Hace algunos meses, di cuenta en este espacio que Amazon decidió construir su segundo corporativo en las áreas metropolitanas de Washington D.C.-Virginia, Nueva York y Nashville-, donde habrá un complejo menor. Sin embargo, luego de semanas de intensas negociaciones, activismo y polarización, Amazon decidió cancelar el proyecto.

El análisis de esta narrativa permite encontrar valiosas lecciones alrededor de estos megaproyectos, por lo que vale la pena preguntarse: ¿Cómo se llegó a dicha situación? ¿Quién ganó y perdió? ¿Qué se puede aprender del proceso?

Polarización en tiempos de desigualdad

Nueva York, como la mayoría de las zonas metropolitanas de alto desarrollo, tiene prácticamente dos economías: una que funciona a alta velocidad y otra que lo hace a baja velocidad. A nivel espacial, mientras una se ha movido frenéticamente para la creación de riqueza a partir de los servicios financieros, el turismo y la capacidad tecnológica, hay territorios en la periferia que han sido testigos del desplazamiento de la clase media por la híper-gentrificación.

Amazon había elegido Long Island City, en el barrio de Queens, un distrito con ingresos medios de 15,843 dólares anuales (unos 10 mil dólares menos que la línea de pobreza) y prometió generar unos 25 mil empleos directos que pagarían unos 100 mil dólares en promedio, así como unos 15 mil empleos indirectos. A cambio, Amazon recibiría incentivos fiscales por unos 3 mil millones de dólares; el proceso fue percibido como una subasta entre más de doscientas ciudades compitiendo por condonar más impuestos.

A los pocos días del anuncio, diferentes políticos locales tiraron del manual del populismo anti-plutocrático, que pone a las grandes compañías y los billonarios bajo un escrutinio riguroso. Amazon priorizó únicamente las reuniones con los funcionarios electos y omitió hacer caso a las preocupaciones legítimas de los vecinos.

La gota que derramó el vaso fue la proyección de un helipuerto, que inmediatamente puso en el imaginario colectivo la imagen de Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, esquivando el tráfico neoyorquino en las aspas de su helicóptero. El helipuerto se convirtió en el símbolo de la arrogancia y la opulencia corporativa.

Algunos políticos lo leyeron muy bien, pues mientras el gobernador Cuomo y el alcalde De Blasio buscaban avanzar en el proyecto, los legisladores Ocasio-Cortez y Gianaris tomaron el control de la narrativa: donde antes había grupos aislados y desorganizados, apareció un mensaje unificado, apuntando a la avaricia corporativa y la explotación de los trabajadores.

Como en otros megaproyectos, las encuestas revelaron que la mayor parte de la región estaba de acuerdo con la llegada de HQ2, los vecinos inmediatos no lo estaban, y la narrativa más ruidosa terminó dominando la escena.

Igualmente, hubo debate –si bien, superficial– sobre el modelo de hace décadas de atracción de inversión por condonación de impuestos y los procesos de gentrificación sobre la población local, en permanente riesgo de desplazamiento. También se discutió sobre el modelo neoliberal –basado en privatizaciones, gobiernos pequeños, desregulaciones y austeridad fiscal– que ha seguido la ciudad y que Cuomo y De Blasio han tratado de cambiar.

Finalmente, Amazon canceló el proyecto, aduciendo que “un número de políticos estatales y locales han dejado claro que se oponen a nuestra presencia y que no trabajarán con nosotros para construir el tipo de relaciones que se requieren para avanzar con el proyecto”. La respuesta del alcalde De Blasio fue más dramática: “le dimos la oportunidad a Amazon de ser un buen vecino y hacer negocio con la mejor ciudad del mundo. En vez de trabajar con la comunidad, Amazon tiró la oportunidad”.

Perdedores y ganadores de la decisión

Luego de la cancelación del proyecto, que derivó en júbilo por parte de los activistas, se pueden identificar los siguientes perdedores, cuando las aguas retomen su cauce:

  • Especuladores de bienes raíces. Es un gran grupo de empresas y brokers que, al día siguiente del anuncio de que HQ2 iría a NY, ya estaban inflando los precios de las propiedades y planeando proyectos más financieros que de vivienda.
  • La compañía. Acostumbrada a doblegar a sus contrapartes, quedó como arrogante y berrinchuda. Además, terminó culpando a las otras partes, pero obvió los errores propios.
  • Los vecinos. Aunque aún hay habitantes de Long Island City celebrando por la decisión, hay vecinos que subrayan que actualmente ni el gobierno ni ninguna empresa han puesto sobre la mesa un proyecto que genere siquiera 500 empleos. Tampoco hay presupuesto adicional para aumentar inversiones en educación local, transporte, seguridad social, entre otros requerimientos específicos por la presencia de Amazon.
  • Políticos en la operación. Tanto el alcalde como el gobernador tienen un discurso beligerante contra la empresa, alejado de sus elogios desmedidos cuando presumían los futuros beneficios. Sobre los políticos que ejercieron de activistas, el tiempo dirá en qué forma y cuánto valor económico crearán a sus representados.
  • Nueva York. La ciudad no necesita de Amazon para seguir creciendo, pero por primera vez en muchos años, perdió prestigio ante los inversionistas, quienes ahora no la consideran amigable para hacer negocio e invertir como antes la veían.

Los únicos ganadores de la decisión son las ciudades donde ya opera Amazon, ya que será en ellas donde la compañía distribuya los empleos que iba a crear en NY. Esto será positivo a nivel nacional, ya que habrá menor aglomeración en un solo lugar de la fuerza de trabajo de Amazon. El crecimiento económico será mejor distribuido y los empleos llegarán a trabajadores que no se encontraban en ciudades ya de por sí desarrolladas.

Hemos visto que las cancelaciones de grandes proyectos –corporativos, aeropuertos, entre otras- por enroque de los sectores público y privado pueden dejar más perdedores que ganadores, y que ocurren tanto en países en desarrollo como en países desarrollados. En general, estas medidas llegan cargadas de polarización y soberbia entre las partes, quienes prefieren enconarse y operar con machete, en lugar de buscar formas de reconducir los proyectos a buen puerto y corregir las fallas. En la segunda parte de este texto, presentaremos las lecciones que deja este caso para prevenir la destrucción de valor.

 

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