atendieron a 148 mil personas cara a cara, la comisión tiene una plantilla de dos mil personas. No es defender un edificio, sino a 2,000 ciudadanos que han dado su vida por defender los derechos humanos”, explicó.

Ahora, la CNDH entrará en una “nueva etapa”, la cual se regirá bajo el precepto de austeridad, el cual ha impulsado López Obrador. En el organismo nadie ganará más que el presidente, sólo se aprobarán los viáticos necesarios y se reducirán gastos, explicó Piedra Ibarra en su primera conferencia de prensa como titular de la institución.

Cuestionamientos a Rosario

A pesar de que Rosario Piedra Ibarra subrayó no haber mentido al Senado sobre haber sido parte del Consejo Nacional de Morena durante el proceso de elección para encabezar la CNDH, algunas exconsejeras defienden lo contrario, ya que aseguran se violó la ley del organismo y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

De acuerdo con Noriega Sáenz, hubo una falta al artículo 9 fracción IV de la Ley de la CNDH, la cual especifica “no desempeñar, ni haber desempeñado cargo de dirección nacional o estatal, en algún partido político en el año anterior a su designación”.

“Con la llegada de Rosario no podíamos continuar, no habían condiciones legales ni éticas para seguir como consejeras de la comisión”, reveló.

Se necesita autoridad moral e independencia para ese cargo, porque implica tener mucha empatía con las víctimas; además se requiere “haber llegado a ese puesto a través de un procedimiento que no deje ninguna duda de que esa persona cumple todas las cualidades”, expresó Mariclaire Acosta Urquidi, exconsejera de la comisión.

“(Rosario) tiene una trayectoria de luchadora social muy fundamental, que es la de los desaparecidos, pero llegó al cargo con un proceso donde hubo prácticas fraudulentas, donde se violó la ley y descubrimos que mintió”, subrayó.

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La deuda pendiente

En materia de derechos humanos, México “no había estado tan mal como lo está ahorita; no es achacable al gobierno de López Obrador”, ya que ha sido un estado de descomposición a lo largo de tantos sexenios, refirió Noriega Sáenz.

Pero “teníamos la esperanza de que con López Obrador la situación iba a cambiar, se iba a hacer un proyecto diferente a la situación de seguridad pública y respeto a los derechos humanos”, afirmó.

No hay un proyecto claro, ni una estrategia de seguridad; “todo esto nos hace pensar que entre más violencia haya, las violaciones a los derechos humanos subirán”, sentenció.

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