Reuters.- El príncipe Enrique y su novia, la actriz estadounidense Meghan Markle, se casaron este sábado en una deslumbrante ceremonia que mezcló el antiguo ritual inglés con la cultura afroamericana, ante los ojos de la realeza, personalidades del espectáculo y una audiencia televisiva de millones de personas.

La unión de Enrique, el sexto en línea de sucesión al trono británico, y la actriz, una divorciada cuya madre es afroamericana y su padre es blanco, trajo algo de modernidad, glamour y diversidad a la monarquía.

Después de entrar a la capilla de San Jorge sin escolta, la protagonista de la serie televisiva “Suits” -con un largo vestido de blanco inmaculado diseñado por Clare Waight Keller- caminó hasta el centro de la capilla del siglo XV en el castillo de Windsor. Allí se encontró con el príncipe Carlos, heredero al trono, que la acompañó hasta su hijo Enrique.

Tras intercambiar votos de amor y cariño “hasta que la muerte nos separe”, Enrique, de 33 años y sexto en línea de sucesión al trono británico, colocó un anillo de oro galés en el dedo de Markle ante una congregación que incluyó a la reina Isabel, la realeza y numerosas personalidades del espectáculo, incluida la presentadora y magnate de los medios de comunicación estadounidense Oprah Winfrey.

“En presencia de Dios, y ante esta congregación, Enrique y Meghan han dado su consentimiento y hecho sus votos matrimoniales el uno con el otro”, declaró el arzobispo de Canterbury, Justin Welby.

“Han declarado su matrimonio al unir sus manos y al dar y recibir anillos. Por lo tanto, proclamo que son marido y mujer”.

El matrimonio incorpora a Markle, tres años mayor que Enrique y nacida Los Ángeles, en una de las más importantes familias reales del mundo.

Si bien la ceremonia mantuvo las tradiciones de una monarquía cuya historia se remonta a 1066, Markle trajo un halo de modernidad. Para empezar, no juró obedecer a su esposo.

Enrique, a diferencia de otros miembros de la realeza masculina, llevará un anillo de bodas y un obispo episcopalista negro de Estados Unidos, Michael Bruce Curry, pronunció un apasionado discurso nupcial en el que citó al líder negro de los derechos civiles de Estados Unidos, Martin Luther King.

“Cuando el amor es el camino, en realidad nos tratamos como si fuéramos realmente parientes”, dijo.

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Decenas de miles de curiosos y entusiastas monárquicos flanquearon el recorrido de la limusina Rolls-Royce en la que Markle llegó el castillo, ondeando banderas británicas y llorando mientras el vehículo pasaba con la novia y su madre.

Los controladores de tráfico aéreo del cercano aeropuerto de Heathrow, uno de los más activos del mundo, dijeron que el espacio aéreo sobre Windsor estuvo cerrado durante 15 minutos antes de la ceremonia.

La pareja se besó en la escalinata de la capilla cuando salieron a la luz del sol después de la ceremonia, deleitando a grandes multitudes que habían llegado hasta la elegante ciudad para presenciar el espectáculo de pompa y esplendor británico.

El duque y la duquesa de Sussex, recién investidos por la Reina Isabel, subieron a un carruaje para una gira por Windsor, donde fueron vitoreados por un mar de admiradores en toda la ruta.

 

Sol y piel de oso

En el exterior, una banda militar con uniformes escarlata y sombreros de piel de oso entretenía a miles de curiosos y entusiastas que se congregaron detrás de las vallas, bajo un cielo despejado y un sol resplandeciente. Para la ceremonia se ha montado un importante despliegue de medidas de seguridad que incluye policía armada con rifles semiautomáticos patrullando las calles y agentes en los tejados.

Antes de la ceremonia, llegó a la iglesia todo un elenco de famosos. Entre ellos, la tenista Serena Williams, el músico Elton John, el exjugador de fútbol David Beckham con su esposa Victoria, excantante de las Spice Girls y ahora diseñadora de moda; el actor George Clooney con su esposa, la abogada británica Amal, y otros grandes nombres del mundo del espectáculo y el deporte.

La capilla estuvo adornada con rosas blancas, la flores favoritas de la difunta madre de Enrique, la princesa Diana.

“Es un momento en el que todos podemos celebrar el renacimiento de la familia real”, dijo Kenny McKinlay, de 60 años, que viajó desde Escocia para la boda. “Es un momento en el que toda la nación puede unirse en lugar de dividirse. Es un día en que puedes estar orgulloso de ser británico”.

El lugar en el que tuvo lugar el enlace de la pareja -que se conoció en una cita a ciegas en 2016 y se enamoró en una carpa bajo las estrellas en Botswana- es la capilla de San Jorge, del siglo XV, en el Castillo de Windsor, hogar de 39 monarcas ingleses desde 1066.

Para algunos británicos, la boda de un miembro de la familia real con una divorciada cuya madre es afroamericana y su padre es blanco encarna un país moderno en el que la raza o los antecedentes no son obstáculo, incluso en las instituciones más elitistas y tradicionales.

Para otros, se trata de un evento irrelevante o una distracción del cisma del Brexit, que ha dividido profundamente al Reino Unido; las encuestas sugieren que la mayoría de los británicos no verá la ceremonia por televisión.

En los últimos días, la atención había estado en parte en la anunciada ausencia del padre de Markle, Thomas Markle, de 73 años.

El exdirector de iluminación de telenovelas y comedias de televisión renunció a asistir esta semana y le dijo al sitio web de celebridades de Estados Unidos TMZ que se había sometido a una operación de corazón el miércoles.

La confusión sobre su asistencia aguó los preparativos para la boda, que había sido coreografiada durante meses.

 

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